Con Cristo hasta la muerte

por Patricio

Mis queridísimos hermanos:

Desde este pequeño “exilio” en Madrid, donde el Señor me ha enviado para ampliar mis estudios y así servir a la Iglesia, os escribo este boletín parroquial de Octubre, con el único fín de que os sirva para continuar en esta increíble Aventura en que un día nos aventuramos emprender. He querido titular este artículo “con Cristo hasta la muerte”, no porque os esté invitando al martirio, sino a no abandonar nunca esta fe tan grande que nos regala Dios, por muy pesados que nos parezcan nuestra cruz y nuestros sufrimientos. En muchas ocasiones os he podido alentar en esos momentos duros que me habéis confiado, unas veces sufriendo yo con vosotros y otras cargando con pesares propios dentro de mí mismo. Pero la verdad es que si no fuera por Aquel que da sentido a todo, “que lo penetra todo y lo invade todo” habríamos tirado todos la toalla hace tiempo.

¿Por qué os digo todo esto? Pues porque el sufrimiento es común a todo el mundo y, aunque lo nuestro parezca lo más grave, hay otros muchos a mi alrededor que cargan con una cruz  más pesada  que la mía y que están necesitando un hombro para llorar o unas palabras de aliento para seguir luchando por la vida, por la familia, por los hijos, por un puesto de trabajo, etc. Tenemos que decir como Pedro: “Señor, ¿ a quién vamos a acudir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”.

No podemos desesperar, no podemos huir, no podemos dar la espalda al Señor, porque es el Único que nos entiende verdaderamente, que nos puede dar la medicina y el consuelo y que no se va a cansar de nosotros, de nuestras quejas o agobios; Él siempre estará pero, ¿vamos a estar nosotros?

En estos dos días que llevo en esta ciudad tan poblada, pero donde la gente está tan sola, no podéis imaginaros lo que os estoy echando de menos a toda la parroquia. Es paradógico que el pastor esté separado de su rebaño, que pueda pastorear a tantos kilómetros de distancia, pero si el Señor lo ha querido así, algo bueno querrá; en el Cielo nos enteraremos. Esta situación me hace darme cuenta de que los hilos de mi vida los mueve Él y que no busca hacerme sufrir, sino hacerme un instrumento en sus manos, aunque muchas veces no lo entienda porque ¿quién soy yo para decirle a Dios lo que tiene que hacer? La cruz no tiene la forma que yo quiera darle, esa forma no me toca a mí elegirla, porque eso me lo van a dar hecho; lo que me toca a mí es tomarla, amarla, dejarme la vida en llevarla hasta el Calvario y, sobre todo ofrecerla, para que dé frutos y esos frutos duren. Si os cuento todo esto, es para que aquellos que cargais ahora con cruces, que no sois pocos, las llevéis como seguidores ejemplares de un Señor que entregó su vida en una de ellas, mejor dicho, en La Cruz.

En nuestras manos está hacernos unos santos o unos apóstatas, no somos marionetas de Dios, sino que nos ha dado libertad plena y una fe que es el “prospecto” para que usemos esta vida correctamente, alabando y sirviendo, hasta la muerte al que nos quiere y nos busca para que sintamos ese amor más de lo que podemos imaginar. La cruz no es el final, después viene la Resurrección Triunfante. Por eso desde aquí unas veces y en persona otras, os animo a no tirar la toalla, sino a acudir frecuentemente al Sagrario, a la Eucaristía, aunque no sea Domingo, a la dirección espiritual con un sacerdote, a la oración, porque si no, no encontraremos nada en este mundo que dé un mínimo consuelo a nuestros corazones afligidos.

Sin nada más que deciros, sólo animaros a que, en medio de esos sufrimientos (que lo son también de vuestros curas), pongamos por bandera nuestra fe y nuestra lucha por ganar la “corona que no se marchita”. En el Sagrario tenemos nuestro teléfono para comunicarnos y mandarnos las mejores bendiciones unos a otros.

Un fuerte abrazo a todos.

  1. #1 publicado por VALLE 7/Oct/2009 22:23

    GRACIAS ,POR ESTAR SIEMPRE CON NOSOTROS , POR TENER PALABRAS DE CONSUELO Y PAZ AHHHH Y CUIDATE.

(No será publicado)
Notificarme de los siguientes comentarios por email.