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	<title>Parroquia Viva&#187; Manuela  Sanchez</title>
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	<description>Parroquia Purísima Concepción de Fuente Palmera - Córdoba</description>
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		<title>El inquebrantable ánimo del pueblo haitiano</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 11:11:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuela  Sanchez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de difusión]]></category>
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		<description><![CDATA[Cada día que pasa tenemos la sensación de que es mejor que el anterior. El transporte ha mejorado, las comunicaciones, el abastecimiento de los abrigos (campos de desplazados), los centros de salud están mejor abastecidos&#8230; Pero sobre todo se recupera el inquebrantable ánimo de los haitianos, acostumbrados a las mil y una penurias y sacrificios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-2211" title="ánimo del pueblo haitiano" src="http://parroquiaviva.org/wp-content/uploads/2010/02/haiti-carta-header.jpg" alt="" width="450" height="90" />Cada día que  pasa tenemos la sensación de que es mejor que el anterior. El transporte ha mejorado, las comunicaciones, el abastecimiento de los  abrigos (campos de desplazados), los centros de salud están  mejor abastecidos&#8230; Pero sobre todo <strong>se recupera el  inquebrantable ánimo de los haitianos</strong>, acostumbrados a las mil y  una penurias y sacrificios antes del terremoto. Sólo ellos podían  resistir a algo así. No obstante la mejoría, el sufrimiento de la gente  es de una magnitud enorme. Miles de heridos, de gente desposeída de  todo, de niños y niñas sin padres, siguen viviendo en los abrigos,  en las calles, luchando por sobrevivir. Nadie ha vuelto a sus casas.  Millones de personas duermen bajo las estrellas, haciendo sus  necesidades al aire libre, bañándose públicamente en la calle, sin  ningún pudor. Ayer hubo otro terremoto, este de más de 6 grados. <strong>¿Cuándo  va a acabar esta pesadilla?</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los aviones no paran de llegar</strong>. Desde la base  española en el aeropuerto es difícil tener una reunión a causa de los  despegues y aterrizajes. La primera reunión con la AECID (Agencia  Española de Cooperación Internacional y Desarrollo) ha sentado las bases  de la coordinación entre las ONGs españolas y la Agencia. Establecemos  mecanismo de comunicación y demanda de ayuda. A todos nos extraña la  visión parcial que están transmitiendo los medios de comunicación sobre  la reacción del pueblo haitiano y cada uno comparte sus anécdotas sobre  el gran comportamiento de las familias haitianas en este duro trance. <strong>Marta, una cooperante de Tenerife</strong>, está viviendo en un abrigo,  durmiendo en el suelo junto a las familias. No tiene ningún miedo, solo  palabras de agradecimiento a las familias que le están acogiendo. Las  calles están llenas de pancartas en inglés a la entrada de los abrigos,  pidiendo agua, comida, medicamentos.</p>
<div style="text-align: justify;">
<div>
<div><img src="http://www.cesal.org/v_portal/inc/imagen.asp?f=ni%C3%B1os_9941.jpg&amp;w=230&amp;c=0" alt="" /></div>
<div>
<p><strong>Los haitianos están respetando en todo momento al personal  humanitario</strong>, pero están cansados de los medios de comunicación.  Así me lo han hecho saber. Identificarnos nos irá muy bien. Hoy he  visitado <strong>Cité Militaire</strong>, la zona que nos toca coordinar  para identificar el trabajo en los abrigos de la zona. Me han  acompañado <strong>Oswal</strong>, chófer de <strong>Caritas</strong> que va conmigo a  todas partes, y 3 técnicos de AVSI (promotores) que son  de la zona. Todos hablan en creole que gracias a Dios entiendo. A  simple vista Cité Militaire tiene un 15% de las casas caídas, pero con  un 60-70% de casas con daños y fisuras. Es una zona marginal, como Cité  Soleil, de hecho es un barrio de este municipio. Hablando con los  notables de la zona me informan de que hay<strong> 4 abrigos</strong>:  Parroquia Notre Dame de Lourdes (1.500 personas); Centro de Formación  Maurisse Bonneficie (3.500 personas); Cannan (800 personas) y Mont  Carmel (300 personas). En total 6.100 personas. Me ha dado tiempo a  visitar dos de los cuatro abrigos, los más grandes. Cuento el  primero.</p>
<p style="text-align: justify;">En el abrigo de la <strong>Parroquia de Notre Dame de  Lourdes</strong> no han ocurrido episodios de abusos sexuales, violencia  o robos. Las <strong>1.500 personas</strong> están en el patio de la  parroquia, que está en buen estado. Hay pocas tiendas, unas 50 de lona  regaladas por la parroquia. La mayoría de personas tiene plásticos para  cubrirse y un grupo duerme sin nada encima. Hay ventas de bolsas de agua  en la entrada y comida, un mercado informal. La gente sale a buscar  agua, normalmente se encuentran camiones cisternas en las proximidades. <strong>No  reciben ahora ni comida ni agua externamente</strong>. He visto a  brigadas cubanas repartiendo medicinas y vacunando. Se escucha a mucha  gente toser, creen que por gripe. Calculan 200 heridos no graves. Hay 3  cadáveres justo en la entrada, esperando que los recojan.</p>
</div>
</div>
</div>
<p style="text-align: justify;">﻿<img class="alignleft size-full wp-image-2210" title="alimentos en la calle en Haiti" src="http://parroquiaviva.org/wp-content/uploads/2010/02/haiti-carta2.jpg" alt="" width="230" height="245" /></p>
<div style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Como veis<strong> la ayuda no acaba de llegar del todo</strong>. Dos  problemas nos estamos encontrando. Primero, no hay lugares seguros donde  almacenar estos materiales que llegan. Esto se va resolviendo. Hoy nos  confirman <strong>un gran almacén a nuestra disposición cedido por la  Caritas</strong>. Segundo, no se puede llegar a los <em>abrigos</em> a  repartir la ayuda sin una <strong>previa sensibilización y organización</strong> que evite los desórdenes, totalmente comprensibles en una población  desesperada. Con <strong>Caritas hemos probado un sistema de distribución que  creo el adecuado</strong>. Primero explicamos cómo distribuiremos la ayuda al  comité responsable del <em>abrigo</em> y éstos lo hacen a la población.  Elaboramos un listado de familias con nombre y apellidos, no tanto de  personas. Se entrega un papel sellado con un número, por familia. Como  cada familia tiene un &#8220;papel&#8221; en la mano, saben que van a recibir algo,  se tranquilizan. Entonces llega el camión con los materiales, la gente  hace su cola. Se entregan las cosas y devuelven el papelito. Lo ideal es  repartir las cosas a TODOS en la misma jornada, para evitar  frustraciones y enfados. Así al siguiente día la gente sabe cómo tiene  que proceder y están mucho más tranquilos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por el contrario, en <strong>las distribuciones hechas por soldados  desde camiones</strong>, sin preparación previa, la gente se agolpa y se  producen altercados, todos tienen necesidad. Son dos formas de entender  la cooperación y la ayuda.</p>
</div>
<p style="text-align: justify;"><strong>Todos los haitianos buscan trabajo</strong>, ingresos para  vivir. Porque la ciudad es un gran mercado informal en la calle, donde  se encuentra de todo. Sólo se necesita dinero. Acabo de contratar para  que me ayude en la casa a <strong>Bertha</strong>, una mujer con 6 hijos  que vende calcetines  por la calle. No hay espacio en esta crónica para  explicar  su humanidad y sencillez.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Miles de hombres rodean el aeropuerto</strong>, quietos,  mirando los miles de coches  y camiones que entran y salen. Sólo buscan  trabajo, no arman ningún desorden. No lo entiendo. ¿Por qué los  haitianos no protestan? Saben que la ayuda ha llegado a Haití, pero no  acaba de ser distribuida por problemas logísticos y de organización para  evitar altercados. <strong>Se resignan, esperan, aguantan</strong>. Son  ellos mismos quienes se están alimentando. Esto es increíble y espero  que alguien más lo diga. Los bancos abren hoy en las provincias cercanas  y el sábado en Puerto Príncipe. Esto facilitará el flujo de dinero, tan  necesario ahora. Todo lo que contribuya a normalizar la vida económica  es la mejor garantía para evitar la inseguridad. <strong>Son más  efectivos los empleos que los soldados</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy llega a Puerto Príncipe <strong>David Pizarro</strong>, compañero  de CESAL en República Dominicana. Cada vez estoy más acompañado. ¡Qué  alegría! Ánimo a todos, amigos. Haití sigue en un estado deplorable, la  ayuda que nos proporciones nunca será suficiente, pero si eternamente  agradecida por este pueblo. <strong>¿Cómo un ser humano puede sufrir  tanto con tanta dignidad?</strong> Sólo un pueblo humilde y sencillo  como el haitiano está al alcance de tales virtudes&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Jordi Bach</strong><strong> es Director de CESAL  Haití. </strong><strong>Más información en <span style="color: #77adda;"><a title="Visitar el  enlace (en nueva ventana)" href="http://www.cesal.org/" target="_blank">www.cesal.org</a></span></strong></p>
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		<title>Crónica directa desde Haití</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 14:19:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuela  Sanchez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8216;No nos dejéis solos&#8217;  Jordi Bach. Director de CESAL Haití. 15 de enero. Son las 9 de la noche, y aprovecho que he encontrado un hotel con electricidad e internet para intentar resumiros un poco lo vivido hoy. He llegado por fin a Puerto Príncipe, después de dos días aislado en el municipio fronterizo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><span style="font-size: medium;"><span style="color: #888888;">&#8216;No nos dejéis solos&#8217;  Jordi Bach. Director de CESAL Haití. 15 de enero.<br />
</span></span></p>
<p style="text-align: justify;">Son las 9 de la noche, y aprovecho que he encontrado un hotel con electricidad e internet para intentar resumiros un poco lo vivido hoy. He llegado por fin a Puerto Príncipe, después de dos días aislado en el municipio fronterizo de Fonds-Verrettes. Antes de salir, hemos comprado gallinas, frutas, pan y alimentos básicos fáciles de encontrar en la zona rural, para distribuir al llegar a una capital que se nos hace desabastecida. La ruta desde la República Dominicana por Jimaní hasta Puerto Príncipe es perfectamente practicable, apenas algunas roturas de la carretera que no impiden nuestro paso. Para nuestra sorpresa, la carretera está vacía. No he visto durante el trayecto ningún camión de ayuda proveniente de Dominicana, ¿Por qué? Debería estar llegando caravanas de camiones con productos básicos &#8230; ¿Dónde están? Esta vía está en óptimo estado, ¡el envió de ayuda por vía terrestre desde Dominicana es una buena opción!.</p>
<p style="text-align: justify;">A medida que nos acercamos a la capital aumentan las casas y edificios en ruinas. Dejamos a los técnicos de la Caritas Haití que nos acompañan en sus casas y que se encontraban conmigo. Uno de ellos, Fayette, encuentra la suya en ruinas, pero sin víctimas en el interior. Varias emisoras están dando noticias de la situación y consejos a la población. Todas piden calma y coraje. Recomiendan enterrar a los muertos rápidamente y sin velorios, pues hay un riesgo grande de epidemia. El vecino de Fayette, que ha perdido a su hijo, hace un agujero en el patio y lo entierra delante nuestro.</p>
<p style="text-align: justify;">Paso por delante de la refinería de gasolina a las afueras de la ciudad. La gente ha roto el oleoducto y están llenado cubos de gasolina, para luego revender el carburante en el mercado negro a precio desorbitante. Aprovecho para llenar el depósito, que estaba ya en reserva, ¡qué suerte! Todas las gasolinera están cerradas.<br />
Entramos en la ciudad. El aire es irrespirable, mucha gente se protege con pañuelos y mascarillas del fuerte olor a cadáver. Las calles de Puerto Príncipe son ríos de gente arriba y abajo, no hay transporte público. Todos buscan agua y comida, deambulan como perdidos. El resto, la gente mayor, los heridos y los niños, acampan en todo parque, plaza, iglesia o espacio abierto. No hay tiendas de campaña, se improvisan plásticos en el mejor de los casos. La mayoría están al aire libre. Veo cientos de pequeños campos de refugiados, totalmente desprovistos de asistencia. Llegamos a Champ de Mars. La gran explanada se ha convertido en un enorme campo de refugiados. Allí se concentran todos los sin techo de la zona de Centre Ville, la más afectada. Cruzamos este barrio comercial, entre decenas y decenas de manzanas bajo los escombros. Aquí la destrucción es total. No se ve a nadie trabajando en los escombros, los muertos siguen debajo de las casas.</p>
<p style="text-align: justify;">La única ambulancia que he visto en todo el día tiene matrícula Dominicana. Cruza la calle a toda velocidad, gritando por la megafonía en un perfecto español que nadie de aquí va a entender: &#8220;dejen paso, apártense&#8221;.  Cruzamos el Palacio Nacional que se ha venido abajo. Una gran bandera haitiana ondea colgada de la cúpula central caída, como queriendo aguantar su peso. Llegamos a la Catedral, que ya no existe, y nos encontramos con dos vehículos de la Caritas de Puerto Príncipe, nuestro principal socio local en los proyectos de cooperación. Su Director, el Padre Erick Toussaint, nos recibe con un gran abrazo. Nos lleva de la mano hasta las ruinas del Arzobispado y las oficinas de la Caritas. Me dice que lo prioritario es atender a las miles de personas que se está concentrando en todo espacio abierto: agua, comida, colchones, tiendas de campaña, medicamentos y material de primeros auxilios, jabón, ropa.<br />
Están esperando las orientaciones de la Caritas Nacional para empezar las labores de emergencia. Están todos en estado de shock, muchos Padres y el Arzobispo han muerto, así como 100 seminaristas. No se reportan víctimas entre los trabajadores de la Caritas, aunque no hay noticias de todos y todas. Quedamos en comunicarnos con el Padre Serge Chadic, Director Nacional de la Caritas para ver en qué podemos ayudar.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguimos la ruta, subiendo por la concurrida calle de Delmas, principal arteria de Puerto Príncipe, en dirección a Pétion Ville, donde vivo y tenemos la oficina de AVSI-CESAL. Más destrucción, los grandes edificios están todos caídos. Veo mucha gente con botellas de ron por la calle, borrachos. Quieren evadirse de lo que están viviendo. Sigue habiendo cadáveres en la calle y entre las ruinas, a la vista. En algunas partes han roto las tuberías de agua de la calle, y la gente se baña desnuda en plena vía. Pasamos por el supermercado Caribe, el más grande y lujoso de Haití, lleno a rebosar en el momento del terremoto. Es una montaña de escombros. Aquí si se ven muchos equipos de rescate, ¿será porque acostumbra a estar repleto de extranjeros?, me quedo con la duda.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegamos a Pétion Ville, el barrio alto de la ciudad. La Place Boyer y la Place St. Pierre son campos de refugiados, igual que el estadio de Sta. Therese. Miles de personas apiladas. Llego a mi casa, la cual está en perfecto estado. En la oficina no hay nadie. Luego sabré que AVSI ha montado su cuartel general en la casa de Fiammetta Cappelini, la Directora en Haití. Sigo sin teléfono. Busco un hotel en pie. Encuentro uno no lejos de la casa, cerrado a cal y canto. El guardián  me abre la puerta, después de comprobar que soy un &#8220;blanco&#8221;. Conozco a los empleados, todos están bien. Tienen internet y luz. Escribo a España para reportar que llegué a Puerto Príncipe, consigo hablar por chat con CESAL apenas unos minutos antes de que las comunicaciones vuelvan a desaparecer. No he podido contactar con AVSI ni con la Caritas Nacional, así que como tengo uno de los pocos vehículos con gasolina que circulan por la ciudad, me dispongo a ayudar en la emergencia. Llego al puesto de la Cruz Roja de Pétion Ville y me pongo a su disposición. Hacemos varios viajes con heridos. El problema es que no tienen materiales básicos (alcohol, vendas,etc,), así que el Jefe de la Cruz Roja me proponer salir a buscarlos. Los llevo a la central de Médicos Sin Fronteras Bélgica, cerca de mi casa, que se ha convertido en un pequeño hospital de campaña. Nos regalan algunos materiales, pero muy a regañadientes, pues escasean. El médico de la Cruz Roja se va satisfecho,&#8221;con eso tiramos el resto del día, mañana veremos&#8221;. Visitamos varios centros médicos de la zona, ¡nadie tiene medicinas!.<br />
Viajamos a la base de la Cruz Roja Haitiana, parece que allí ha llegado algo. Cruzamos de nuevo la ciudad. Bajando por la ruta de Canape Vert, se puede ver una montaña donde se alojaba un gran barrio de chabolas &#8220;bidonville&#8221;, de miles de casas, TOTALMENTE REDUCIDO A ESCOMBROS. En la base de la Cruz Roja situada en el barrio del Centenario tampoco hay medicamentos, apenas nos dan una botella de yodo, algunas vendas y un paquete de bolsas para poner muertos.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué  los cuerpos del estado no han abierto las farmacias de la ciudad, repletas de medicinas, para su distribución? La gente se está muriendo por falta de materiales médicos básicos. Con este pensamiento, regresamos a  la Cruz Roja de Pétion Ville. Una vez más cruzamos la ciudad entre escombros. Los médicos que me acompañan no han dormido desde hace dos días, apenas han comido. Les ofrezco la comida de mi casa. Me dicen que se han hecho cargo de un pequeño campo de refugiados en un barrio desfavorecido, en una Iglesia cerca de la Route de Frères. Han organizado un pequeño comedor. Quieren que la comida la lleve allí. Dicho y hecho, vaciamos mi despensa  y el refrigerador, llenamos las cajas con fruta, pasta, carne, arroz, frijoles. En pocos minutos llegamos a la Iglesia, ya de noche. Parece no haber nada en la oscuridad, pero los faros del auto descubren en el patio cerca de 500 familias, niños, ancianos, todos juntos y apilados, al aire libre. Con mi créole básico pero suficiente, hablo con algunas de ellas. ¡Cuánto me alegro de haber aprendido la lengua creole haitiana!, ¡la gente me entiende y yo les entiendo!.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante todo el día he podido comunicarme en creole sin problema para todas las tareas de emergencia. En Haití casi nadie sabe hablar francés. Me despido de toda la gente. Creo que mi visita, más que por la caja de comida, les ha dado ánimos. Quizá sea eso lo más importante, junto a las necesidades básicas materiales. La gente está verdaderamente traumatizada, paralizada, horrorizada. El apoyo psicológico y moral es fundamental. Explicar a la gente que la ayuda va a llegar, que tengan confianza, que permanezcan juntos, en calma.  Que se ayuden. Durante todo el día he visto muchas muestras de solidaridad. Mucha gente que tiene agua y comida la reparte con los vecinos, como la familia de Regine, una trabajadora de la Caritas que vive cerca de mí. La Cruz Roja estaba llena de jóvenes, todos con ganas de ayudar. No he visto desórdenes en la ciudad, increíblemente. En cualquier otro país de los llamados &#8220;desarrollados&#8221; ya se estarían matando.  Una vez más el haitiano demuestra su gran corazón y coraje delante de las desgracias. Parece haber un código moral no escrito de respeto delante tanto horror. No obstante, las prisiones han sido destruidas y los presos huidos. Esto ha provocado una psicosis en la ciudad, se dice que hay gente mala suelta haciendo daño. Finalmente he vuelto al hotel, para ver si contacto con AVSI y España de nuevo. ¡Hay luz e internet, pero no teléfono! Leo los correos y me entero de que AVSI ha comenzado a ayudar montando unas carpas para acoger personas.<br />
Espero poder mañana incorporarme a estas actividades. También espero las indicaciones de la Caritas Nacional.  Un grupo de españoles de Médicos Sin Fronteras acaba de llegar al hotel. No hay plazas libres. Les ofrezco mis casa para dormir y asunto arreglado.<br />
Para los amigos y amigas que leen esto, creedme: Puerto Príncipe es ahora mismo una masa de escombros con un hedor de muerto irrespirable. Las cifras que estoy viendo por televisión se quedan cortas, la realidad es mucho peor. He recorrido toda la ciudad: cientos de miles de personas están sin hogar, comida, agua y ropa, vagando por la calle o apilada en plazas e iglesias. La gente está totalmente desprovista, traumatizada, desanimada. La gente lleva tres días sin electricidad, agua o teléfono. Todavía nadie quiere dormir bajo ningún techo por miedo o por no tenerlo. Se duerme en la calle o donde se pueda. La madre de Regine me pregunta si va a llegar otro terremoto en las próximas horas. No es visible ninguna asistencia. No hay presencia de la MINUSTHA, Naciones Unidas Haitiana, apenas de la policía y algunos coches de algunas ONG´s.</p>
<p style="text-align: justify;">Como sabéis, Haití no tiene fuerzas armadas. ¡Que falta hacen ahora! Estamos en una situación de extrema urgencia. Necesitamos el apoyo de todos y todas, no ya para reconstruir el país, sino para evitar una tragedia enorme dada las condiciones actuales de hambruna e insalubridad. Toda ayuda será poca. Os pido por favor que os movilicéis en la medida de vuestras posibilidades. Haití os necesita. Los que estamos aquí estamos, más que nunca, fuertes y con los ánimos engrandecidos. No es hora para las flaquezas. Tenemos mucho trabajo por delante, ¡no nos dejéis solos!</p>
<p style="text-align: justify;">Jordi Bach desde Puerto Príncipe. 15 de enero, 23: 20 horas.</p>
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		<title>Homilía de Adviento de S.S. Benedicto XVI</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2009 10:25:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuela  Sanchez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridos hermanos y hermanas Con esta celebración vespertina entramos en el tiempo litúrgico de Adviento. En la lectura bíblica que acabamos de escuchar, tomada de la Primera Carta a los Tesalonicenses, el apóstol Pablo nos invita a preparar la «Venida de nuestro Señor Jesucristo» (5,23), conservándonos irreprochables, con la gracia de Dios. Pablo utiliza la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Queridos hermanos y hermanas</strong><br />
Con esta celebración vespertina entramos en el tiempo litúrgico de Adviento. En la lectura bíblica que acabamos de escuchar, tomada de la Primera Carta a los Tesalonicenses, el apóstol Pablo nos invita a preparar la «Venida de nuestro Señor Jesucristo» (5,23), conservándonos irreprochables, con la gracia de Dios. Pablo utiliza la palabra ‘venida’ &#8211; en latín ‘adventus’ – de la que proviene ‘Adviento’.</p>
<p style="text-align: justify;">Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra que puede traducirse con ‘presencia’, ‘llegada’, ‘venida. En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico empleado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con potencia, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra ‘adviento’ para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, entrado a esta pobre ‘provincia’, denominada tierra para visitar a todos; en la fiesta de su adviento hace que participen cuantos creen en Él, cuantos creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir sustancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no lo podamos ver y tocar, como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de múltiples formas.</p>
<p style="text-align: justify;">El significado de la expresión ‘adviento’ comprende, por lo tanto, también el de ‘visitatio’, que quiere decir simple y propiamente ‘visita’. En este caso, se trata de una visita de Dios: Él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. Todos experimentamos, en la existencia cotidiana, tener poco tiempo para el Señor y poco tiempo también para nosotros. Se acaba siendo absorbidos por el ‘quehacer’. ¿Acaso no es verdad que, a menudo, es precisamente la actividad la que nos posee, la sociedad con sus múltiples intereses la que monopoliza nuestra atención? ¿Acaso no es verdad que se dedica mucho tiempo a la diversión y a varios tipos de distracciones? A veces las cosas nos “atropellan”. El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos en silencio para percibir una presencia. Es una invitación a comprender que cada una de las vivencias del día son señales que Dios nos dirige, signos de la atención que tiene para con cada uno de nosotros ¡Cuán a menudo Dios nos hace percibir algo de su amor! Mantener, por decir así, un “diario interior” de este amor sería una tarea bella y saludable para nuestra vida! El Adviento nos invita e impulsa a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia ¿no debería ayudarnos a ver el mundo con ojos distintos? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como “visita”, como un modo en el que Él puede venir a nosotros y acercarse a nosotros, en toda situación?</p>
<p style="text-align: justify;">Otro elemento fundamental del Adviento es la espera, espera que es, al mismo tiempo esperanza. El Adviento nos impulsa a comprender el sentido del tiempo y de la historia como “kairós”, como ocasión favorable para nuestra salvación. Jesús ha explicado esta realidad misteriosa en muchas parábolas: en la narración de los siervos invitados a esperar el regreso del amo; en la parábola de las vírgenes que esperan al esposo; o en las de la siembra y de la cosecha. El hombre, en su vida, está en espera constante: cuando es niño quiere crecer; siendo adulto tiende a la realización y al éxito y, avanzando en la edad, anhela el merecido descanso. Pero llega el tiempo en el que descubre que ha esperado demasiado poco si, más allá de su profesión o de su posición social, no le queda nada más por esperar. La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza: el Señor está presente en el transcurso de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el Reino de Dios, Reino de justicia y de paz.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero hay formas muy distintas de esperar. Si el tiempo no se llena con un presente que tenga sentido, la espera corre el riesgo de volverse insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada &#8211; es decir si el presente se queda vacío – cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grave, porque el futuro queda totalmente en la incertidumbre. Sin embargo, cuando el tiempo está dotado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y válido, entonces la alegría de la espera hace que el presente sea más precioso. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente donde ya nos llegan los dones del Señor, vivámoslo proyectados hacia el futuro, un futuro cargado de esperanza. El Adviento cristiano se vuelve, de este modo, ocasión para volver a despertar en nosotros el sentido verdadero de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe, que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado durante largos siglos y nacido en la pobreza de Belén. Viniendo entre nosotros, nos ha brindado y sigue ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de múltiples modos: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en las vivencias de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia aspecto, según esté Él detrás de ella, o si queda ensombrecida por la niebla de un origen incierto o de un futuro incierto futuro. Por parte nuestra, también nosotros podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos afligen, nuestra impaciencia, las preguntas que brotan de nuestro corazón ¡Estemos seguros de que nos escucha siempre! Y si Jesús está presente, ya no existe ningún tiempo sin sentido y vacío. Si Él está presente, podemos seguir esperando, aún cuando los demás ya no pueden asegurarnos ningún apoyo, aún cuando el presente se vuelve fatigoso.</p>
<p style="text-align: justify;">Queridos amigos, el Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, en especial, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede cancelar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos alienta a caminar confiados. Modelo y sostén de este íntimo gozo es la Virgen María, por medio de la cual nos ha sido donado el Niño Jesús. Que Ella, fiel discípula de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y activos en la espera ¡Amén!</p>
<p style="text-align: right;">Benedicto XVI Primeras vísperas tiempo de Adviento 28 dic 09</p>
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