Presentación de pregonera y Pregón de Semana Santa 2010

por

Presentación de la Pregonera a cargo de Alfonso Ostos Ruz

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Sean mis primeras palabras para nuestra Madre, La Virgen de los Dolores, representada en este maravilloso Cartel de Semana Santa 2010.

DIÁLOGO CON LA VIRGEN

– Reina Soberana Virgen de los Dolores:

Pleitesía yo te rindo, implorándote mil perdones;

Pues a tu Templo venimos, a saciar nuestra sed en tu fuente

y nunca permiso te pedimos;

-Es cierto, Bendita Madre llena de Gracia, Dolor y de Esperanza,

que las puertas de tu casa , siempre abiertas están

y que te sientes dichosa, con que tan solo vengan a verte;

pero… favor yo te suplico , Señora Dolorosa,

para mi esposa Trini, que a presentarte vengo,

porque decirte una cosa tiene y no la puede guardar más dentro .

-Ya lo sé, Virgen Bendita, que bien conoces a tu hija pregonera,

y lo mucho que te ruborizan los piropos de los colonos,

pero tú, como Flor de las flores, Jardín de estrellas del firmamento entero,

bien sabrás disimular, el sonrojo de tu cara, por verla cumplir su sueño.

-Gracias a ti, Madre mía, y con tu soberano permiso……..

Buenas noches:

Queridos Párrocos, Hermana Mayor de la Hermandad de La Virgen de los Dolores, Hermanos Mayores de las  Hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Cristo de la Sangre que hoy nos acompañan, familia, querida pregonera y esposa, queridos todos.

Para empezar esta noche os diré que no estoy aquí a petición propia, mi presencia en este acto se debe a María Reyes,  Hermana Mayor de  la Hermandad de la Virgen de los Dolores, que con un asalto sugerente me encomendó la tarea de realizar esta presentación.

Cuando me dijo que debía presentar este año a la pregonera, Mª Trinidad Reyes Carretero, sentí miedo y a su vez me embargó la emocionante idea de poder hacerlo, ya que como bien me decía, quien mejor para hacerlo que quien lleva junto a ella toda una vida, pues en los años de nuestra juventud ya revoloteábamos juntos y  eso queda ya  bastante atrás.

Bien, intentaré con mis palabras transmitir lo mejor que pueda un poco de la vida y trabajo de esta ilustre pregonera.

Vio por primera vez la luz un 19 de mayo del año 1969, hija de matrimonio formado en la fe y que todos conocéis, Eloy y Jesulita, y que esta noche nos acompañan.

Cursa sus primeros estudios en el Colegio Purísima Concepción de Fuente Palmera y se especializa en técnicas administrativas en el Colegio San Luis Rey de Palma del Rio, de educación salesiana. Eran aquellos años de juventud cuando yo la merodeaba y cuando me enamoré de ella, amor que me ha traído hoy hasta aquí y así realizar mi más humilde presentación hacia su persona. En la actualidad presta sus servicios hacia la comunidad cristiana en el Despacho de don Rafael Aguirre como todos conocéis, así como su desinteresada tarea de atender a dos grupos de jóvenes en sus catequesis y además realizando los cursos de preparación al matrimonio junto a mi y a otros matrimonios que hoy también  nos acompañan. Es una incondicional colaboradora con la vida parroquial.

El amor hacia ella fue infundado por nuestra Señora de los Dolores ya que Trinidad ejercía por aquel entonces de costalera y yo para poder estar junto a ella, también debía acercarme a la Dolorosa.

Fue allá por el año   1988 y hasta 1994       cuando Trinidad ejercía de Hermana Mayor de la Hermandad de la Virgen de los Dolores,  es ahí donde yo me inmiscuyo, para seguir acompañándola  durante un  tiempo  en las tareas de la vida cofrade y me doy cuenta de que mi vida está ya junto a ella. Vida que me trajo  hacia el Sacramento del matrimonio con Trinidad ,  vida que me ha traído mucha felicidad y vida que nos ha regalado a tres maravillosos hijos y a una comunidad cristiana enorme con la que vivir nuestra fe y caminar juntos  hacia Cristo.

No tengo ni debo extenderme más, ya que hoy no es mi día sino el tuyo, pero tampoco quiero dejar pasar este momento para decirte que pongas todo tu corazón y toda tu alma en ello, no tengo ningún tipo de duda de que nos has preparado un pregón a la altura de tu personalidad lleno de contenidos y mensajes que nos llegarán directos al corazón. Ha llegado tu momento.

Tuya es la palabra.

PREGÓN SEMANA SANTA 2010

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Buenas noches y bienvenidos:

Señores Párrocos Insólidum D. Patricio y D. José Carlos, querida Hermana Mayor de la Hermandad de La Virgen de los Dolores, representantes de las otras Hermandades que hoy nos acompañan, querida familia y resto de hermanos en la Fe.

Debo expresar, en primer lugar, mi agradecimiento sincero  por esta presentación que se me ha hecho, por sus amables, y un tanto exageradas palabras hacía mi persona.

Gracias también, por haber puesto en mis manos, sin merito alguno, la enorme responsabilidad y el inmenso honor de poder hablar esta noche, de dar comienzo a esta fiesta tan importante para nosotros los cristianos, la Semana Grande para los que creemos en la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Queridos amigos, no es fácil expresar con palabras las vivencias y el sentimiento de haber pertenecido durante años a una Hermandad.

Escribir un pregón, según mi opinión, requiere poca teoría y mucho sentimiento. Porque si fuese “saber”, yo no tendría nada que hacer, el Señor me ha dado muchas cosas y algunos dones, pero no precisamente el don de la memoria ni el de la palabra. Por eso esta noche os voy a hablar de sentimientos.

Como alguien sabiamente me dijo, el pregón lo dicta la Virgen.

A la Virgen de los Dolores le pido que guíe mis palabras y me ayude a poder transmitir los sentimientos.

Para empezar os voy a decir que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, hermandad viene de la palabra hermano. Una de sus acepciones es: Amistad íntima, unión de voluntades.

La segunda parte (unión de voluntades) es lo que se hace en una hermandad para que todo funcione, cada uno trabaja según sus posibilidades, o incluso a veces más, se unen esfuerzos para conseguir el Fin de lo que se pretende.

Eso lo sabéis todos los que estáis dentro de una hermandad, muchas veces se deja atrás el trabajo, el tiempo de descanso, la familia.  Por mi experiencia personal, recuerdo, que dejábamos a los novios para ir a ensayar, para tener las reuniones, para arreglar nuestro paso etc. Otras que estaban casadas hacían lo mismo con sus maridos.

Más de una vez estas cosas nos han dado quebraderos de cabeza y malos ratos, pero como siempre viene el Señor a nuestro encuentro. Después de todo el trabajo llega la Semana Santa, y ves los pasos adornados con la imagen a la que tanto quieres… y se te va agrandando el corazón en el pecho.

Y cuando llega el momento de salir en procesión por las calles de tu pueblo, y te metes debajo del paso, y llega el olor a velas y a incienso y el capataz toca el martillo… se te para la respiración, te falta el aire y entonces sientes que el Señor te está recompensado tu esfuerzo.

Pertenecer a una hermandad muchas veces parece que no puede llevarte a Dios. Es cierto que muchas personas que están en la hermandad no vienen a recibir fuerzas  en la Eucaristía, pero también es cierto que el Señor siempre va sembrando, siempre nos está llamando, siempre está en nuestra puerta esperando  que le abramos.

Para demostrar que esto es cierto os voy a contar mi experiencia, cómo la semilla creció en mí estando en la hermandad.

Cuando estaba de Hermana Mayor era joven, los jóvenes nos creemos más capaces de hacer las cosas que los mayores. A los mayores se les ve como alguien que quiere seguir imponiendo sus ideas. ¡Nada más lejos de la realidad! Las hermandades necesitan en su Junta Directiva personas mayores, con experiencia de vida.

Dentro de mi hermandad tuve el honor de poder estar con dos personas que me han marcado la vida.

Una de ellas es Ana Moreno, cuando yo llegué  a la hermandad ella ya estaba ahí. Cuando quisimos hacer las cosas a nuestra manera, ella seguía ahí. Cuando necesitamos su ayuda, ella siempre estaba ahí. Nunca se fue, porque la fuerza que la mueve no es otra que el amor a nuestra madre La Virgen.  De Ana aprendí que no hay tempestades que puedan alejarte de Dios si tienes tu casa construida sobre roca.

Ese es un objetivo que una hermandad no debería de perder: construir su Fe sobre la roca que es Xto.

IMG_4329.jpgLa otra persona es Pepe López, nuestro hermano martillo. Una persona que jamás dijo una palabra más alta que la otra, siempre nos hablaba y nos trataba con respeto y cariño.

Ese cariño que Pepe nos transmitía es el que yo ahora, después de tantos años, le sigo teniendo. Como dijo el Señor: “En esto reconocerán que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros”. Jn13.  En Pepe López se puede reconocer el amor que le tiene a Jesucristo y a la Virgen.

Este es otro objetivo que una hermandad debería hacer suyo: Amar a los demás como a uno mismo.

Si os habéis dado cuenta, estando en la Hermandad de la Virgen de los Dolores, y sin entonces entenderlo, había aprendido lo más importante para vivir mi vida cristiana: Amar a Dios, amar a la Virgen y amar a los hermanos.

Algo que me encanta ver en la Semana Santa de Fuente Palmera (claro que no es que conozca muchas otras), es la trasmisión del sentir cofrade. En otras palabras, se me alegra el alma ver en una hermandad a personas que llevan muchos años en ella, trabajando en ella, luchando por ella, y ver a sus hijos participando en esa misma hermandad.

La primera parte de la acepción “hermandad” era: Amistad íntima.

¿Con quién debemos tener esa amistad íntima?, pues yo, en mi hermandad, con la Virgen de los Dolores.

——Mirad por un momento a la Dolorosa, mirad esas manos de dolor, mirad esos ojos, esa cara, esa expresión de dolor, esas…. Benditas lágrimas.

“Las Lágrimas de la Virgen María”

¿Por qué llora la Virgen?

En esta tierra, el amor y el dolor van muy juntos. S. Juan de la Cruz nos decía: “quien no sabe de penas no sabe de amores”.

Y es por esto que Cristo en el Sermón de la Montaña nos dio como tercera bienaventuranza:

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt. 5,5,)

El dolor, si no eleva y sublima, abate y aplasta. Por eso no todo dolor y llanto es bienaventurado.

Las lágrimas que Jesús proclama bienaventuradas son las que de alguna manera se refieren al reino de Dios y se contraponen al reino del mundo. “Vosotros llorareis y gemiréis, y el mundo se alegrará” (Jn 16,20)

Santa Catalina de Siena, en su famosa obra “El Diálogo”, tiene un precioso capítulo sobre las diferentes clases de lágrimas, su valor y fruto. Esta Doctora de la Iglesia distingue hasta cinco clases de lágrimas.

¿Lloró María Santísima?

La Virgen María sufrió muchas penas y dolores. Simeón le anuncia “!y a ti misma una espada te atravesará el alma!” (Lc 2, 35). Y los cuatro evangelistas nos narran acontecimientos que no podían menos de causar un profundo dolor en María.

El libro del Apocalipsis, nos describe a la “Mujer vestida de sol, con la luna a sus pies y coronada con una corona de doce estrellas sobre su cabeza, está en cinta, y grita con dolores de parto” (Ap 12,1-2).

Estos dolores son los que le produjo el parto sobrenatural de la Iglesia. El parto donde María nos recibe a todos como hijos, ocurrió al pie de la cruz de su Amado Hijo Jesús.  “Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27).

Y María, seguirá sufriendo dolores de parto hasta que su Hijo no haya nacido en todos los corazones de los hombres.

Sabemos que Cristo lloró al predecir la ruina de Jerusalén (Lc 19,41) y que también, derramó lágrimas ante el dolor de Marta y María por la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11,35).

De la Stma. Virgen María, los evangelios no nos lo dice de forma explícita, pero al narrarnos situaciones dolorosas en las que ella participó plenamente en su misión de corredentora, debemos concluir que si Ella realmente sufrió, debió entonces haber llorado, derramado muchas lágrimas de sus ojos tan puros.

Llorar no es imperfección cuando el motivo del llanto es santo. Llorar no es signo de debilidad, sino de fina sensibilidad.

A la Virgen Dolorosa se le representa con un corazón clavado con siete espadas.

Las siete espadas de la Santísima Virgen >>>

Estos representan los siete momentos culminantes de los dolores de la Virgen. Y se han representado esos siete dolores, con siete espadas que traspasan el corazón de Nuestra Madre.

La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús.(Lc 2,22-35)

  1. La Virgen María sintió dolor cuando Simeón le anunció que una espada de dolor atravesaría su alma, por los sufrimientos de Jesús.

La huida a Egipto con Jesús y José. (Mt 2, 13-15)

  1. La Virgen María sintió dolor cuando tuvieron que huir precipitadamente tan lejos, pasando grandes penalidades, sobre todo al ser su Hijo tan pequeño; al poco de nacer, ya era perseguido de muerte el que precisamente había venido a traernos vida eterna.

La pérdida de Jesús. (Lc 2,41-50)

  1. La Virgen María sintió dolor al perder a su Hijo; tres días buscándolo angustiada; pensaría qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de su cuidado y del de San José.

El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario.

  1. La Virgen María sintió dolor al ver a su Hijo cargado con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte; Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas; ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande; sufrió y se humilló hasta lo indecible, para salvarnos.

La crucifixión y la agonía de Jesús.(Jn 19,17-39)

  1. La Virgen María sintió dolor al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de su amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; ella misma también se sentiría morir de dolor en aquel momento.

La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto.(Mc 15,42-46)

  1. La Virgen María sintió dolor al ver la lanzada que dieron en el corazón de su Hijo; sentiría como si la hubieran dado en su propio corazón; ella, que había tenido en sus brazos a su Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora se lo devolvían muerto, víctima de nuestros pecados.

El entierro de Jesús y la soledad de María. (Jn 19,38-42)

  1. La Virgen María sintió dolor al enterrar a su Hijo; El, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en tierra; llevó su humillación hasta el último momento; y aunque supiera que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; le quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos. Como Madre le acompañó todos sus sufrimientos: y ahora… se quedó sola, llena de aflicción.

Notemos, que estos siete dolores están en relación con Jesús, porque el sufrimiento de María proviene de su total comunión con el Redentor. Sus corazones eran y son uno. Es por esta unión que los sufrimientos de Cristo, son los de Su Madre, y los sufrimientos de María, son los del Corazón de Cristo.

Ningún corazón de hijo quiere para su madre tanto dolor, ni cruz ni sufrimientos aunque sea inevitable.

Ningún cristiano se goza en el dolor de María, pero sabe cuánto valor tienen las espadas que atravesaron su corazón y las lágrimas de sus ojos.

Por este dolor podemos aceptar el nuestro, podemos pedirle su ayuda, sabiendo confiadamente que tendremos su consuelo.

Que puedo decirte yo, con mis torpes palabras, que no te hayan dicho una y mil veces, en tantos y tan bellos poemas.

A esta Dolorosa, imán y norte de nuestra hermandad quiero decirle:

“Mirando a tu manto soñé.

Viendo tus Dolores padecí.

Contemplando tus lágrimas suspiré.

Cuando quise hablarte enmudecí.

Quise rezar, Señora, y lloré”.

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo el corazón, donde mora la Trinidad Santísima.

Hermanos que esta Semana Santa todo lo que hagamos sea “Para Glorificar al Señor”.

Para terminar quisiera que todos juntos rezáramos esta oración a la Virgen. Gracias.

ORACION

¡Ay dolor, dolor, dolor,
por mi hijo y mi Señor!Yo soy aquella María
del linaje de David:
¡Oíd, hermano, oíd
la gran desventura mía!

A mí me dijo Gabriel
que el Señor era conmigo,
y me dejó sin abrigo
más amarga que la hiel.
Díjome que era bendita
entre todas las nacidas,
y soy de las doloridas
la más triste y afligida.

Decid, hombres que corréis
por la vía mundanal,
decidme si visto habéis

igual dolor que mi mal.

Y vosotras que tenéis
padres, hijos y maridos,
ayudadme con mis gemidos,
si es que mejor no podéis.

Llore conmigo la gente,
alegres y atribulados,
por lavar los pecados
mataron a un Inocente.
¡Mataron a mi Señor,
mi redentor verdadero!
¡Cuitada!, ¿cómo no muero
con tan extremo dolor?

Señora, santa María,
déjame llorar contigo,
pues muere Dios y mi amigo,
y muerta esta mi alegría.

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  1. #1 publicado por Paco López de Ahumada 21/Mar/2010 21:36

    Muy bueno, Mari Trini… Y sentido.
    Como bien dices, si el dolor no es fecundo, si el llanto no riega las flores, sino nos transforma para algo positivo y nos fortalece… no merece la pena. El dolor es para asumirlo, y transformarlo en fecundidad vital.
    No puede haber otro dolor que el dolor del parto, porque siempre se espera que nos aporte un momento de verdadero gozo.

(No será publicado)