Justo y necesario

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En nuestro día a día, seguramente damos varias veces las gracias a las personas con las que nos relacionamos. La sociedad y nuestra educación nos ha enseñado que, además de ser de bien nacido, es un signo de cortesía, de deferencia y empatía hacia el prójimo. No obstante hay muchas formas de dar las gracias a nuestros semejantes, y según el contexto ese agradecimiento será más o menos sincero y humano, o simplemente protocolario. Están las gracias con una sonrisa y una mirada a los ojos, el que da las gracias con humildad bajando la mirada, el que da las gracias casi sin que se oiga, el que da las gracias de forma forzada, las gracias con rintintín o enfado… incluso está el no dar las gracias.

Por supuesto, el que recibe el agradecimiento corresponderá a esa forma de dar las gracias, y detectará los acompañamientos de esa forma de dar las gracias. Es decir, solemos comparar el favor prestado con el agradecimiento recibido; y viceversa, nuestro agradecimiento suele ser de la misma magnitud de la consideración que tenemos al favor que se nos ha prestado.

Al margen de mayores consideraciones sobre las relaciones humanas, quiero mencionar en este pequeño artículo nuestra forma de agradecimiento a Dios en nuestra relación individual con Él.

El ser humano, en su inteligencia e imaginación limitada, tiende a dar mentalmente una forma humana a Dios -ocurre en casi todas las religiones- (aunque a eso ya dispuso Dios Padre cierta solución). De esa forma tendemos igualmente a darle un trato y agradecimiento injusto para Él, que no se corresponde con la imagen que podemos hacernos de Él, puesto como decimos en la liturgia durante la misa, casi de corrido:

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor nuestro Dios.

-Es justo y necesario.

-En verdad es justo y necesario, darte siempre gracias y en todo lugar, Señor Padre Santo…

Dar gracias a Dios es de justicia, y además es necesario, creo que sobra decir con motivo de qué. Es decir no se trata de algo accesorio o de simple cortesía; para los cristianos es un deber. Y hay muchas formas de llevarlo a cabo, al igual que en las relaciones humanas hay muchas formas de acompañar las gracias. Por supuesto, la más importante, precepto para los católicos, instituida por el propio Hijo de Dios con su Cruz, es la Acción de Gracias, Eucaristía. Y desde luego, es de justicia y necesario darle gracias con todo nuestro ser, es decir, en cuerpo -acciones y aspectos físicos- y en alma -acciones y aspectos espirituales-, aunque normalmente nuestro cuerpo y nuestro aspecto físico suelen reflejar el estado de nuestra alma: nuestros ojos son el reflejo de nuestra alma.

Por ello, considero absurdas preguntas que muchas veces oigo, no dirigidas a mí por supuesto, como ¿a misa se puede ir en chándal? o cualquier otra relacionada simplemente con la vestimenta, siempre que esté dentro de la decencia básica, para asistir a misa. También considero absurda la mejor vestimenta con un comportamiento de agradecimiento nulo. Y es que lo importante es ciertamente nuestra aptitud al completo de agradecimiento a Dios Padre. Un chándal tal vez pueda, no tiene porqué,  asemejarse a dar gracias en voz baja, o la falta de atención en el templo se puede asemejar a unas gracias breves y parciales. En cualquier caso debemos ponderar nuestro corazón en el sentido de nuestro actos, y con más razón, en nuestra relación con Dios.

Gracias a Dios, Él no aplica nuestra justicia con nosotros, ni nuestra forma de razonar. Porque de un mal agradecimiento entre personas pueden darse muchos malentendidos que en ocasiones pasan a mayores por aquello del ojo por ojo.

  1. #1 publicado por M. Trini 21/Ene/2014 08:34

    Una buena reflexión en este tiempo en el que a mucha gente se le ha olvidado dar las gracias. Será porque la sociedad nos está educando a creer que lo que recibimos es porque lo merecemos y no por un acto gratuito de los demás. No acabamos de creernos del todo que el Señor nos regala cada día su Amor, y lo hace gratis.

(No será publicado)