Franciscolatría

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Sí, los católicos tenemos un nuevo Papa. O como dirían los profanos, un nuevo líder espiritual. Pero es en realidad un nuevo sucesor de Pedro, de Cefas, del que nuestro Señor dejó apacentando sus ovejas.

Con el nombramiento del Cardenal Jorge Mario Bergoglio como nuevo Papa, ha habido un gran revuelo, y lo sigue habiendo. Lío como diría él. De repente, mucha gente pasó de ser anticlerical a papista. Muchos cristianos también que teniendo a Benedicto XVI como un papa demasiado teórico y docto, cuando no ortodoxo y conservador, hacían muestras de suspiro y alivio con Francisco. Y otros cristianos ahora están continuamente citando, elogiando, parafraseando… al papa actual.

Creo que hay síntomas de francisquitis o franciscolatría. No es papitis o papolatría, porque antes de éste no se daba, y teníamos un gran papa. Tal vez sea -no se me entienda de forma frívola- la novedad de estrenar papa. No obstante, y en lo que quiero poner cierta atención, es en que hay personas, ciertos grupos, que esperan que el Papa Francisco le dé prácticamente la vuelta a la tortilla y re-ordene y reestructure toda la Iglesia y el magisterio. Leo en noticias, foros y diarios digitales -y también lo he vivido en vivo y en directo-  como hay quienes están esperando que Francisco permita el sacerdocio de las mujeres, o que “erradique” el celibato, o que hable bien del divorcio, o incluso que sea benevolente en cuanto al aborto, o las uniones homosexuales. Hay muchos abanderados de la solidaridad que esperan que su activismo justifique su iglesia a medida. Parece que hay quienes creen que el Papa Francisco no era cardenal antes de ser papa. Da la impresión que piensan que Francisco no ha sido escogido en cónclave por el resto de cardenales, sino que ha sido allí puesto por un dios vengativo contra la curia eclesiástica, al tiempo que caducaban sillas gestatorias. Tal vez el cardenal Bergoglio votase incluso como papa por Benedicto XVI.

Él era iglesia y sigue siendo, pero no la va a instaurar de nuevo. Cierto es que está dando un nuevo impulso a la evangelización, al kerygma, está rejuveneciendo mucho, dejando atrás mucha cáscara. Está favoreciendo la unidad interna de la Iglesia y el ecumenismo, y lo está haciendo en base al evangelio y la caridad. Y claro, lo que ocurre es que también muchos se sienten capacitados para ofrecer su inequívoca versión de lo que dice el evangelio y de lo que es la caridad.

“Francisco es mi Papa” parecen decir, casi diciendo que el papa les da la razón a ellos. Por el camino, la figura de lo que es el papa, de lo que significa la sucesión de Pedro, del papado, y de la misma tradición de los apóstoles, la están menospreciando. El que asiente con Francisco cuando difería con Benedicto o Juan Pablo tiene un sentido erróneo de la Iglesia. Y en este caso más aún, ya que Francisco ha terminado escritos que inició Benedicto. O más aún, sean o no ciertos los rumores que se comentaron durante su elección, el mismo Jorge Mario se negó a ser nombrado papa cuando murió Juan Pablo, y posteriormente fue nombrado Joseph Ratzinger. En definitiva, caprichos del Espíritu.

Por hacer un repaso o poner un titular a lo que Francisco quiere poner en práctica podría ser ama a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo y lo demás vendrá por añadidura. Otras muchas cosas son también mandamientos y magisterio de la Iglesia, pero sin el núcleo caritativo y de amor, causa y motivo del sufrimiento de Cristo, lo demás no es nada. Y ese mensaje está demostrando, una vez más, la avidez que tantos, bautizados y no bautizados, católicos practicantes y no practicantes, creyentes y no creyentes, circuncisos y gentiles, tienen por el Creador, por el Redentor y por el Paráclito, en definitiva por la Verdad sin adulterar, proveniente del Amor y del Evangelio, tenga el papa el nombre o el carisma que tenga.

El que ha sido nombrado como hombre del año 2013, lo ha sido con un mensaje de 2014 años de antigüedad, y que ya pregonaba Juan el Bautista en el desierto, y los 265 sucesores de San Pedro, y muchos otros mensajeros santos y mártires.

Por eso, este lío del papa Francisco me alienta e ilusiona, y me hace temer por otro lado.

Me ilusiona que un sólo hombre pueda de nuevo llevar a tantísima gente la síntesis del mensaje cristiano, y pueda así hacer despertar de la acedia e iniciar de lleno la Nueva Evangelización. Me ilusiona la vigencia del Evangelio y el reto que sigue suponiendo la conversión de uno mismo. Pero me hace temer por quienes estén albergando esperanzas falsas, y por quienes tienen a Francisco por un profeta al más puro estilo punisher, justiciero y corrector. Por quienes siguen teniendo la mirada perdida en lo material y lo inanimado, por quienes esperan un credo, una fe y una iglesia que se construya mirando al suelo, en lugar de mirando al cielo. Por quienes perduran en la teoría de clases, del tú más, y realmente somos todos de la misma: pecadores.

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  1. #1 publicado por Ángela 5/Ene/2014 18:33

    Excelente aclaración

(No será publicado)