“En el corazón de la Iglesia, mi madre…”

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Hola de nuevo a todos:

Como nadie se anima a escribir, aprovecho de nuevo para hacerlo yo. La frase que encabeza este artículo no es mía, sino de una gran santa, como fue Sta. Teresa de Lisieux; “en el corazón de la Iglesia, mi madre, yo quiero ser el amor”.

He escogido este texto para introducir el boletín del mes en el que celebramos con solemnidad el Sagrado Corazón de Jesús, una devoción muy arraigada en nuestra tierra, en la cual Él mismo prometió que reinaría con más devoción que en otros lugares del mundo.

El corazón es el motor de nuestra vida pero es también de donde sale todo lo bueno y lo malo de la persona. Así, cuando queremos expresar que una persona no actúa como tal, decimos “no tiene corazón”, o ” qué mal corazón tiene”; y si queremos expresar que una persona es buena lo verbalizamos ” tiene un corazón grande, o de oro”. Y Nuestro Señor también tiene corazón, tiene un Corazón Sagrado, de carne, que siente, que ama, que se duele…

El corazón es el centro de todo. Hace de bomba para que la sangre riegue todo nuestro cuerpo, está en mitad de nuestro pecho (y no a la izquierda) y da nombre incluso al dedo que se encuentra en el medio de nuestra mano.

Entonces, en conclusión, el corazón es vital para nosotros, como lo fue para Sta. teresa la Iglesia. No sólo para ella, sino para todos los que han vivido su fe de tal manera que ha configurado toda su vida orientada a Cristo: los santos. Cualquier persona que se precie de amar a Dios sobre todas las cosas, no puede menos que llamar y tener como madre a la Iglesia, nacida del Corazón  de Cristo traspasado por la lanza. No es un invento humano, que hubiera acabado hace siglos, como toda forma de gobierno que establecemos los hombres (imperios, repúblicas, dictaduras, democracias…)que, antes o despues, se convierten en pasado. El mismo Apóstol nos avisa: “no os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas. Jesucristo es el mismo hoy, ayer y siempre”.

La Iglesia, lejos de ser sólo formada por jerarcas está compuesta en su mayoría, por fieles bautizados, que la edifican en la medida que sirven a Cristo y no a otros señores. Los obispos están costituyendo consejos de fieles en las diócesis (entre ellas, la nuestra) porque quieren escuchar a aquellos que trabajan diariamente en la viña del Señor. Es algo que fomenta el diálogo, la creación de propuestas y la escucha atenta a las inquietudes de todos los grupos católicos de la provincia. Como decía bellísimamente Benedicto XVI a los sacerdotes que firmaron una polémica carta contra el celibato sacerdotal: “no hay que salirse de la Iglesia para cambiarla sino que hay que hacerlo desde dentro”

Yo sé perfectamente los defectos que tiene mi madre carnal. Pero no me tengo que borrar de su libro de familia para cambiarlos ni tampoco los voy a ir pregonando por la calle, porque la quiero. Por supuesto, no consentiré que nadie venga a criticármela en la cara, porque me batiré el cobre con él. Si alguien puede decirle algo seré yo, su hijo y lo haré con el cariño que necesite para cambiar aquello en lo que no actúe correctamente. Por supuesto, rezaré por ella también para que no sea sólo lo que yo, con mis pobres fuerzas le diga, sino que sea la fuerza del Señor la que la transforme.

He hablado de la que me dio la vida a este mundo y me abrió los ojos a la luz y la que me amamantó y educó como mejor supo hacer. Pues esto mismo que cada uno lo traslade a la Iglesia. Los pecados mas dolorosos para la Iglesia no son los de los de fuera, sino de los de dentro. El mayor daño hecho, no lo hicieron los emperadores que la masacraron, sino el de los bautizados tibios. La mayor mancha no es la de los que miran y gritan desde la puerta, sino la hecha por los consagrados que apuñalamos su corazón desde cerca.

Desde dentro, sin deserción, sin rencores, sin mirar sólo la prostitución(y sin olvidarla tampoco)sino también la santidad. Sin olvidar lo que somos y sin sumarnos a la apostasía silenciosa, trabajemos. Trabajemos sin descanso para que no quede ningún pobre sin atender, para que no quede nadie que no haya escuchado el Nombre Santo de Cristo, para que no quede ningun enfermo sin el alivio de los sacramentos y la compañía…

No lo hemos elegido nosotros a Él. Nos ha elegido Él a nosotros. La Madre Iglesia nos ha dado a luz en el bautismo, nos ha amamantado en la Eucaristía, nos ha perdonado en la confesión nuestras rebeldías y nos ha enseñado lo mejor que ha podido el camino a seguir para la verdadera felicidad. ¿Cómo la vamos a abandonar en la residencia con todos los hijos que tiene? ¿ Seremos capaces de dejarla en la gasolinera porque me resulta molesta? ¡ Qué mal le pagaríamos el que haya dado la vida y las fuerzas para que nosotros saliéramos adelante!

Mucho ánimo. Que también nosotros seamos en el corazón de nuestra Madre, la Iglesia, el Amor.

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