Feliz año nuevo… junto a Jesús Sacramentado.

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En primer lugar y de todo corazón, no sólo por seguir el tópico, os deseo a todos un feliz 2011, a la gente de la parroquia y a los que, por cualquier causa, lean estas líneas. Y añado, podemos estar seguros que vamos a ser felices este año y toda nuestra vida, si nos mantenemos unidos al Señor, si aceptamos su Voluntad, sabremos que todo cuanto acontezca, será para nuestro bien.

Y a propósito de “pasar el año con el Señor”, os quiero hacer partícipes de la experiencia que hemos vivido, por segundo año consecutivo, un grupo de feligreses de la parroquia (este año sumábamos catorce personas con los párrocos). Ha sido la de pasar el cambio de año junto a Jesús Sacramentado, celebrando la Eucaristía, dándole gracias por los bienes recibidos en el año que despedíamos, pidiendo para el que iniciamos, acordándonos de la familia, de los amigos, de los pobres, de la Iglesia perseguida… adorándole… y además… tan cerquita, pues como estábamos pocos, nos colocamos todos en el presbiterio, alrededor del altar.

Como, casi todos los asistentes pertenecemos a la “Adoración Nocturna”, rezamos también el Ejercicio de fin de año, de nuestro manual, que es una vigilia extraordinaria, aunque voluntaria y nos explicó Patricio que se ganan dos indulgencias plenarias en esa sola vigilia, al rezar el ” Te Deum”, el día 31 y el ” Veni Creator”, ya en año nuevo, cumpliendo, claro está, las otras condiciones requeridas, así, que más ventajas…

Mientras tanto, se oía el jaleo y los petardazos de la gente en la plaza, pero duró poco (también rezamos por ellos).    Finalizamos la vigilia cantando “Corazón de Cristo”, mientras se reservaba el Señor y el “Ave María” para terminar, pues ya estábamos en la Solemnidad de María, como Madre de Dios.

Pasamos a la sacristía y, después de felicitarnos por el nuevo año, nos tomamos las uvas que habíamos traído, a los golpes rítmicos del almirez del belén, pero se nos olvidó el champán, así que brindamos con anís y crema catalana que había allí, charlamos un rato, cantamos villancicos ante el belén y nos fuimos a casa, o cada uno a donde quiso seguir la fiesta, pero nos fuimos con una enorme alegría en el corazón: la de haber dedicado los primeros instantes del año al Señor y Dueño de nuestra vida: Jesucristo. Lo recomiendo, a ver si el próximo año somos muchos más.

Un abrazo y  lo dicho, feliz año nuevo con el Señor.

Ana.

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