Haciendo Ejercicios Espirituales con los que dentro de unas horas serán ordenados sacerdotes, no me sale decir otra cosa que: ¡Gracias, Señor!.
Gracias porque no dejas de acordarte de tu Iglesia a la que sigues enriqueciendo con nuevas vocaciones, porque no dejas de bendecir nuestra Diócesis con un abundante número de sacerdotes y gracias, muchas gracias por haberme elegido a mí también.
En un mundo un poco confundido por tan distintas corrientes: el individualismo, el relativismo…estos jóvenes tienen un norte muy claro; servir a Cristo vivo hasta la muerte.
Se me viene una pregunta a la mente que estos días hemos escuchado hasta la saciedad: ¿dónde estaba Dios en los terremotos de Haití o de Chile? Aquí, habría que responder con otra pregunta: ¿cómo que dónde estaba? Estaba a dos manos moviendo los corazones del mundo entero para que arrimasen el hombro, estaba movilizando voluntarios, estaba aflojando nuestros puños cerrados que no ven otra cosa que nuestra propia necesidad, estaba dando fe y aliento a los supervivientes, estaba recibiendo en su Casa, las almas de aquellos que habían vivido una fe honda dentro de su miseria material, porque ” bienaventurados los pobres, porque ellos poseerán la tierra”.
¿ Y se atreven tantos a preguntar dónde está Dios?. Precisamente aquellos que lo echaron a patadas de sus vidas, por sus pecados, por su rechazo expreso a su Iglesia o a los Crucifijos, a una educación cristiana de los hijos, a una vida coherentemente cristiana. ¿Ellos son los que piden rendir cuentas a todo un Dios? No parece serio, ¿verdad?.
Pues ante estas exigencias, ante tanto rechazo a Dios, a la fe, ante tanto miedo a hablar de Dios públicamente, o a vivir en cristiano, 11 jóvenes con toda la vida por delante, con las ganas de vivir propias de la edad, van a responderle al Señor: ¡Aquí estoy!. Su tiempo para los demás, sin racanerías, su comodidad para los demás, su corazón indiviso, para el Señor y para los demás.
Van a ser pan para ser comido por los que los necesiten, van a hacer presente al Crucificado que se quita de lugares públicos porque ofende, van a zarandear la conciencia de muchos jóvenes que piensan, quizá, que no hay otra forma de vivir que dejando fuera al Señor, para hacer lo que me venga en gana. En definitiva, van a revolucionar el mundo, porque el mundo los necesita, aunque no lo sepa.
A 3 de ellos les ponemos cara y los conocemos bien, porque han trabajado en nuestra Colonia: Jaime, Hector y Manolo.El Señor nos ha hecho testigos de la elección y consagración de estos. Otro motivo más para rezar por ellos que comienzan a desempeñar su labor a partir de este momento.
Da un enorme gozo, saber que serán otros 11 los que hagan presente a Cristo en altares y sagrarios, 11 más los que perdonarán pecados, 11 ´más los que invitarán a jóvenes y mayores a acercarse a Cristo, que es el único capaz de calmar nuestras ansias de felicidad. 11 rostros, demostrando con una sonrisa que están orgullosos de ser cristianos y SACERDOTES DE JESUCRISTO PARA SIEMPRE.
Cristo se va a hacer presente visiblemente en otros 11 hombres; no estaría de más que todos llevásemos signos externos que dejen transparentar a quién queremos, a quién seguimos y a quién servimos. ¡Saquemos al Señor a la calle! No es preciso esperar al Corpus o la Semana Santa, para que Cristo procesione públicamente. Saquémoslo en nuestra persona cada día, con nuestros gestos, palabras, pero con signos visibles, también.
Gracias, Señor por estos nuevos cristos vivientes, corazones sacerdotales, regalos del Cielo a los que debemos querer como cosa nuestra, porque lo son. Gracias también, por el nuevo pastor que nos envías a la diócesis, D.Demetrio, al que desde tiempo ha, llevamos encomendando, para que nos guíe a Cristo.
Cada año, llegando las ordenaciones sacerdotales, estas deberían ser las palabras de todos los cordobeses enamorados de Cristo y de su Iglesia:¡ Gracias, Señor!
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