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	<title>Parroquia Viva&#187; José Carlos</title>
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	<description>Parroquia Purísima Concepción de Fuente Palmera - Córdoba</description>
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		<title>Testimonio de los seminaristas</title>
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		<pubDate>Tue, 25 May 2010 20:41:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[pastoral]]></category>
		<category><![CDATA[seminaristas]]></category>
		<category><![CDATA[testimonio]]></category>
		<category><![CDATA[vocacion]]></category>

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		<description><![CDATA[Muy querida parroquia de Fuente Palmera y aldeas de la Colonia: Somos los seminaristas Manuel González y Manuel Jiménez. Hoy es 23 de mayo, día de Pentecostés, último día que estamos aquí de pastoral; ya que, como ustedes saben, cada inicio de curso nos mandan a una parroquia, para allí ayudar a los sacerdotes y, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Muy querida parroquia de Fuente Palmera y aldeas de la Colonia:</p>
<p style="text-align: justify;">Somos los seminaristas Manuel González y Manuel Jiménez. Hoy es 23 de mayo, día de Pentecostés, último día que estamos aquí de pastoral; ya que, como ustedes saben, cada inicio de curso nos mandan a una parroquia, para allí ayudar a los sacerdotes y, así, ir tomando contacto con el ministerio al que el Señor nos ha llamado.</p>
<p style="text-align: justify;">Ayer, sábado, nos pidieron Don Patricio y Don José Carlos que compartiésemos nuestro testimonio en este año de pastoral en Fuente Palmera.</p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar queremos agradeceros a todos la acogida que nos habéis dado. En ningún momento nos hemos sentido extraños entre vosotros; al contrario, desde el principio nos hemos sentido acogidos y queridos por todos: sacerdotes, hermanas salesianas, catequistas, colaboradores de la parroquia, representantes de las cofradías, monaguillos y otros muchos que realizan una labor silenciosa, pero muy eficaz.</p>
<p style="text-align: justify;">Más que dar nuestro testimonio, queremos constatar, con estas letras, el testimonio que de vosotros hemos recibido: el amor creciente que esta parroquia tiene a la Eucaristía, la devoción que profesa a nuestra Madre la Purísima  Virgen María, la convicción de muchos de los fieles de que el sacramento de la Penitencia es sacramento de misericordia y de salvación.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra de las tareas con la que hemos disfrutado mucho ha sido con la administración de la Comunión a los enfermos; estos enfermos son un tesoro para la Colonia, ya que su oración y su sacrificio son recibidos por el Señor como incienso agradable que se eleva a su presencia, y que es gran prueba de la fe de este pueblo.</p>
<p style="text-align: justify;">También queremos agradecer el cuidado que habéis tenido para con nosotros en todo momento, en especial en la Semana Santa; el cansancio que conlleva la actividad pastoral es recompensado por Dios, y aliviado por vuestras atenciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Animaros a que sigáis rezando por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que son un regalo de Dios a los hombres. Pidámosle que toque el corazón de muchos jóvenes para que les sirvan en el altar, en la atención a los más necesitados y en la oración constante por su pueblo. En particular os invitamos a continuar rezando por Jesús María; él, como todos los seminaristas de Córdoba, necesita de vuestra oración.</p>
<p style="text-align: justify;">Por último, le damos gracias a Dios por el don de la Adoración Nocturna. Es más fácil un sábado por la noche quedarnos en casa descansando o salir de paseo con los amigos; es más fácil. Pero ¡Cuánto le tiene que agradar a Jesús esas almas que renuncian a esos placeres para postrarse a sus pies y estar un rato con Él! ¡Cuánto tiene que aliviar su corazón! ¡Cuántas almas se estarán salvando, que no conocemos, por ese esfuerzo que se realiza por amor! Le damos gracias al Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya nos despedimos, les llevamos en nuestro corazón, y rogamos que esta “<em>Parroquiaviva</em>” no deje de encomendarnos a nuestra Madre Purísima.</p>
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		<title>El celibato no es intocable</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 14:34:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de difusión]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[celibato]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[sacerdocio]]></category>

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		<description><![CDATA[Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas VER Tal es la afirmación que hizo en Barcelona el Cardenal Tarcisio Bertone, el colaborador más cercano del Papa Benedicto XVI, en una entrevista a un diario local. También dijo que el celibato es &#8220;una tradición positiva&#8221;, y que la pederastia clerical no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: justify;">Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas</h3>
<div style="text-align: justify;">
<p><strong>VER</strong></p>
<p>Tal es la afirmación  que hizo en Barcelona el Cardenal Tarcisio Bertone, el colaborador más  cercano del Papa Benedicto XVI, en una entrevista a un diario local.  También dijo que el celibato es &#8220;una tradición positiva&#8221;, y que la  pederastia clerical no tiene una relación &#8220;directa&#8221; con el mismo. En  efecto; el celibato no es un dogma de fe, que lo haría intocable; no es  una imposición arbitraria e inhumana; tampoco es causante de los abusos  de niños por clérigos, pues se dan muchísimos más casos de este delito  en las familias y por parte de personas casadas.</p>
<p>Comentaristas  ignorantes de la vida de la Iglesia, pero que presumen y alardean como  si supieran, de inmediato dijeron que se abría una puerta para acabar  con el celibato obligatorio para los sacerdotes. Otros repitieron lo que  siempre dicen: que el celibato es antinatural, que es una aberración  contra la naturaleza, que es imposible de vivir, que es un control  eclesial para tener poder y dinero, etc. ¡Cuánta insensatez! Como ellos  no viven ni siquiera castos, se imaginan que este estilo de vida no es  humano. Como para ellos el libertinaje sexual es su norma de vida y no  pueden vivir sin goces genitales de cualquier tipo, se burlan de quienes  hemos hecho del celibato una opción gozosa y fecunda. El hecho de que  haya fallas, no justifica su abolición. Es como si, por el hecho de que  muchos esposos y esposas son infieles, por ello habría que eliminar la  unidad y la indisolubilidad del matrimonio&#8230; O pedir que, porque muchos  se emborrachan, se drogan, mienten y roban, por ello fueran legítimos  estos excesos&#8230; Nada más absurdo.</p>
<p><strong>JUZGAR</strong></p>
<p>El  celibato sacerdotal no es una cadena, sino un don, una gracia, un  carisma que no a todos se concede, un llamado de Dios, una vocación, a  la que respondemos libremente si queremos; quien no quiere, o no puede  mantenerse casto, o no descubre signos de ser llamado a este estilo de  vida, no se compromete a vivir célibe. Es una libre opción de vida,  inspirada en el modelo que escogió Jesús para sí y que recomendó  vivamente. La Iglesia latina, por una experiencia sostenida por el  Espíritu Santo, pide para el sacerdocio hombres consagrados en su  totalidad a este ministerio. Sin embargo, como Jesús advirtió, &#8220;no todos  entienden esto, sino solamente aquellos a quienes se ha concedido&#8221; (Mt  19,11).</p>
<p>El Concilio Vaticano II, que marca el sendero por el que  el Espíritu sigue guiando a su Iglesia, expresó: &#8220;La perfecta y  perpetua continencia por amor del reino de los cielos, recomendada por  Cristo Señor, aceptada de buen grado y laudablemente guardada en el  decurso del tiempo y aún en nuestros días por no pocos fieles, ha sido  siempre altamente estimada por la Iglesia de manera especial para la  vida sacerdotal. Ella es, en efecto, signo y estímulo al mismo tiempo de  la caridad pastoral y fuente particular de fecundidad espiritual en el  mundo. No se exige, ciertamente, por la naturaleza misma del sacerdocio,  como aparece en la práctica de la Iglesia primitiva y por la tradición  de las iglesias orientales&#8230; El celibato, empero, está en múltiple  armonía con el sacerdocio&#8230; Por el celibato guardado por amor del reino  de los cielos, se consagran los presbíteros de nueva y excelente manera  a Cristo, se unen más fácilmente a El con corazón indiviso, se entregan  más libremente, en El y por El, al servicio de Dios y de los hombres,  sirven más expeditamente a su reino y a la obra de la regeneración  sobrenatural y se hacen más aptos para recibir más dilatada paternidad  en Cristo&#8221; (PO 16).</p>
<p><strong>ACTUAR</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¡No es fácil mantenerse  célibes, en este mundo tan erotizado en que vivimos! Por ello, la  comunidad debe ayudarnos a vivir nuestra vocación, y corregirnos, si nos  desviamos. Los presbíteros han de ser prudentes, vigilantes, orar mucho  y no dejarse engullir por el medio ambiente. Dice el Concilio: &#8220;Cuanto  más imposible se juzga por no pocos la perfecta continencia en el mundo  del tiempo actual, tanto más humilde y perseverantemente pedirán los  presbíteros, a una con la Iglesia, la gracia de la fidelidad, que nunca  se niega a los que la piden, empleando al mismo tiempo todos los  subsidios sobrenaturales y naturales, que están al alcance de todos. No  dejen de seguir, señaladamente, las normas ascéticas que están probadas  por la experiencia de la Iglesia, y que no son menos necesarias en el  mundo actual&#8221; (Ib).</p>
<p style="text-align: justify;">TOMADO DE <a href="http://www.zenit.org" target="_blank">ZENIT</a></p>
</div>
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		<title>Ya estoy harto</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Apr 2010 10:20:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Boletin parroquial]]></category>

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		<description><![CDATA[En estas últimas semanas todos hemos sido informados sobreabundantemente acerca de presuntos delitos cometidos por sacerdotes o religiosos. Ha quedado suficientemente clara la intencionalidad de aquellos medios que han recabado dichas informaciones. Todos hemos sufrido con y por esas críticas que se han levantado contra la Iglesia, y por ende, contra todos los que formamos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En estas últimas semanas todos hemos sido informados sobreabundantemente acerca de presuntos delitos cometidos por sacerdotes o religiosos. Ha quedado suficientemente clara la intencionalidad de aquellos medios que han recabado dichas informaciones. Todos hemos sufrido con y por esas críticas que se han levantado contra la Iglesia, y por ende, contra todos los que formamos parte de ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Ha servido todo esto para volver a poner en tela de juicio distintos aspectos de nuestra fe y tradiciones, reavivando los mismos argumentos que siempre han sido piedra de tropiezo para algunos.</p>
<p style="text-align: justify;">A raíz de todo este enjambre de noticias y críticas, retornan al pensamiento y a los labios de muchos las mismas acusaciones que en un sin fin de ocasiones la Iglesia ha sufrido, y en concreto nosotros, en Fuente Palmera, hemos recibido también: que si las riquezas de la Iglesia&#8230;, que si la dictadura de los curas&#8230;, que si el machismo de la Iglesia&#8230;, que si son unos reprimidos&#8230;, que muchos golpes de pecho pero luego&#8230;, y toda una sarta de demostraciones por parte de aquellos que se mantienen a distancia de los cristianos con la intención de dejarnos en ridículo, calificándonos, en la mayoría de ocasiones, de retrógrados, incultos, timoratos, llenos de cerrazón, intolerantes, extremistas&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, como diría un amigo mío: “Lo siento, pero tengo que decirlo”. No, no voy a quedarme callado, y lo primero que quiero decir es que ya estoy harto. Sí, como lo leéis, estoy harto.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, esperad, primero quiero aclarar las distintas acepciones de ese estar “harto”. En primer lugar, se define como estar fastidiado o cansado. También hace referencia este término a sentirse saciado, incluso sobrado, sobrepasado, o hasta verse superado.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora sí, creo que podéis entender bien por qué digo estar harto. ¿O puede que no? Me parece que todavía no, porque quizá muchos de vosotros creáis que me siento vencido por las críticas que recibimos, o que el cansancio viene de no ser capaz de recibirlas, puede que ese verse sobrado o superado para la mayoría tenga que ver por la avalancha de críticas o chismes que se difunden no sólo en los medios de comunicación, sino en muchos otros sitios, aquí, en la colonia, lugares que bien conocéis (la plaza, peluquerías, pescaderías, carnicerías, bares, cafeterías, y todos esos puntos de información pública de a pie de calle en los que vuelan las noticias).</p>
<p style="text-align: justify;">¡Cuidado! Jamás me habréis oído decir nada semejante. Nunca me habréis visto apenado porque me critiquen ni a mí ni a la Iglesia (“estad alegres y contentos”, dice el Señor). No, por eso no estoy harto. No estoy cansado de escuchar cómo insultan y ridiculizan a tantos cristianos. No señor. Eso no me fastidia. Eso hace que me sienta orgulloso, porque es señal de que van bien las cosas (“si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado primero”, dijo Cristo a sus apóstoles).</p>
<p style="text-align: justify;">El motivo del cansancio, del verme sobrepasado, el sentirme superado es, en primer lugar, el que todas esas personas que se posicionan contra la  Iglesia o contra los cristianos, lo hayan hecho por mi culpa, por no haber visto en mí al cristiano que debieran, por haber impedido que vieran en mi vida a Cristo, eso es lo que me duele, eso es lo que en verdad me preocupa. Por ello pido perdón.</p>
<p style="text-align: justify;">Me hace sufrir, y mucho, en segundo lugar, que aquellos a los que Dios ha llamado a la Iglesia vivan en la tibieza, con un pie dentro y otro fuera, dando lugar con ello a que aquellos que nos ven nos critiquen con razón, porque nuestra vida no se diferencia en nada respecto de los que no creen en Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Y me duele profundamente, en tercer lugar, aquellos que llamándose a sí mismos cristianos, traicionan frecuentemente a Cristo. Aquellos que dicen que creen, pero su vida es totalmente contraria a la Fe. Aquellos que a sabiendas rechazan los sacramentos, la oración, las obras de misericordia, escogiendo únicamente aquellos aspectos que les interesan porque en último término repercuten no para gloria de Dios, sino para la suya propia, viviendo henchidos de sí mismos, arrogándose el privilegio de un nombre que ni merecen, ni realmente tienen.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, desde estas líneas, exhorto a todos aquellos que lean esto a hacer lo que yo mismo he hecho al escribirlo. Algo tan sencillo como comenzar rezando un Padre nuestro y un Ave María, pidiendo varias cosas a Dios: la gracia de la conversión, la santidad, en primer lugar para uno mismo, también para todos los cristianos; y por último, para aquellos que hablan mal de nosotros, que Dios los colme de bendiciones, porque nos están dando la oportunidad de crecer como cristianos, imitando al mismo Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Para todos, Paz y Bien.</p>
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		<title>Via Crucis en el Villar</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Apr 2010 11:12:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de difusión]]></category>
		<category><![CDATA[oración]]></category>
		<category><![CDATA[via crucis]]></category>

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		<description><![CDATA[Escrito por el grupo de adultos En nuestra aldea, llamada El Villar, el 26 de marzo, el &#8220;viernes de Dolores&#8221; como es costumbre desde hace varios años, vamos sacando a nuestro Cristo del Perdón, en Via Crucis. Iniciamos el recorrido desde la Iglesia, nos acompañaron poquita gente al principio. Nos acompañaron los niños que estaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><span style="font-size: large;">Escrito por el grupo de adultos</span></p>
<p style="text-align: justify;">En nuestra aldea, llamada El Villar, el 26 de marzo, el &#8220;viernes de Dolores&#8221; como es costumbre desde hace varios años, vamos sacando a nuestro Cristo del Perdón, en Via Crucis.</p>
<p style="text-align: justify;">Iniciamos el recorrido desde la Iglesia, nos acompañaron poquita gente al principio. Nos acompañaron los niños que estaban dando catequesis en la Iglesia. Acompañados de D. Patricio, con dos monaguillos (Jesús y Raul), que tienen mucha fe en Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Empezamos las estaciones:</p>
<p style="text-align: justify;">1ª estación, Jesús en el huerto de los olivos.</p>
<p style="text-align: justify;">2ª estación, Jesús es detenido y traicionado por Judas.</p>
<p style="text-align: justify;">3ª estación, Jesús es condenado.</p>
<p style="text-align: justify;">4ª estación, Jesús es negado por Pedro.</p>
<p style="text-align: justify;">5ª estación, Jesús es juzgado por Poncio Pilato.</p>
<p style="text-align: justify;">6ª estación, Jesús es azotado y coronado de espinas.</p>
<p style="text-align: justify;">7ª estación, Jesús es cargado con la cruz.</p>
<p style="text-align: justify;">8ª estación, Jesús es ayudado a llevar la cruz.</p>
<p style="text-align: justify;">9ª estación, Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén.</p>
<p style="text-align: justify;">10ª estación, Jesús es crucificado.</p>
<p style="text-align: justify;">11ª estación, Jesús promete su reino al buen ladrón.</p>
<p style="text-align: justify;">12ª estación, Jesús, en la cruz, la madre y el hijo.</p>
<p style="text-align: justify;">13ª estación, Jesús muere en la cruz.</p>
<p style="text-align: justify;">14ª estación, Jesús es colocado en el sepulcro.</p>
<p style="text-align: justify;">En cada estación Ana y Uchi leían las estaciones y rezamos el Padrenuestro. Mientras íbamos con nuestro Cristo del Perdón, cantábamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Al llegar a la iglesia lo cogieron y le dimos a nuestro Cristo del Perdón un beso en la rodilla.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>1ª homilia de D. Demetrio</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Mar 2010 13:11:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[catedral]]></category>
		<category><![CDATA[homilia]]></category>
		<category><![CDATA[obispo]]></category>

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		<description><![CDATA[Sencillamente, genial&#8230; Desde Fuente Palmera (que estuvo presente en la celebración) los cristianos de la colonia damos gracias al Señor por el nuevo pastor que nos ha enviado, asegurando nuestra oración por su persona y ministerio. Leer noticia en  la página web del Obispado de Córdoba. HOMILÍA MONS. DEMETRIO FERNÁNDEZ Obispo de Córdoba Misa de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Sencillamente, genial&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Desde Fuente Palmera (que estuvo presente en la celebración) los cristianos de la colonia damos gracias al Señor por el nuevo pastor que nos ha enviado, asegurando nuestra oración por su persona y ministerio.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.diocesisdecordoba.com/" target="_blank">Leer noticia en  la página web del Obispado de Córdoba</a>.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>HOMILÍA</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>MONS. DEMETRIO FERNÁNDEZ</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Obispo de Córdoba</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Misa de Inicio del ministerio episcopal y posesión de la diócesis.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">“Aquí estoy, Señor, para hacer  tu voluntad” (S 39,8). Cristo, al entrar en este mundo dijo: Ecce  venio, Aquí estoy, Señor (Hbr  10,9). Se trata al mismo tiempo de una actitud de profunda adoración al Padre, de ofrenda sacrificial de la propia existencia, de disponibilidad total para el cumplimiento de la voluntad de Dios y de profunda solidaridad con todos los hombres, cargando con el pecado del mundo. Nos encontramos en el núcleo de la redención, en el corazón de Cristo sacerdote, donde él pronuncia su Ecce venio. En ese mismo instante, María pronuncia su Fiat: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Cristo y María unidos para siempre. Con esta misma actitud de adoración y de ofrenda, de disponibilidad y de solidaridad, queridos hermanos, quiero iniciar hoy mi servicio episcopal a esta querida diócesis de Córdoba, que el Señor me confía.</p>
<p style="text-align: justify;">Iglesia santa, Esposa de mi Señor crucificado y resucitado, Iglesia universal que caminas y vives en Córdoba. Iglesia implantada en esta tierra en los mismos albores del cristianismo, con una presencia casi bimilenaria, rica en frutos de santidad. Pueblo de Dios reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (LG 4). Asamblea santa, Pueblo sacerdotal. Nadie como tú, Iglesia del Señor, ha producido tantos frutos y de tanta calidad en la historia de esta ciudad y provincia de Córdoba, que se gloría también de otros muchos logros. Iglesia constituida sobre el cimiento de los apóstoles, y en la línea de la sucesión apostólica, presidida por tantos pastores, entre los que destaca el obispo Osio de Córdoba, que tan benéfico influjo ejerció sobre el emperador Constantino para su conversión al cristianismo, que presidió el concilio de Nicea, que patentizó la fórmula cristológica del homoousios, en la lucha contra el arrianismo, y que es venerado como santo en la  Iglesia oriental (¿Por qué no en la occidental?). Iglesia que se ha mantenido fiel en la persecución con el testimonio de sus mártires, san Acisclo y santa Victoria, patronos de la diócesis, san Eulogio y san Pelagio, el beato Bartolomé y tantos mártires y santos de todas las épocas.</p>
<p style="text-align: justify;">Estamos celebrando queridos hermanos una fiesta de Iglesia, engalanada con sus mejores joyas para nuestro Señor Jesucristo, “como una novia se engalana para su esposo” (Ap 21,2). Y nos encontramos en esta santa Iglesia Catedral de Córdoba, síntesis de la historia y de la cultura de nuestra ciudad. En este lugar confluye la antigua basílica tardoromana de san Vicente -el oscense diácono de san Valero y martirizado en Valencia a finales del siglo III-, la catedral visigótica en los siglos VII y VIII, sobre la cual fue construida la mezquita Aljama de la época califal, expresión del esplendor musulmán en Córdoba. Aquella mezquita fue consagrada más tarde como catedral cristiana en el siglo XIII (hace 8 siglos ya!), después de la reconquista llevada a cabo por Fernando III el Santo en 1236, y por último la construcción de los siglos XV, XVI y siguientes de esta hermosa catedral, que incluye todas las construcciones anteriores y convierte la casa de Dios en el lugar más emblemático de Córdoba.</p>
<p style="text-align: justify;">Permitidme un paréntesis en relación con el lugar que nos acoge. Teniendo presente la historia de este lugar y siempre abiertos al diálogo interreligioso al que nos impulsa el Concilio Vaticano II (Nostra aetate 3), quiero reafirmar con claridad que no es posible el uso compartido de la  Catedral de Córdoba, porque ni lo consiente la religión musulmana ni cabe en la verdad de la religión cristiana ese uso compartido. Cristianos y musulmanes hemos de juntos en  la paz del mundo y respetarnos mutuamente en la convivencia, tanto en los países de tradición cristiana, como recíprocamente en los países de régimen musulmán, en alguno de los cuales todavía hoy se persigue y se elimina a los cristianos. Que no suceda eso entre nosotros es una exigencia del mandamiento nuevo del amor, que Jesucristo nos ha dado. Pero acceder al tan aireado uso compartido de la Catedral por cristianos y musulmanes no contribuiría a la pacífica convivencia de unos y de otros, y sembraría la confusión propia de un relativismo que no distingue la identidad y la diferencia de cada uno.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvamos a nuestra celebración festiva. En ella aparece más visiblemente la naturaleza de la Iglesia, presidida por sus pastores, entre los cuales un numeroso grupo de cardenales, arzobispos y obispos, a los que saludo con afecto de hermano y a los que agradezco el esfuerzo de haber venido hoy hasta aquí, algunos desde muy lejos (hasta de Cienfuegos-Cuba). Saludo particularmente al Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid, presidente de la  Conferencia Episcopal Española. En la persona del Sr. Nuncio Apostólico, quiero transmitir mi afecto y gratitud al Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, que nos preside en la caridad, y manifestarle mi plena y gozosa adhesión filial, a titulo personal y en nombre de toda la diócesis de Córdoba.</p>
<p style="text-align: justify;">He aquí un numeroso grupo de presbíteros, estrechos colaboradores del obispo, provenientes de este presbiterio de Córdoba y de otras diócesis cercanas y lejanas geográficamente: Tarazona, Toledo, Palencia, etc. Queridos sacerdotes, cuánta generosidad se esconde en vuestro ministerio. Vosotros lleváis el peso del día y el calor de la jornada en el trabajo pastoral cotidiano de una diócesis. Que este Año sacerdotal os lance a cada uno definitivamente por los caminos de la santidad, al estilo del santo Cura de Ars. Y junto a ellos los diáconos y los seminaristas que se preparan para el sacerdocio ministerial. Queridos seminaristas, los de Córdoba y los de Tarazona. En este día del Seminario toda la  Iglesia os mira con enorme esperanza, también el nuevo obispo. Verdaderamente el ser sacerdote es una vida apasionante. Vivid con gozo vuestra vocación, porque siendo fieles al Señor, haréis un gran bien a la humanidad desde vuestro futuro ministerio.</p>
<p style="text-align: justify;">Están los consagrados al Señor en las distintas y ricas formas de vida consagrada en la Iglesia: contemplativos y monjas de clausura, religiosos y religiosas, institutos seculares y sociedades de vida apostólica, vírgenes consagradas. Sois como el mejor perfume de la Iglesia, la esencia del Evangelio que embellece la Casa de Dios. En la virginidad, la obediencia y la pobreza, nos estáis recordando a todos la vida nueva que brota del Resucitado.</p>
<p style="text-align: justify;">Y estáis aquí tantos y tan numerosos cristianos fieles laicos, familias enteras con sus hijos y los abuelos, jóvenes, personas mayores, niños, que hacéis presente a la Iglesia en el mundo de tantas y tan múltiples maneras. Los cordobeses venidos de la ciudad y de la campiña, de la sierra y del alto y bajo Guadalquivir. Ved qué bonita es la Iglesia, y más cuando se reúne festivamente para alabar al Señor e invocar su nombre. No prestéis atención a quienes denigran a la  Iglesia o sacan a  relucir sus trapos sucios para atacarla. La Iglesia es nuestra madre, y aunque sus hijos somos pecadores, ella nos limpia y nos hace hermosos, como una madre embellece a su hijo pequeño, aunque se ensucie muchas veces. Que hermosa es la Iglesia, que de pecadores nos va haciendo santos. Queridos fieles laicos, la Iglesia cuenta con vuestra colaboración para llevar la luz y la sal del Evangelio a un mundo que necesita ser renovado. En el campo de la familia y de la vida, en el campo del trabajo y las relaciones laborales, en el campo de la cultura y en la vida pública. No dejéis que la Iglesia quede encerrada en la sacristía. “Vosotros sois la luz del mundo, vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5,13-14).</p>
<p style="text-align: justify;">Saludo con respeto agradecido a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas de esta nueva diócesis que se me confía. Al Sr. Alcalde de la ciudad de Córdoba, a la Diputación provincial, al subdelegado del Gobierno en Córdoba, a las autoridades de la Junta de Andalucía, (otros)… Vuestra presencia honra a los cordobeses y al nuevo obispo. El nuevo Obispo de Córdoba quiere colaborar desde su ministerio episcopal en todo lo que sea bueno para Córdoba y su provincia. Espero encontrar siempre en vosotros esa recíproca colaboración para el bien común de los ciudadanos, que habitan esta ciudad y provincia y que son católicos en su inmensa mayoría.</p>
<p style="text-align: justify;">La Iglesia no busca privilegios, sólo quiere libertad para ejercer la misión que desde hace siglos viene enriqueciendo a la sociedad de múltiples maneras. La Iglesia no impone a nadie su forma de pensar –la fe no se impone, sino que se propone. La Iglesia sabe convivir en medio de una sociedad plural, respetando a todos sus ciudadanos, porque es experta en humanidad. Pero la  Iglesia, pastores y fieles, no puede dejar de proclamar la verdad de Dios que salva al hombre, la verdad del Evangelio, por el que han dado su vida miles y miles de santos y de mártires en su historia bimilenaria, también en nuestro suelo. En temas siempre actuales como el matrimonio y la vida humana, la educación, la libertad de conciencia, la justicia y los derechos humanos, etc. Por ejemplo, la  Iglesia no puede dejar de recordar que la vida es un don de Dios y que nadie puede suprimirla directamente, y menos aún en el seno materno, por ningún motivo, y que en la etapa terminal, la vida y la muerte es digna si se respeta y se mima a la persona hasta su último suspiro. No podemos callar sobre estos temas tan delicados y que afectan al bien del hombre. Si calláramos cediendo al relativismo que nos envuelve o para complacer al auditorio o por miedo a molestar a quienes nos mandan callar, traicionaríamos nuestros más sagrados deberes.</p>
<p style="text-align: justify;">Comienzo esta nueva etapa de mi vida lleno de esperanza y entusiasmo, al llegar a una diócesis tan viva, como es esta diócesis de Córdoba. Queridos cristianos cordobeses: he oído hablar mucho y muy bien de vosotros, sois conocidos en muchos lugares por vuestro buen hacer, por vuestra fidelidad y vuestra comunión eclesial dentro del presbiterio y en toda la diócesis, por vuestro Seminario bien orientado y numeroso, por la presencia significativa de la vida consagrada y sus distintas obras educativas, asistenciales o de apostolado, por la participación abundante de los fieles laicos en las parroquias, en los movimientos eclesiales, en las cofradías y hermandades, por la religiosidad popular, una de cuyas expresiones está en las procesiones de Semana Santa, por el importante trabajo en la pastoral familiar y en la educación afectivo-sexual que desde Córdoba se imparte para toda España, por el instituto superior de ciencias religiosas con 250 alumnos, por  las obras sociales y de caridad que son promovidas desde tantos ámbitos, y especialmente desde Cáritas y Manos Unidas. Por la cooperación misionera, que abre a la diócesis de Córdoba al horizonte ilimitado de la  Iglesia universal.</p>
<p style="text-align: justify;">Sois relicario de san Juan de Avila, herederos de su vida y su doctrina, que hemos de poner en valor cada vez más para beneficio de todos los sacerdotes del mundo. Esperamos su pronta declaración como doctor de la  Iglesia. Montilla está necesitando un impulso notable en esta dirección.</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen, de vosotros, queridos cordobeses, puede decirse lo que con frase certera ha repetido Benedicto XVI: “La Iglesia está viva, la Iglesia es joven, la Iglesia lleva en su seno el futuro de la humanidad”. Otras modas del momento pasarán, estad seguros; la Iglesia, sin embargo, permanecerá.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo eso no ha surgido de repente, sino que es fruto de una historia de salvación, que incluye muchos años de trabajo pastoral, bajo la guía de obispos sabios y prudentes que han regido esta diócesis y han gastado aquí parte de su vida. Por no detenerme en los que ya han muerto y para los que pido un piadoso recuerdo, me alegro de saludar a los presentes: a Mons. Juan José Asenjo, ahora nuestro arzobispo metropolitano de Sevilla, que se va de Córdoba con nostalgia. Y a Mons. Javier Martínez, arzobispo metropolitano de Granada. Uno y otro recuerdan su etapa de Córdoba, como la mejor etapa de su vida pastoral. Así me lo han confesado ellos mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">La diócesis de Córdoba debe ser agradecida con los pastores que nos han precedido y cuyos frutos son bien palpables hoy día. Otros han sembrado con lágrimas, a mí me toca cosechar entre cantares, y todo ello es un fuerte estímulo para seguir sembrando, gastando mi vida por vosotros. Cuento con sus valiosas indicaciones y prudentes consejos.</p>
<p style="text-align: justify;">En estrecha colaboración con el obispo habéis trabajado sacerdotes, laicos y consagrados. Cuento con vosotros en esta nueva etapa que hoy comenzamos. El nuevo obispo viene a insertarse en esta historia de salvación y a caminar junto con vosotros compartiendo vuestra responsabilidad ante tantos dones recibidos de Dios. La fuerza y la clave de la evangelización están en vivir el misterio de la Iglesia en plena comunión con el Obispo en la Iglesia diocesana y en plena comunión con el Papa en la Iglesia universal, que es la misma y única Iglesia fundada por Jesucristo. Desechemos definitivamente todo disenso o desacuerdo con el Magisterio y la disciplina de la Iglesia. Esa actitud no conduce más que a la esterilidad pastoral y a la tristeza. Vivamos unidos, como una piña, en torno al Vicario de Cristo y al obispo diocesano. “Esta es la fuerza que vence al mundo: vuestra fe” (1Jn 5,4).</p>
<p style="text-align: justify;">Al obispo le corresponde acoger a todos, alentar a todos, unir a todos reconociendo y valorando los carismas que cada uno ha recibido para el bien de la comunidad. Que nadie busque la construcción de su propio apartamento, sino que todos busquemos primero y ante todo la construcción de la Casa de Dios, que es la Iglesia, presente en la diócesis. Quiero ser obispo de todos y para todos, y si alguna preferencia puede tener el obispo serán los pobres, los que sufren por cualquier causa, aquellos que la sociedad margina. Si nuestra diócesis ha recibido tanto, es para darlo, es para compartirlo con la Iglesia universal y con las diócesis hermanas. Si somos generosos en el compartir, Dios será más generoso en multiplicar lo que es obra suya entre nosotros. La fe se fortalece dándola, los dones se multiplican cuando los compartimos.</p>
<p style="text-align: justify;">Quedan atrás otras etapas de mi vida, en las que Dios me ha hecho feliz en la entrega generosa y sin reservas. La más reciente, cinco años como obispo de Tarazona. Queridos turiasonenses, sois expertos en formar obispos nuevos. Me alegro de haberme entregado totalmente a vosotros por aquellos vericuetos del Moncayo, donde me he sentido muy acogido por vosotros. Por eso, me cuesta dejaros, bien lo sabéis. Saludo a los alcaldes de Tarazona y Calatayud, los dos ejes de la diócesis que tan frecuentemente he visitado. Os agradezco a todos vuestras múltiples colaboraciones. Muchas gracias por haber venido desde tan lejos, colegio de consultores, sacerdotes y fieles. No olvidaré nunca las múltiples atenciones que habéis dispensado a mi madre anciana, que murió en Tarazona hace año y medio. Continuaré vinculado a vosotros en estos meses de interinidad como administrador apostólico, hasta que llegue el nuevo obispo, y nos esperan acontecimientos importantes, como la pronta reapertura de la Catedral después de 30 años cerrada por restauración. Queridos seminaristas de Tarazona, echaré de menos vuestra convivencia, os dejo en manos del Señor y de la Inmaculada que da nombre a nuestro Seminario.</p>
<p style="text-align: justify;">Atrás queda también la etapa de mi formación y ministerio sacerdotal en Toledo, 40 años de mi vida. Saludo al Sr. Arzobispo de Toledo y a su Obispo auxiliar, a los curas de mi diócesis de origen, a tantos fieles laicos, buenos amigos de toda la vida, porque hemos compartido penas y alegrías de la vida pastoral. Gracias por haber venido tantos, especialmente los feligreses de Santo Tomé, mi último cargo pastoral en Toledo. Y con vosotros, saludo al alcalde de Toledo y al presidente de la Junta de Castilla-La Mancha.</p>
<p style="text-align: justify;">Y más lejos en el tiempo, pero siempre cercanos en el afecto, la etapa de mi pueblo natal, Puente del Arzobispo, del que nunca me he sentido desarraigado, sino al que vuelvo con los mejores recuerdos de mi infancia y juventud, con el recuerdo de mis padres y mis abuelos ya difuntos, de mis hermanos y sobrinos que hoy me acompañan y demás familiares aquí presentes, con el recuerdo de tantos parientes y amigos, muchos de los cuales están hoy aquí con el cura de mi pueblo y con el alcalde de Puente del Arzobispo. Gracias por venir hasta Córdoba. No dejéis de rezar por mí ante la Virgen de Bienvenida y de pedir para mi la intercesión del beato Domingo.</p>
<p style="text-align: justify;">Gracias a todos. Gracias al Cabildo de la Catedral de Córdoba y a todos los que han colaborado en la realización esmerada de esta celebración. Gracias a los medios de comunicación que contribuís eficazmente a mi presentación en la diócesis. Rezad todos por este obispo, para que sea un humilde obrero en la viña del Señor, porque “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (S 127,1)</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad. He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra. Virgen de  la Fuensanta, Virgen de  los Dolores. San Rafael arcángel, acompáñanos con tu protección en este camino. Amén.</p>
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		<title>Excusas para no confesarse</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 13:13:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
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		<category><![CDATA[conversion]]></category>
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		<description><![CDATA[Aquí tenéis un texto que me pareció interesante (no es mío, únicamente os ofrezco lo que leí), no sólo para &#8220;los demás&#8221;, sino especialmente para nosotros, para ayudarnos en este tiempo de conversión sobre algunos aspectos de nuestra vida cristiana. En concreto éste, tan importante, o por mejor  decir, vital, como lo es la dimensión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Aquí tenéis un texto que me pareció interesante (no es mío, únicamente os ofrezco lo que leí), no sólo para &#8220;los demás&#8221;, sino <strong>especialmente para nosotros</strong>, para ayudarnos en este tiempo de <em>conversión</em> sobre algunos aspectos de nuestra vida cristiana. En concreto éste, tan importante, o por mejor  decir, vital, como lo es la dimensión penitencial en nuestra vida, y la recepción del Sacramento de la Reconciliación y la Penitencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Que os aproveche:</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: large;"><strong>Cómo rebatir las 14 excusas más habituales para no confesarse</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-2242" title="Juan Pablo II confesando" src="http://parroquiaviva.org/wp-content/uploads/2010/02/jpiiconfesando-238x360.jpg" alt="" width="238" height="360" />Cuando se trata de acercarse al sacramento de la confesión es muy común escuchar algunos de los siguientes «motivos» para justificar su inutilidad o su inconveniencia. Estos son los 14 más habituales:</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>1</strong> ¿Quién es el señor cura para perdonar los pecados?</span></p>
<p style="text-align: justify;">Sólo Dios puede perdonarlos Sabemos que el Señor les dio ese poder a los Apóstoles; además, ese argumento lo he leído antes… precisamente en el Evangelio: lo decían los fariseos, indignados, cuando Jesús perdonaba los pecados… (consúltese <a href="http://www.pastoralsj.org/biblia/buscabiblia.asp?libro=48&amp;dcap=9&amp;dver=1&amp;hcap=9&amp;hver=8&amp;nume=1" target="_blank">Mt 9, 1-8</a>).</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>2</strong> Yo me confieso directamente con Dios, sin intermediarios</span></p>
<p style="text-align: justify;">Genial … pero hay algunos «peros» que se tienen que considerar… ¿Cómo sabes que Dios acepta tu arrepentimiento y te perdona? ¿Escuchas alguna voz celestial que te lo confirma?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo sabes que estás en condiciones de ser perdonado? Te darás cuenta de que la cosa no es tan sencilla… Una persona que roba un banco y se niega a devolver el dinero, por más que se confiese directamente con Dios o con un sacerdote, si no tiene intención de reparar el daño hecho -en este caso, devolver el dinero-, no puede ser perdonada… porque ella misma no quiere «deshacerse» del pecado.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, este argumento no es nuevo: hace casi 1600 años, San Agustín replicaba a quien argumentaba del mismo modo: «Nadie piense: yo obro privadamente, de cara a Dios… ¿Es que sin motivo el Señor dijo: “Lo que atareis en la tierra, será atado en el Cielo”? ¿Acaso les fueron dadas a la Iglesia las llaves del Reino de los Cielos sin necesidad? Al proceder así, frustramos el Evangelio de Dios, hacemos inútil la palabra de Cristo».</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>3</strong> ¿Por qué le voy a decir mis pecados a un hombre como yo?</span></p>
<p style="text-align: justify;">Porque ese hombre no es un hombre cualquiera: tiene el poder especial para perdonar los pecados (el Sacramento del Orden). Esa es la razón por la que tienes que acudir a él.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>4</strong> ¿Por qué le voy a decir mis pecados a un hombre que es tan pecador como yo?</span></p>
<p style="text-align: justify;">El problema no radica en la «cantidad» de pecados: si es menos, igual o más pecador que tú…. No vas a confesarte porque sea santo e inmaculado, sino porque te puede dar la absolución, un poder que tiene por el Sacramento del Orden, y no por su bondad. Es una suerte -en realidad, una disposición de la sabiduría divina- que el poder de perdonar los pecados no dependa de la calidad personal del sacerdote, cosa que sería terrible, ya que uno nunca sabría quién sería suficientemente santo como para perdonar. Además, el hecho de que sea un hombre y que como tal tenga pecados, facilita la confesión: precisamente porque sabe en carne propia lo que es ser débil, te puede entender mejor.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>5</strong> Me da vergüenza</span></p>
<p style="text-align: justify;">Es lógico, pero hay que superarla. Hay un hecho comprobado universalmente: cuanto más te cueste decir algo, tanto mayor será la paz interior que consigas después de decirlo. Y cuesta, precisamente, porque te confiesas poco; en cuanto lo hagas con frecuencia, verás como superarás esa vergüenza.</p>
<p style="text-align: justify;">Asímismo, no creas que eres tan original…. Lo que vas a decir, el sacerdote ya lo ha escuchado miles de veces. A estas alturas de la historia, es difícil creer que puedas inventar pecados nuevos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por último, no te olvides de lo que nos enseñó un gran santo: el Diablo quita la vergüenza para pecar, y la devuelve aumentada para pedir perdón. No caigas en su trampa.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>6</strong> Siempre me confieso de lo mismo</span></p>
<p style="text-align: justify;">Eso no es problema. Hay que confesar los pecados que uno ha cometido, y es bastante lógico que nuestros defectos sean siempre más o menos los mismos. Sería terrible ir cambiando constantemente de defectos; además, cuando te bañas o lavas la ropa, no esperas que aparezcan manchas nuevas, que nunca antes habías tenido; la suciedad es más o menos siempre del mismo tipo. Para desear estar limpio basta con querer remover la mugre… independientemente de cuán original u ordinaria sea.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>7</strong> Siempre confieso los mismos pecados</span></p>
<p style="text-align: justify;">No es verdad que sean siempre los mismos pecados: son diferentes, aunque sean de la misma especie. Si yo insulto a mi madre diez veces, no se trata del mismo insulto, cada vez es uno distinto; así como no es lo mismo matar a una persona que a diez: si asesiné a diez no es el mismo pecado, sino diez asesinatos distintos. Los pecados anteriores ya me han sido perdonados, ahora necesito el perdón de los «nuevos», es decir, de los cometidos desde la última confesión.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>8</strong> Confesarme no sirve de nada, sigo cometiendo los pecados que confieso</span></p>
<p style="text-align: justify;">El desánimo puede hacer que pienses: «es lo mismo si me confieso o no, total, nada cambia, todo sigue igual». No es verdad. El hecho de que uno se ensucie, no hace concluir que es inútil bañarse. Alguien que se baña todos los días, se ensucia igual todos los días. Pero gracias a que se baña, no va acumulando mugre, y puede lucir limpio. Lo mismo pasa con la confesión. Si hay lucha, aunque uno caiga, el hecho de ir sacándose de encima los pecados hace que sea mejor. Es mejor pedir perdón, que no pedirlo. Pedirlo nos hace mejores.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>9</strong> Sé que voy a volver a pecar, lo que muestra que no estoy arrepentido</span></p>
<p style="text-align: justify;">Depende… Lo único que Dios me pide es que esté arrepentido del pecado cometido y que ahora, en este momento, esté dispuesto a luchar por no volver a cometerlo. Nadie pide que empeñemos el futuro que ignoramos. ¿Qué va a pasar en quince días? No lo sé. Se me pide que tenga la decisión sincera, de verdad, ahora, de rechazar el pecado. El futuro hay que dejarlo en las manos de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>10</strong> ¿Y si el confesor piensa mal de mí?</span></p>
<p style="text-align: justify;">El sacerdote está para perdonar. Si pensara mal, sería un problema suyo del que tendría que confesarse. De hecho, siempre tiende a pensar bien: valora tu fe (sabe que si estás ahí contando tus pecados, no es por él, sino porque crees que él representa a Dios), tu sinceridad, tus ganas de mejorar, etcétera.</p>
<p style="text-align: justify;">Supongo que te darás cuenta de que sentarse a escuchar pecados, gratuitamente -sin ganar un peso-, durante horas, si no se hace por amor a las almas, no se hace. De ahí que, si te dedica tiempo, te escucha con atención, es porque quiere ayudarte y le importas. Aunque no te conozca te valora lo suficiente como para querer ayudarte a ir al Cielo.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>11</strong> ¿Y si el sacerdote después le cuenta a alguien mis pecados?</span></p>
<p style="text-align: justify;">No te preocupes por eso. La  Iglesia cuida tanto este asunto que aplica la pena más grande que existe en el Derecho Canónico -la excomunión- al sacerdote que se atreviera a decir algo que conoce por la confesión. De hecho hay mártires por el sigilo sacramental: sacerdotes que han muerto por no revelar el contenido de la confesión.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>12</strong> Me da pereza</span></p>
<p style="text-align: justify;">Puede ser toda la verdad que quieras, pero no creo que sea un obstáculo verdadero, puesto que es bastante fácil de superar. Es como si uno dijese que hace un año que no se baña porque le da pereza…</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>13</strong> No tengo tiempo</span></p>
<p style="text-align: justify;">No creo que te creas que en los últimos meses no hayas tenido disponibles diez minutos para confesarte. ¿Te animarías a comparar cuántas horas de televisión has visto en ese tiempo? Multiplica el número de horas diarias que ves por el número de días.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium;"><strong>14</strong> No encuentro un padre</span></p>
<p style="text-align: justify;">Los sacerdotes no son una raza en extinción, hay miles de ellos. En el último de los casos, en las páginas amarillas, busca el teléfono de tu parroquia; si ignoras el nombre, busca por la diócesis, así será más sencillo. De este modo podrás saber, en tres minutos como máximo, el nombre de un padre con el que te puedes confesar, e incluso concertar una cita para que no tengas que esperar.</p>
<p style="text-align: justify;">Autor del texto: P. Eduardo Volpacchio</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://webcatolicodejavier.org/rebatirexcusasparanoconfesarse.html" target="_blank">Ir directamente al artículo, donde fue publicado</a></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://webcatolicodejavier.org/" target="_blank">Ir a &#8220;Web Católico de Javier&#8221;</a></p>
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		<title>A los fieles de la diócesis de Córdoba</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 16:29:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Primer saludo del nuevo obispo de Córdoba]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diocesisdecordoba.com/nueva/DIOCESIS/anexos/Primer%20saludo%20del%20nuevo%20Obispo%20de%20Córdoba.pdf" target="_blank">Primer saludo del nuevo obispo de Córdoba</a></p>
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		<title>Ya tenemos nuevo obispo</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 12:01:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Acaba de hacerse público el nombramiento del nuevo obispo de Córdoba, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Demetrio Fernández González. Desde la parroquia de Fuente Palmera le deseamos que el servicio al que la Iglesia lo ha llamado a partir de hoy sea fecundo, y rezamos para que el Espíritu Santo lo acompañe. Asímismo, agradecemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Acaba de hacerse público el nombramiento del nuevo obispo de Córdoba, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Demetrio Fernández González.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde la parroquia de Fuente Palmera le deseamos que el servicio al que la Iglesia lo ha llamado a partir de hoy sea fecundo, y rezamos para que el Espíritu Santo lo acompañe.</p>
<p style="text-align: justify;">Asímismo, agradecemos profundamente a D. Juan José Asenjo Pelegrina, actual arzobispo de Sevilla, todo el tiempo que estuvo entre y con nosotros, entregando su vida por esta diócesis.</p>
<p style="text-align: justify;">Que Dios bendiga a ambos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.conferenciaepiscopal.es/actividades/2010/febrero_18.html" target="_blank">Leer nota oficial de la Conferencia Episcopal Española sobre el nuevo nombramiento</a></p>
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		<title>Lumen gentium</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 16:47:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Celebrábamos el pasado martes, día 2 de Febrero, la fiesta de la Presentación del Señor en el templo, el día de la Candelaria, donde recordábamos cómo a los 40 días de su nacimiento, José y María llevan al templo a su hijo (Lc. 2. 22-40) para cumplir todo lo que la ley de Moisés establecía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Celebrábamos el pasado martes, día 2 de Febrero, la fiesta de la Presentación del Señor en el templo, el día de la Candelaria, donde recordábamos cómo a los 40 días de su nacimiento, José y María llevan al templo a su hijo (Lc. 2. 22-40) para cumplir todo lo que la ley de Moisés establecía tras el parto, que viene recogido en el capítulo 12 del libro del Levítico.</p>
<p style="text-align: justify;">El día de la candelaria es la fiesta de la luz, y así lo ha entendido la tradición cristiana al conservar la costumbre de encender hogueras en el marco de esa celebración. Con ello hacemos profesión de nuestra fe en Aquél que es “<em>la luz del mundo</em>”, “<em>la luz que brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron</em>”, “<em>la luz verdadera que ilumina a todo hombre</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">El evangelio nos habla de dos personas, Simeón, de quien Lucas dice que era un hombre justo y piadoso, y Ana, una profetisa que servía constantemente a Dios. Son los únicos que reconocen en el templo al salvador, aún cuando mucha otra gente estaría allí también.</p>
<p style="text-align: justify;">Toda la grandeza del Amor de Dios, revelado a los hombres mediante la Encarnación, entregado en el misterio de la  Redención y manifestado en la persona de Cristo Jesús, pasa casi desapercibido, irreconocible para la mayoría de sus contemporáneos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, como entonces, en muchas ocasiones se repite la misma escena, y no lo digo por aquellos que no son cristianos, ni siquiera por los que no aceptan el Evangelio, porque si miramos con detalle el texto de Lucas, es su propio pueblo el que no lo acoge. El “<em>Vino a su casa, y los suyos no la recibieron</em>” (Jn. 1, 11), junto con las palabras del evangelio de la fiesta de la Presentación, son una llamada seria a repensar nuestra vida, situándonos frente a Cristo, como Luz de las gentes, haciéndonos caer en la cuenta de que somos nosotros mismos, los cristianos, o los que así nos llamamos, los que no sabemos reconocer la luz que Cristo nos trae, o que no queremos reconocerla, que también sucede a menudo.</p>
<p style="text-align: justify;">Son numerosas las ocasiones en que rechazamos la luz de Cristo, cada vez que ésta quiere brillar en medio de nuestras tinieblas. Y las tinieblas son provocadas por distintos motivos. El más importante de ellos es nuestro pecado: soberbia, avaricia, lujuria, envidia, ira, pereza y gula (como cabeza de otros muchos), son las concreciones en cuanto pensamientos, palabras, obras y/u omisiones que van oscureciendo nuestro pensamiento, nuestra vida, nuestra fe. No acogemos ni descubrimos a Cristo como luz cada vez que nos negamos a abandonar algún pecado concreto, cuando no tengo decisión firme para recibir el perdón y dejarme ayudar, cuando no estoy dispuesto a cambiar una forma de pensar o de actuar, cuando me niego a acercarme a alguna persona, o, simplemente, cuando pienso ‘total, si voy a volver otra vez a lo mismo’ o ‘nunca cambiaré’. Recibir así los sacramentos hace que no den fruto en nosotros, porque ahogamos la gracia que conllevan, además de incurrir en sacrilegio, que también puede ocurrir.</p>
<p style="text-align: justify;">De otra parte, también aparecen las tinieblas cada vez que alimentamos las dudas o las críticas que surgen dentro de nosotros contra Dios o la Iglesia. Y cuando digo la Iglesia, hablo de toda la Iglesia, no sólo del Papa, los obispos y los curas, ¡cuidado! Dudamos de la Iglesia dudando de todos los cristianos, de cada cristiano. Además de poner en tela de juicio la acción de Dios por medio de su Espíritu en tantas personas que han recibido efectivamente esa gracia. Normalmente dudamos o criticamos porque somos nosotros quienes no hemos recibido ese don, y como somos incapaces de entenderlo, es más fácil defendernos atacando, ante algo que me molesta, así no me remuerde la conciencia. La fe es un don que recibimos, y esto es algo que hace ya varias semanas que me lo estáis escuchando, pues con frecuencia es una idea que repito. Por tanto, si no la tenemos, y vivimos a oscuras como consecuencia de esa carencia, lo que necesitamos es pedirla, para poder vivirla. “Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Jn. 1, 12).</p>
<p style="text-align: justify;">No caigamos en la necedad de pensar que como yo no tengo algo, o no existe, o es imposible de realizar. Seamos humildes (como Simeón y Ana) para reconocer nuestras lagunas, lo que nos hace falta, lo que necesitamos. Pidamos aquello de lo que carecemos a quien puede dárnoslo. ¿Estaremos dispuestos a recibirlo?</p>
<p style="text-align: justify;">Paz y Bien.</p>
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		<title>Monseñor Juan José Asenjo, nuevo arzobispo de Sevilla</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 14:30:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Carlos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, 5 de Noviembre de 2009, se ha hecho pública la aceptación de la renuncia del hasta ahora arzobispo de Sevilla, el Cardenal Amigo, sucediéndolo en el gobierno de esta archidiócesis nuestro administrador apostólico, D. Juan José Asenjo.</p>
<p><a href="http://www.cope.es/religion/05-11-09--monsenor-juan-jose-asenjo-nuevo-arzobispo-sevilla-102211-1" target="_blank">Ver noticia completa.</a></p>
<p>Desde Fuente Palmera deseamos que Dios le acompañe en esta nueva misión, asegurando una oración por su ministerio, y deseándole que el Espíritu Santo lo acompañe en su entrega al servicio pastoral.</p>
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