Homilía de misa de envío inicio de curso 2010-2011

por

Queridos miembros activos de esta parroquia, cristianos comprometidos en la acción evangelizadora que el Señor nos manda hacer en el mundo entero:

¿quién es el más importante en el Reino de los cielos? Acaban de preguntarle los discípulos a Jesús en el Evangelio: los niños y aquellos que se hacen como niños. No los poderosos ni los que se salen siempre con la suya. ¿Quién es el más importante en la Parroquia? ¿Los curas, los prematrimoniales, los catequistas de post-comunión, los de comunión, los grupos de adultos, las mujeres que limpian? Los niños, los pequeños. Y no sólo ellos, sino los mayores que son dóciles a lo que Dios les pide y les inspira en cada momento.

Así lo hizo Sta. Teresita del niño Jesús, santa a sus 24 años de edad y doctora de la Iglesia. Sólo quería la voluntad de Dios, sólo buscaba lo que Dios le pedía. Lo demás era basura como dice S. Pablo: “todo lo estimo basura comparado con Cristo”. Es complejo hacer siempre lo que Otro, con mayúscula, me manda; se nos hace cuesta arriba amar y cumplir en nuestra vida lo que está escrito por inspiración de Dios. Esto es ser cristiano. Luchemos por esto, pensando en nuestra verdadera felicidad aquí en la Tierra y en la recompensa del Cielo.

Esta casa y esta hacienda no se rige por las leyes del mundo, donde se devuelve mal por mal, donde la crítica y el descrédito son habituales, donde los chismes corren como la pólvora, conde el criterio del que más tiene es el que sale victorioso, o donde la misericordia brilla por su ausencia.

Esta hacienda es la de Dios, la la de los discípulos de Cristo, y eso ha de ser visible dentro y fuera de las cancelas de la Parroquia. Cada crítica, cada juicio, cada rencor, cada desprecio nos será tenido en cuenta para el día de la Resurrección Final. Cada silencio ante na ofensa, cada gesto de acercamiento a quien me cae mal, cada obra de misericordia que haga con mi hermano cristiano que sufre me será tenida en cuenta para el premio final.

Tenemos la Eucaristía, la confesión, la Escritura, la oración, el Espíritu Santo, la dirección espiritual, la protección de la Virgen, el amparo de los ángeles y la intercesión de los santos. ¿Podemos pedir algo más? Pidamos por nuestra santidad y la de los que nos rodean. Para que esta Parroquia que se derrama por los pueblos sea un signo visible de que Dios vive, que nos quiere y quiere que nos salvemos. Construyamos una Parroquia de la que merezca la pena formar parte. Una Parroquia Viva donde cada vez seamos más y mejores cristianos. Donde la rivalidad sea por hacer penitencia y obras de caridad. Donde no se nombres expresiones de este mundo como bajarse los pantalones, sino perdonar; rebajarse, sino servir; mantener mi estatus, sino considerarme el último. Ese es el lenguaje de Dios y por lo tanto el nuestro.

Hay que convertirse para convertir a los de fuera, hay que saber cambiarme y no querer cambiar a los otros, hay que saber perdonarse a sí mismo, si Dios me ha perdonado, para saber perdonar a los demás.

Quien limpia, que lo haga con con cariño, esmero y sólo por Dios y para Dios; quien se forme que lo haga para más conocer y amar al Señor; quien imparta catequesis considérese apóstol enviado por el Altísimo. Queriéndonos seremos Evangelios vivos como los primeros cristianos.

Perdonad a los curas de esta parroquia en sus errores y debilidades, disculpad a las religiosas por la fragilidad humana, sabed siempre hablar bien de vuestros hermanos cristianos más frágiles.

Podemos ser santos haciéndonos como los niños en brazos de su madre. Nuestra Madre es la Iglesia. Nuestra Madre es la Virgen Santísima. Si así lo hacemos podremos proclamar como Isaías en la primera lectura: “se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado, la mano del Señor se manifestará a sus siervos.”

Ánimo en este nuevo curso, y en toda nuestra vida de cristianos. Dios está con nosotros, no lo dudemos. Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Así sea.

,

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)