Una historia de amor

por

Carta a Barbara Castro García de su marido tras su muerte.

Hola Princesa!
Hoy he decidido contar a los demás lo que han sido estos dos años para los dos.

Lo que te ha costado llegar hasta aquí. Lo que has luchado por tener a nuestra hija. Lo que has sufrido… y todo ha sido por AMOR. Amor a tu hija, amor a tu familia, amor hacia mí y también amor a Dios.

¿Te acuerdas de nuestra vida? Lo que nos queríamos, los planes que teníamos juntos, nuestra casa, nuestros viajes, nuestros amigos y familia y recientemente el fruto de nuestro AMOR, nuestra hija tan deseada. ¿Te acuerdas el día que descubrimos que seríamos papás? Nos enteramos en casa por la mañana, te acompañé a desayunar, teníamos una sonrisa de tontitos que no se nos borró durante meses. ¿Qué felices éramos verdad?

¿Te acuerdas todas las noches cuando rezábamos juntos en la cama? Nos dábamos la mano bajo el edredón y dábamos gracias a Dios por tanta felicidad que nos rodeaba, por nuestra vida, por estar a nuestro lado, por los que nos queríamos, para que a todos les fuera bien. Incluso pedíamos para que se acercara a aquellos amigos y familiares que creíamos más distanciados de Él. Pedíamos salud para ellos, quizás se nos olvidó pedir para la nuestra, ¿no crees?

Fueron unos meses que nunca podía haberlos imaginado mejores. ¡Gracias por ser el pilar de mi felicidad!

Fue un 15 de Julio de hace ya dos años cuando el Señor nos puso una prueba de Amor. Frenó en seco nuestra vida y rápido te pusiste en marcha. Desde la Fe, luchaste por tu hija que ya sentías con fuerza en tu vientre, aguantabas dolores que nunca imaginabas que existieran y te resististe a que nadie, nada más que Dios, eligiera el día de su nacimiento. Así fue. Yo no pude más que acompañarte, ayudarte y quererte cada día más para que fueras fuerte.

¡Lo conseguiste!, nuestro bebé estaba ya en nuestros brazos. Aquel 1 de Noviembre de 2010 fue un paréntesis de felicidad en estos dos años, se nos olvidó tanto sufrimiento arrastrado, tanto dolor. En Barbarita veíamos el fruto de nuestro Amor, ¡por eso ha salido tan guapa! Y es que nos queríamos tanto, tanto. En este momento, me estoy acordando cuando tu madre nos decía alguna vez durante este tiempo:

“Tenéis una suerte increible de haberos encontrado y haber sentido lo que sentís el uno por el otro. Os queréis de una forma muy muy especial, muchísima gente fallece de viejo y no ha sentido el amor por y con el otro como vosotros. ¡Da gusto veros!, tenéis que dar gracias a Dios por haberos conocido.”

Rápidamente el mazazo de la realidad volvió a golpear nuestras cabezas, se había pospuesto la guerra de nuestra vida. Un demonio venía por ti, a por mí, a por nuestro hogar, a por nuestra familia. Tú, le miraste con mucho miedo, pero inmediatamente nos pusimos todos a una a ayudarte. ¡Teníamos que ganar como sea! Te acuerdas cuando te decía:

“Vida mía, estoy seguro que el Señor nos ha dejado esta batalla porque sabe que somos capaces de ganarla, que tú y yo somos fuertes, que no nos vamos a rendir, y que además, nuestro motor para la lucha va a ser nuestra Fe en Él.”

Lo que también te dije es que:

“Presentía que íbamos a sufrir mucho, que sería muy duro y que probablemente muy largo, pero también te garantizaba que por muy duro que fuese más tarde yo me iba a encargar de que fueras la persona más feliz del mundo que hubiera sobre la tierra, que todo esfuerzo merecería la pena, que disfrutaríamos de nuestra hija, y que nos teníamos que preparar para un tiempo indefinido y horrible. ¡Ganaremos vida mía, ganaremos!”.

Hoy, nos queda lo más difícil: buscarle sentido a todo esto que nos ha pasado. Por muy raro que le parezca a todo el mundo, estoy seguro que el Señor nos ayudará a encontrárselo. A mí ya me está ayudando estos días, no me deja solo, se ha empeñado en no soltarme y en cuidarme. ¡Le necesito! A ti, te dará mucho más amor del que yo pudiera darte jamás. Además, estoy seguro que te tiene reservado un lugar muy especial en el cielo, ese lugar donde muy pocas personas pueden ir, y donde espero, haya un sitio pequeñito donde yo pueda acompañarte algún día. Siempre supe que mi compañera de vida era alguien muy especial, y espero que tanto Barbarita como yo sepamos honrarte como te mereces.

GRACIAS por habernos querido tanto. A tu familia y amigos, a tu hija y también a mí. Nos has dado una lección de AMOR. Con tu lucha estos dos años nos has demostrado el amor más inmenso que podría imaginar. Algún día Barbarita y yo nos miraremos y diremos juntos: ¡Qué orgullosos estamos de Mamá!, por ahora lo diré yo: ¡Que maravillosa eres! ¡Estoy muy orgulloso de ti reina mía!

GRACIAS VIDA MÍA. Te echaré de menos cada día que yo esté aquí.

Te amo.

Tu eterno marido.

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  1. #1 publicado por Angela 29/Jul/2012 02:30

    Que hermoso, de verdad solo el Señor les ayudará a encontrarle el sentido a lo que han vivido

(No será publicado)