Queridos todos:
Hay un dicho popular, muy usado entre los curas, que dice: “la primera novia es la que más se quiere”, refiriéndose a la primera Parroquia que se ha tenido. Y eso es de lo que quería hablar en esta noticia, aunque ya es sabido de todos los colonos: el cambio de José Carlos, o mejor dicho, su estancia durante estos 4 años entre nosotros. No puedo hablar en primera persona, porque eso le correspondería a él hacerlo, sobre su experiencia, pero creo que sí puedo hacerlo como párroco, compañero y hermano en el sacerdocio.
Más que hablar, me remito a vuestra actitud respecto a él desde que nos enteramos todos de su traslado: la misma mañana que hizo público su nuevo nombramiento en Carreteros, afloraron lágrimas que me hicieron conmoverme a mí mismo, que lo sabía del día de antes. Después lo dijo en Fuente Palmera y los rostros se sonrojaron y entristecieron de pena porque se marchaba su cura. Lo he comprobado en multitud de ocasiones, pero quizá en esta ha sido más notable, el cariño que los colonos de la Parroquia tienen por los sacerdotes, despues de haber pasado por épocas dolorosas.
Más adelante, el día 1 de Agosto, fui testigo de una peregrinación de feligreses hasta el Higuerón, para acompañar al que, en ese mismo día cesaba como párroco de la Colonia, para empezar a ejercer en Córdoba; el autobús y la multitud de coches que se iban dejando ver, era la mejor expresión de vuestro apego al que llegaba hace 4 años, casi sin saber decir la misa. Por encima, estimo que unos 100 colonos os personásteis, a pesar del calor para demostrar, una vez más, vuestro cariño a José Carlos.
Pero el cúlmen de vuestra grandeza, lo demostrásteis el domingo pasado, en la misa de acción de gracias, que celebraba, como colofón a una etapa de duro trabajo, enormes alegrías, sinsabores, críticas recibidas y alabanzas hechas. Una parroquia llena, hasta quedar gente de pie, un coro que se desgañitaba y sacaba su mejor voz, para pagar al Señor, el director de coro que les había enseñado que el canto hay que hacerlo con fuerza, un montón de regalos, que llegaban de familias, aldeas, asociaciones y hermandades. Hasta hermanos que no vienen a misa habitualmente, y ese día no quisieron faltar a la despedida del que había sido su catequista de confirmación, su paño de lágrimas o su alegría; venían a despedirse de su “cura”. Las lágrimas se dejaron caer por muchos rostros, señal del buen sabor de boca que ha dejado en tan sólo 4 años.
No quiero hacer una canonización, porque, como él mismo decía en la homilia, quedan patentes sus faltas, pero como Dios hace muy bien las cosas, me puso al lado un compañero que me ha enseñado cosas que nunca le he dicho a él y que tampoco las voy a decir aquí, no os lo tomeis a mal. Igual que tengo un recuerdo inmejorable de Domingo, de este barbudo me quedarán horas de intenso trabajo, organizando la enorme cantidad de actividades parroquiales que tenemos y ratos de charla y de risas, también parroquiales . Aunque creo que estarás de acuerdo conmigo, José Carlos, en que donde más empeño pusimos y el día que estábamos pletóricos fue la inauguración de la Parroquia de Fuente Palmera, que parecía, no iba a llegar nunca. Siempre se planteaba un problema nuevo y miles de circunstancias en contra. Tu nombre no queda en ninguna placa de marmol elegante inmortalizando ese día, pero sí que queda tu sudor en los cimientos de ella y tu disponibilidad al trabajo que fuera, para dejarla como está.
Aunque no le gustó la idea cuando se lo dije, como ya está hecho, os lo comunico para que lo sepáis. En la reja que se mandó levantar para el Sagrario, irá colocada una placa con su nombre. La mandé grabar sin que supiera nada, porque sabía la respuesta y la cara que me iba a poner. Esta reja era una idea que nos llevaba tiempo rondando por la cabeza, pero no sabíamos en qué momento. Y como no habíamos dejado constancia del año sacerdotal, decidimos levantarla, en honor de Aquel que nos llamó a trabajar en su viña ( aquí o en el fín del mundo ). A la vez que colocar 2 ángeles lampareros, que custodien el Sagrario, día y noche, con sus luces encendidas. Como ha sido culpable de esto, es de considerar y dejar patente su culpa, con unas letras que no se borren facilmente con el paso del tiempo.
Ya tenéis en esta querida página las fotos del día de la despedida y, como aquí no hay misa sin comida, lo celebramos con alegría (por lo menos externa) en la piscina que, generosamente nos prestaron los socios del Arroyo de la Plata. Arte derrochado en los platos que preparásteis y en los cantos de después de la cena. Hay que saber llorar y divertirse como cristianos. Aquí sabemos hacerlo. Todo porque su “cura” se llevara, además de otros muchos, el mejor recuerdo de esta Iglesia en la Colonia que camina y que quiere a sus curas entrañablemente.
¡Gracias Señor!, ¡gracias José Carlos!, ¡gracias cristianos colonos!. Un fuerte abrazo.
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#1 publicado por Paco López de Ahumada 17/sep/2010 19:59
Pues hasta siempre, José Carlos, lucentino y paisano. No ha sido especialmente significativa la coincidencia de los dos en algún que otro momento o espacio, pero bueno, me basta que la gente te guarde un gran afecto para alegrarme también yo de que tu despedida se haya compensado con el cariño de los colonos.
Te deseo lo mejor en el Higueron. Afortunadamente el mundo está lleno de gente buena.