Camino hacia la Pascua, ¿turista o peregrino?

por

Hace poco leía una reflexión en la que se planteaba que en el camino de la vida podemos pasar de distintas maneras, y se centraba en dos actitudes: como turista o como peregrino…

En estas fechas, en que empezamos a caminar hacia la Pascua, hago mía esa reflexión, y me planteo (os planteo) cómo quiero que sea ese viaje…

El turista pasa por el mundo intentando apresarlo, pero no vivirlo… Visitan los lugares sin llegar a conocerlos. Se mueven a golpe de reloj, siempre apresurados, con los minutos contados, y sin disfrutar del momento, sea cual sea. Van atesorando recuerdos “muertos”, congelan en fotos cada piedra, cada lugar, cada momento. Copan todo el campo de visión con impresionantes cámaras, pero ven la realidad a través de su objetivo, aun teniéndolo delante no son capaces de captar la vida. El turista tiene todo organizado, todo programado, y siempre sabe lo que tiene que hacer… La guía turística, los hoteles, los seguros, la tarjeta. Todo medido al milímetro. En realidad, vive y ve el mundo desde su burbuja, la que le han vendido, la que le enseñan, la que en realidad quiere ver, sin plantearse nada más.

El peregrino camina con otro estilo. Tiene una meta, pero no tiene todas las seguridades. Sale a la intemperie, no le importa mojarse para llegar al final. El camino es un libro en blanco, una página por escribir. No sabe dónde va a dormir, qué va a comer, ni cómo descansar. Está abierto a lo que le depare el camino, no lleva  manual. Puede encontrar compañeros de camino inesperados, con los que vive el encuentro y la conversación. Hay momentos de compañía, pero también de soledad. No tiene nada en propiedad, no se queda con nada y disfruta de todo. Se empapa de lo que ve, y lo que encuentra le deja huella. Aprende a mirar lo nuevo, y a mirar más dentro de sí mismo.

En esta Cuaresma, ¿cómo viajamos nosotros? ¿Somos turistas o peregrinos? ¿Nos dedicamos a coleccionar experiencias, a congelar vivencias, a mirar de forma desenfocada desde el objetivo de nuestra vida?

¿O vivimos disfrutando el momento, compartiendo vida y experiencia, saboreando las sorpresas que el camino nos depara? ¿Conociendo historias reales, llorando o riendo por lo que vivimos durante el camino?

Podemos pasar por estas fechas de forma superficial, sin profundizar, viendo experiencias bonitas, fotografiando momentos sin interiorizarlos, pero sin vivir nada auténtico. O meternos de verdad en este tiempo de Gracia que la Iglesia nos propone. Hacer el camino siguiendo de verdad las huellas de Cristo.

Y el viaje es de Cuaresma a Pascua, no lo podemos olvidar nunca. Si un tiempo fuerte en la Iglesia es la Cuaresma, ¡cuánto más lo tiene que ser la Pascua! Ese es el gran misterio de nuestra fe. Sin embargo, ¡cuántos cristianos y cuántas veces nos quedamos atrapados en la Cuaresma! El Papa Francisco nos lo recuerda en la Evangelli  Gaudium: “Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”.

Hay que recorrer la Cuaresma para llegar a la Pascua, para sentir el paso del Señor resucitado en nuestras vidas, y aprovechar cada momento de ese camino, de ese viaje, para posibilitar un encuentro verdadero con el Señor.

Vivamos como peregrinos, abiertos a la sorpresa, abiertos al encuentro, siguiendo la invitación que el Papa nos hace en estos días: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso”

Paco Pérez

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)