El lunes de la semana pasada, 14 de Junio, organizaron nuestros sacerdotes una salida a Écija para ver la película “La última cima”.
Fuimos 49 personas, compartiendo coche de los que se ofrecieron para ello, “compartir”, algo que de principio ya es bueno, y el fin aún mejor: presenciar un testimonio de vida digno de admiración.
Yo diría que no se trata de una película en sí, sino más bien de un reportaje o documental, con personajes reales, hechos reales y testimonio reales.
Es la vida y muerte de Pablo Domínguez, un sacerdote de 42 años que además de ejercer su ministerio con verdadera pasión por Jesús y su Evangelio, amaba el alpinismo, algo que practicaba cada vez que podía, a veces solo o acompañado de amigos.
Persona de una gran inteligencia y cultura, ejercía su ministerio en Madrid, era muy valorado en el mundo Universitario y el clero. Autor de libros y artículos, y un gran conferenciante, admirado por su sencillez y elocuencia en éstas, sus conferencias e incluso sus homilías no dejaban indiferente a los que lo escuchaban, ya fuesen católicos, agnósticos o ateos.
Todos coincidían en que Pablo era grande en todo y sin embargo humilde y agradecido con todos. Daba siempre las gracias, aun cuando era él el que las tuviese que recibir.
Sus padres decían que desde niño pasaba ratos leyendo la Biblia y rezando; su vida estuvo marcada por la Fe.
Esta película ha sido realizada a raíz de su muerte, junto con Sara, amiga y compañera en la Fe, mientras realizaba alpinismo en el Moncayo. Anecdóticamente, ellos habían manifestado en alguna ocasión que no les importaría morir en la montaña y sus últimas palabras fueron: “últimas palabras fueron: “Ya he llegado a la cima”.
Esto ocurrió hace un año, y creo que la película es muy reciente, ya que podemos ver a nuestro actual obispo (D. Demetrio) ya como obispo de Córdoba, al parecer amigo querido de Pablo.
El film hace una revisión a lo que es la opinión pública, respecto a la Iglesia y sus sacerdotes. No intenta engañar ni manipular la información sobre el concepto que la sociedad tiene sobre el sacerdocio, ya que a pie de calle nos muestra las diferentes posturas y opiniones que hoy en día se tienen de la imagen del sacerdote, los detractores y los defensores e incluso admiradores de éstos.
Pude comprobar que entre unos y otros hay mucha similitud en edades, cultura, aspecto físico, etc., la única diferencia entre ellos puede ser una experiencia personal negativa o simplemente una opinión preconcebida, por un desconocimiento real y sin embargo un dejarse llevar simplemente por la información negativa que hoy se lleva a cabo sobre los sacerdotes, en algunos casos justificada, pero son excepciones. Por otra parte está ese otro grupo muy diverso de personas que valoran positivamente a éstos y a lo que representan, también como los anteriores, desde una opinión personal, por experiencias vividas con sacerdotes o por el conocimiento que les han venido a través de otras personas.
En este aspecto es muy justo dejar ver lo que es la opinión pública de nuestro país.
Pues bien, intercalando entre estas opiniones, está el verdadero fin de la película, que es la biografía de un sacerdote enamorado inmensamente de Jesús, que vivió como tal en todas las facetas de su vida.
Los testimonios que pudimos escuchar de palabras de los que habían compartido vida con él, eran como pedazos cogidos del Evangelio, hechos vida. Por ello lo vivía todo con una gran alegría, mirando siempre lo bueno de cada cosa y de cada persona, con una postura a veces crítica, pero corrigiendo desde la comprensión y el cariño.
Disponible siempre para quien lo necesitara, estuviese lejos o cerca, él acudía a la llamada, un amigo decía: “era imposible que Pablo estuviese en tantos sitios a la vez, parecía como si se multiplicara”; y haciendo una reflexión dice: “esa fuerza no podía venir sólo de él, esa fuerza, estoy convencido, venía de Dios”. “Y sin embargo, cuando estaba contigo parecía que no tuviera que hacer nada, nada más que escucharte serenamente, compartir ese momento, y a veces cogiéndote de la mano lo decía todo”. También sus alumnos hablaban de él con una gran admiración y cariño, lo sentían muy cercano en su vitalidad, su alegría y su complicidad. Alguno dijo que lo sentía como un padre y había llegado a quererlo como tal. Conquistó el corazón de ellos e hizo que se enamoraran de Jesús.
Sus padres, que fueron los educadores en la Fe, manifestaban, al igual que sus hermanos y sobrinos, que habían encontrado más sentido y fuerza en la Fe gracias a él, llevándoles a poder vivir el momento de su muerte, tan doloroso, con la serenidad y esperanza que él les había transmitido, viendo en la muerte (como decía otro testimonio): “la puerta que se abre para pasar a un lugar mejor, esa puesta es lo único que separa a un lugar del otro, y sólo Dios sabe cuando abrirla”. En esta convicción viven, apoyados en el Señor.
Su padre dijo algo precioso que me emocionó, como otros muchos momentos: “ese Cuerpo y esa Sangre que tomo cada día, me une más a él porque él ya goza de la presencia de Dios, ese Dios que yo comulgo”. Hay muchas frases que me gustaría mencionar pero me extendería aún más y no quiero, pero todas ellas hablan de que Dios estaba muy vivo en Pablo, como decía, creo, el Cardenal D. Antonio Cañizares: “el cristiano tiene que sentirse feliz porque Dios se hizo hombre, y todo lo del hombre nos habla de Dios”. Pues bien, Pablo hablaba de Dios con su vida.
Y como él dijo en una entrevista donde le preguntaron en qué orden ponía cada una de sus facetas, como teólogo, filósofo y sacerdote, contestó: “1º sacerdote, 2º sacerdote y 3º sacerdote”, y según vemos así fue.
La belleza de su vida y de su persona es comparable a la belleza de la creación que pudimos ver en la película. la inmensidad de las montañas, la cercanía del cielo, la belleza, armonía y grandeza de lo creado, todo ello habla del inmenso amor de Dios al hombre, todo creado para despertar nuestros sentidos, y elevar el espíritu con ello. Esta armonía y grandeza del universo, también a Pablo le hablaba de Dios, le hacía ver más cerca el cielo. Por ello allí en las cumbres buscaba la paz, y la soledad que el ser humano necesita para encontrarse con Dios.
Una paz que transmitió a todos los que lo conocieron, incluso después de su muerte, por la que todos se rebelaron, porque ante los ojos del hombre hay muertes que parecen injustas, y se piden explicaciones a Dios, pero más tarde, con la serenidad, confiaron en los designios de Dios haciendo que la Fe se acrecentara, porque Pablo había sembrado una semilla buena y profunda en ellos, y los brotes empezaron a salir con fuerza.
Pablo fue luz para los que lo encontraron, por ello quería escribir esto, porque estas vidas llevan implícito el sello de Jesús y contagian al que pasa por su lado porque aman como ama Dios, sin condiciones.
¡Qué perfección! En la verdadera alegría y gozo del cristiano, ver la vida con estos ojos.
¡Si podéis, id a verla! os hará como mínimo reflexionar.
Un abrazo.
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#1 publicado por PEDRO 21/jun/2010 16:10
Mi mujer , mi hijo mayor y yo fuimos a verla ,eramos los unicos expectadores de la sala, pero eso no nos importó. Llegamos a la conclusión de que Dios sigue caminando entre nosotros a traves de sacerdotes como Pablo.
Gracias por este testimonio , el cual no podía quedarse oculto.