SIEMPRE DE BUEN ÁNIMO PARA COMENZAR EL CURSO

por

Hace unos días leyendo el Evangelio (Lucas 7, 1-10), pensé mucho en las palabras dichas por este evangelista sobre lo que aconteció cuando Jesús entró en Cafarnaúm. Llegó a oídos de un centurión que Jesús pasaba por allí, este hombre tenía un criado que estaba enfermo, a punto de morir, y era muy querido por él. Mandó a unos ancianos judíos a rogarle a Jesús que fuera y salvara a su siervo, y Jesús aceptando su petición fue con ellos. Cuando estaban llegando el centurión mandó a decir: “Señor no soy digno de que entres bajo mi techo ni tampoco de venir a pedírtelo personalmente, pero Tú dilo de palabra y mi criado sanará. Jesús al oír estas palabras se admiró de él por su gran fe. Su siervo quedó sano”.
Pues al meditar esto, me doy cuenta de que Jesús está siempre solícito a nuestra llamada, es como un criado fiel para nosotros, que sólo necesita que le pidamos con fe.
Pienso también en como la caridad y la humildad nos hace siervos de nuestros semejantes. El centurión aún siendo superior se pone al servicio de su siervo, podría haber pedido para su propio beneficio, aprovechando que estaba cerca de Jesús, sin embargo, antepone a su siervo sirviéndole como Jesús le sirve a él. Solamente la humildad nos puede ayudar a coger este camino del servicio.
También me doy cuenta que la casa a la que el Señor quiere entrar es nuestro corazón. Si le llamamos para que nos sane, vendrá a nosotros, pero sólo nuestra humildad y nuestra fe harán posible que pase y se quede, curando todo mal que habite en nosotros.
Pensando en este nuevo curso pastoral, me veo indigna de dar catequesis, no me acompaña ni la sabiduría ni la capacidad para afrontar cada semana la tarea de evangelizar a mis niños jóvenes, transmitiéndoles conocimientos, palabras y hechos, para llevarles a Cristo.
Es miedo lo que siento cada semana cuando me pongo delante de ellos con las manos vacías. Este Evangelio me ayuda a decirle al Señor: “Yo no soy digno de que te hayas fijado en mí, para llevarte a otros, pero una sola palabra tuya me basta para ponerme a tu servicio y decirte: Hazlo por mí, yo soy un instrumento en tus manos”.
Soy consciente de que cuando el orgullo me hace pensar que por mi misma puedo, es cuando fallo, porque no sirve esa actitud para llevar a Cristo a los demás.
Esta lectura me gusta especialmente porque es de donde viene la oración que decimos en la Consagración: “Yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”, justamente antes de recibirle a Él.
Él es quien sana nuestro interior, es el que todo lo puede en nosotros, si nos dejamos hacer.
Con esta disponibilidad quiero empezar la catequesis y todas las tareas que el Señor me encomienda, sintiendo que no soy digna, pero que Dios que sabe lo que hace, me ha llamado, sólo tengo que dejarle entrar en mi corazón, y que Él dirija cada acto y cada palabra que salga de mi boca.
Sé que fallaré, me caeré, me desanimaré, pero esa debilidad Él la utilizará para tenerme más cogida, para no sentirme autosuficiente sin necesidad de Él, y volver a pedirle: “Señor, ayúdame, sin ti no soy nada, sólo valgo en la medida en que me entrego a ti”.
Recemos unos por otros, para que Cristo nos conceda la humildad, la generosidad y la fe del centurión, haciendo que la tarea que cada uno tiene por delante sea cual sea, la afrontemos desde el amor a Él que es el que nos mueve a hacer su voluntad.
¡Ánimo, lo que hagamos con los demás se lo hacemos a nuestro Señor!
Un abrazo.

  1. #1 publicado por Patricio 9/Nov/2013 00:31

    Y no pierdas nunca ese sentimiento de pequeñez e ineptitud , porque de lo contrario se vuelve uno presuntuoso y soberbio. Sin miedos, pero sintiéndose pequeño. Sin peros y confiando totalmente en que el que nos ha llamado a trabajar en su viña nos dará todas las herramientas necesarias para hacer un buen trabajo. Ánimo JUANITA!!! Y ánimo a todos los que calladamente y sin aspavientos trabajáis por el Reino de Dios en esta Parroquia de la Colonia. Un fuerte abrazo

(No será publicado)