Nos encontramos en tiempo de Adviento, tiempo de espera, en el que el cristiano se prepara para la venida de Dios hecho Niño. Esto es lo que se les dice a los niños de catequesis, y lo entienden muy bien, será porque los niños lo entienden con la sencillez y humildad que significa algo tan grande como la Natividad del Señor.
El tiempo de espera es un tiempo de Esperanza, en el que preparamos nuestro interior, como se prepara el hogar donde va a nacer una criatura que llenará todos los rincones de alegría, de paz, de amor. Un niño que no necesita las palabras para decir, que somos su voz, sus pies, sus manos para llegar a ser hombre.
Adaptamos la casa para que el que va a nacer se sienta feliz, arropado y amado, todo nos parece poco para ese pequeño ser.
Esta experiencia la hemos vivido casi todos alguna vez, pues bien, trasladémosla a nuestro corazón como nuestra casa.
Pensemos qué significa para mí ese Dios Niño que va a nacer y en la medida que cada uno lo sienta cercano, así deberá acomodar su corazón, para que cuando llegue lo encuentre preparado. Deberíamos renovarnos por dentro, sacar todo lo viejo, lo que estorba, para que haya un vacío que llenar. Es difícil, lo sé, hay cosas que están muy acomodadas en nosotros para echarlas afuera e incluso otras que están tan arraigadas que nos cuesta mucho arrancarlas. Debe de ser así, aunque nos cueste, para que éste Niño cuando venga no encuentre obstáculos para poder entrar.
Como dijo San Pablo: “Despojémonos del hombre viejo y revistámonos del hombre nuevo”, pues ahí está la clave. San Pablo con su sabiduría no tuvo que buscar tantas palabras como yo para decir lo que dijo. Estas palabras quieren decir (si me equivoco que me corrijan los curas) que nuestro corazón debe experimentar una conversión para que Dios entre en nosotros. Si no es así, no nos engañemos, podremos hacer el belén más bello, adornar nuestra casa, hacer estupendas cenas, podremos ir a misa, cantar, celebrarlo con los amigos, reunirnos en familia como algo extraordinario, e incluso ser más generoso que el resto del año, pero esto no sirve de nada si no hay conversión, si no acogemos con todas sus consecuencias a ese Niño que nos pedirá mucho, pero “Él nos lo dará Todo”.
Esta preparación-conversión, conlleva un cambio de actitud en nuestra vida. En primer lugar arrepentirnos de nuestros pecados, pedir perdón al Señor por medio de la confesión, que tiene que pasar a su vez por pedir perdón y perdonar a nuestros hermanos. Tener una actitud de disponibilidad y escucha. Recordar con nuestra oración y ayuda a todo el que lo necesita de alguna manera (esto no es sólo algo que debamos hacer en Navidad, Dios nos lo pide todo el año). Se me ocurre recordar las Bienaventuranzas, para que la misión de renovarnos sea más fácil, con la garantía de que recibiremos la “recompensa”.
Recordemos que de nosotros depende que muchas personas sientan la Navidad y crean en Ella.
No desvirtuemos el verdadero sentido de este tiempo litúrgico, volvamos al sentido que realmente tiene: Preparación para que Alguien tan pequeño como un Niño pueda transformar el mundo, si nosotros nos dejamos transformar por Él.
Ésta transformación no se dará si no tenemos la certeza de la “Fe” en “el que va a nacer”, ni sentimos la “Esperanza” de que Él tiene el poder de cambiar nuestra vida, y si no ponemos en práctica la “Caridad” como motor de todos nuestras palabras y acciones, la “humildad” con la que Dios fue engendrado, nació, vivió y murió.
El mensaje es claro: para entender la Navidad hay que tener un espíritu de humildad.
Este tiempo de adviento nos llama a la Fe, la Esperanza, la Caridad, la humildad, y como fruto de todo esto, a la PAZ.
Un abrazo.
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#1 publicado por Rafa 1/dic/2009 00:31
A los niños de catequesis, les expliqué el año pasado que el Adviento, es la preparación de la Navidad, que es el nacimiento de Jesús, y por lo tanto su cumpleaños.
A todos nos invita, pero Él lo va celebrar en el portal de Belén, o sea, tal vez no sea un sitio muy cálido en estas fechas, ni lujoso, ni agradable. Así que somos nosotros los que tenemos que decidir si vamos a acompañarlo en su nacimiento y/o cumpleaños, y si estamos dispuestos a acompañar a Dios, o no queremos renunciar a nuestras comodidades.
No obstante, sólo se celebra el cumpleaños una vez al año, y este Amigo nació nada más que para salvarnos.
¿Qué querrá Jesús que le regalemos en su cumpleaños?