Vivencias de una peregrinación

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Quiero escribir sobre un viaje-peregrinación que personalmente pienso nos ha colmado de buenos momentos y ha superado lo esperado.

Es verdad que en torno a todo buen acontecimiento todos nos hacemos grandes ilusiones, al menos a mi me ocurre. Me imagino como será y de alguna manera me ilusiono con aquello que creo puede aportarme cosas buenas, e incluso disfruto de la espera.

Pues bien, en este viaje sentía todo esto, pero sin embargo tenía incertidumbre y temor a que nuestro encuentro con el Papa no fuera lo esperado, y el viaje no despertara en nosotros mucho más que cualquier visita por tierras de Galicia.

La hermandad había hecho un esfuerzo muy grande para que todo saliera bien, pero la realidad estaba allí, todo el mundo quería ver al Papa y participar de la Eucaristía, pero para todos no era posible, y con ello contábamos.

Estábamos resignados a verlo en el papa-móvil o desde alguna pantalla. En fin esa era la situación, pero nos convencía la idea de que lo realmente importante era estar allí y vivirlo con el espíritu.

Los días previos a la visita del Papa resultaron ser un regalo de Dios, superaron con creces los planes de todos.

Paco hizo que la oración fuera parte fundamental de cada día, las Eucaristías tuvieron un simbolismo especial por los lugares en los que fueron celebradas, por las palabras de Paco y por el espíritu con las que las vivíamos.

El estar en estos lugares y el poder acceder a ellos, tenemos que agradecerlo a la disponibilidad de Mercedes nuestra guía y Pepe nuestro chófer, que se esforzaron para que así fuera. Agradecer también los detalles que han tenido con nosotros, que estaban al margen de su trabajo. En fin, que ha sido muy agradable viajar con ello, y gracias a la hermandad que ha sido cómplice para que todo saliera como ha salido, perfecto!

Todos los días han tenido algo especial, pero el que nos colmó de alegría, especialmente a Paco, fue el jueves, que madrugamos para llegar temprano a Santiago, poder entrar sin aglomeración por la Puerta Santa, abrazar al apóstol y orar en la cripta. Y así fue, además de poder pasear y disfrutar por las bellas calles del casco antiguo de Santiago, por las que parece que el tiempo no pasa y te impregnas de otra época. Y más tarde, a las doce, la Misa del Peregrino, en la que nuestra sorpresa fue ver a Paco revestido para concelebrar la Misa con el grupo de sacerdotes y el Sr. Arzobispo de Santiago, con el privilegio además de proclamar el evangelio y verter el incienso en el botafumeiro, que ese día, como excepción, fue lanzado y pudimos disfrutar de su belleza y su aroma. Paco no daba crédito a lo que le había pasado. Pues bien, con todo esto el viaje había merecido la pena, el apóstol nos había colmado de gozo.

Hubo dos días muy bonitos también, en los que la eucaristía la celebramos en dos marcos incomparables, uno en el Monasterio de Pois, donde pudimos ver la belleza que plasma el hombre con el trabajo de sus manos, en esos monumentos hechos con materiales nobles, creados por la mano de Dios, lugares que están hechos para la oración, y su silencio te llama el recogimiento y la paz. El otro lugar, la ermita de la Virgen de la Lanzada, que además de ser muy bonita, está enclavada en un lugar donde la mirada se pierde y se vuelve alabanza a Dios por todo lo creado por amor al hombre, en este caso la inmensidad del mar.

Ha habido momentos para la fe, para nuestro ser interior, para disfrutar con la vista, con el oído, con el olfato, y con todos lo sentidos…

Hemos contemplado la belleza del arte y de la naturaleza, hemos oído palabras importantes para el hombre.

En cada Eucaristía, en cada homilía, hemos disfrutado de la música y la voz de la coral, y hemos escuchado el sonido del mar, hemos sentido el olor purificado del incienso y de la naturaleza, y hemos disfrutado de aquellos sentidos que despiertan el abrazo de la paz.

Todo esto se vuelve alegría y bienestar, y no han faltado risas y llantos de emoción.

Ha sido un viaje corto pero intenso. Hemos podido conocer mejor al otro y admirar lo que puede hacer la fe y la fuerza de voluntad en los mayores, con los que nos hemos volcado para arroparlos y ayudarlos, y ellos nos han dado su ejemplo.

Hemos echado de menos a los que no estaban, también con ellos nos hubiera gustado compartir estos momentos.

Todo esto ya colmaba nuestro viaje, pero sin embargo el Señor nos tenía reservada otra sorpresa.

El día de la visita del Santo Padre partimos para Santiago a las seis de la mañana, llegamos allí aún sin amanecer, el autobús nos dejó a las afueras de Santiago, no podía acceder más adentro, y pusimos rumbo hacia donde pudiéramos llegar, y sobre la marcha ver qué hacíamos, el esfuerzo podía ser en vano, pero había que intentarlo.

El ánimo nos ayudó a andar casi dos horas. Poco a poco nos colocamos en los alrededores de la catedral donde aparecían personas por todos lados, nos metimos en una fila que accedía a la plaza y avanzando nos encontramos con la Plaza del Obradoiro. ¡No podía creérmelo! Me invadió una sensación de alegría y emoción, lo habíamos conseguido! Tantas personas allí y nosotros estábamos dentro. La oración y nuestro esfuerzo lo habían hecho posible. ¡El Señor nos había conducido hasta el altar!

Esperar siete horas en la plaza hasta el momento de la Eucaristía no se hizo, al menos a mí, nada pesado. No falto el ir y venir de gente, de risas, de cantos… en fin, que sin darnos cuenta, allí estaba el Papa y nosotros participando de la Eucaristía, presidida por el sucesor de Pedro.

Las palabras que se escucharon en esa celebración son fruto del discernimiento, de la oración y de una inmensa sabiduría. El Papa se dirigió al corazón del hombre y de una sociedad que necesita escuchar cuál es el verdadero sentido de la vida. Con sus palabras nos incitó a volver a nuestras raíces, a impregnar nuestra sociedad de los valores cristianos y como consecuencia hacer ésta más justa, más comprometida con todo aquello que es bien para el hombre, donde reine la paz que nace como consecuencia del respeto a la dignidad del otro.

Habló de nuestro compromiso con los pobres y desfavorecidos, de una sociedad en crisis económica y de valores, donde hay que poner en práctica la generosidad y el amor a los hermanos.

Felicitó y agradeció a la Iglesia la generosidad que manifiesta en las obras de caridad en unos momentos de grave crisis económica y la labor realizada fuera de nuestro país donde toda la ayuda es necesaria.

En fin, Paco en su artículo nos ha redactado muy bien y claramente el mensaje del Papa, leámoslo, no tiene desperdicio.

Yo quiero acabar con una frase que me quedó muy gravada, aunque no sean palabras textuales el sentido es este: “Peregrinar no es otra cosa que salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios, allí donde El se ha manifestado”.

Entonces entendí que nuestro viaje también era una peregrinación, pues esa era la actitud que intentábamos tener.

Simplemente nuestra vida debe ser una constante peregrinación.

Un abrazo.

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  1. #1 publicado por Isa 18/Nov/2010 19:46

    Gracias por relatarnos con tanto detalle lo que habéis vivido, para los que no pudimos estar allí. Desde luego con tan bonitas palabras nos transmites la intensidad de la experiencia. Me alegro por todos los que estuvisteis allí.

  2. #2 publicado por Patricio 19/Nov/2010 01:04

    Ole por esa parroquia buena que tiene un sentido profundo de Iglesia y que se hace presente en momentos de especial importancia: que hay que defender la vida y la mujer embarazada… un grupo de Fuente Palmera adonde haga falta, que viene el sucesor de Pedro a la otra punta de España… allí un autobús a construir Iglesia y comunión, que hay que rezar por los curas y las vocaciones… el jueves la iglesia cada vez más llena a suplicar al Dueño de la mies.¡ Ánimo a todos! Una Parroquia valiente da muchos frutos buenos. Gracias Juani por tu crónica, a M. José y a Paco por las suyas, también. Toda la Parroquia estuvo allí, porque parte de ella hacía presente al resto. Un abrazo

(No será publicado)