“Os daré pastores según mi Corazón”

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Hermanos, se me pasa el mes de Marzo y todavía no he escrito el boletín parroquial. Aunque ya haya pasado el día de San José y, por tanto, del seminario, no quiero dejar de hablar de las vocaciones sacerdotales y la necesidad que tenemos de ellas en una sociedad que se seculariza por momentos.

En nuestra Colonia hemos tenido durante muchísimos años la suerte de contar con numerosos seminaristas que han enviado desde los seminarios para aprender lo que supone la pastoral en una Parroquia ( o en diez). La mayoría de ellos, ahora son sacerdotes enamorados de Jesucristo y están  felices por ello.

También del seno de Fuente Palmera han nacido hijos para el Ministerio sacerdotal: el recordado Paco Adame, el muy querido por todos Fernando Flores y los jóvenes y entusiastas hermanos Rivero, Leopoldo y Nicolás. El Señor, por último,  ha suscitado a un adolescente, formado en una familia cristiana a la que todos conocemos, que se forma y discierne si la llamada que ha sentido es definitivamente para el sacerdocio: José Manuel.

Este último ha hecho que muchos cristianos se pregunten si a una edad tan temprana es posible que el Señor llame al compromiso y un niño pueda discernir esta llamada. Ante esto tenemos la voz la Escritura que nos afirma que esto es posible, cuando se nos narra la llamada de Dios al niño Samuel, que estaba en el Templo. Y la voz de los Pastores de nuestras almas, nuestros queridos y amados Obispos, nos dice cada vez con más insistencia, que el Señor puede llamar a un niño a muy temprana edad para que se encamine al sacerdocio. De ahí la cada vez mayor urgencia de construir y poner en funcionamiento los llamados seminarios menores en practicamente todas las diócesis de España, para encauzar y discernir esta valiosísima llamada a ser ministros de la Eucaristía y el Perdón.

El nuestro de Córdoba y hablo del seminario menor, fue abierto tras el cierre del seminario de los Ángeles, en Hornachuelos, del cual tienen estupendos recuerdos varios feligreses de esta Parroquia que vivieron en él. Fue gracias a la mente inteligente y previsora  de Monseñor José Antonio, que el Señor tenga en su Gloria, que el seminario no quedara cerrado definitivamente, sino que se instalara en el actual edificio del Brillante. En él hemos estudiado, nos han formado, hemos trabajado, pero sobre todo,… HEMOS SIDO MUY FELICES. La mayor parte de los sacerdotes diocesanos distribuidos por numerosas parroquias, hemos sentido una llamada a edades muy tempranas (yo, en particular, a los siete años). Puedo deciros que desde que tengo uso de razón, he tenido un cariño tierno al Señor y que siempre estaban en mi boca unas palabras que hacían reir a  mi madre:”de mayor, quiero ser cura”.

La mayor parte de los curas de Córdoba, hemos estado internos en el Seminario Menor, nos lo hemos pasado en grande, hemos enfurecido a los formadores en incontables ocasiones y hemos ido viendo cómo muchos de nuestros grandes amigos se marchaban porque veían que no era lo suyo. Mientras que, nosotros íbamos subiendo escalones hacia el sacerdocio tan soñado. Los seminaristas menores no son niños repelentes, con cara de pardillos que están ahí porque a sus padres se les haya ocurrido, sino que son nenes de su edad y de su tiempo, con las travesuras de su edad y las inquietudes propias, pero un sueño común: ¡ser curas!. Todavía me acuerdo cuando se me ocurrió hacer una trastada que no voy a contar para no dar ideas, y los vecinos llamaron a la Guardia Civil, para denunciarlo; estuve un mes limpiando todos los cubiertos de uno en uno despues de las comidas. A este “digno” oficio le llamábamos jefe de comedor.

De mi curso sólo quedo yo. Los demás, están hoy felizmente casados y con sus niños. No sabéis la alegría que nos da cuando volvemos a vernos en cualquier evento. Ambos, ellos y nosotros somos muy felices, porque cada uno está siguiendo el camino que el Señor nos marcó; lo realmente triste es cuando uno ha seguido sus criterios o los del mundo y ha traicionado la Voz del que  llama sólo para que seamos realmente felices. Podremos estar haciendo mucho bien, pero, ¿y mi Señor que me llamó para Él?

No dejemos de rezar por las vocaciones, no dejemos de exponer a los niños de nuestras catequesis que hay otra forma de vivir y a la que nos tienen que llamar desde Arriba, no dejen las familias de ofrecer a sus pequeños al Señor y la Vírgen para su servicio y el de la Iglesia. No vais a perder nada y lo ganais todo. En la jerga clerical, comparamos a las madres de los curas con la Vírgen, porque ambas entregaron al fruto de sus entrañas para la salvación de las almas. ¿No es maravilloso? Tener un hijo cura. Ese debería ser el sueño de todo matrimonio cristiano; luego el Señor lo llamará o no, pero no dejéis de ofrecérselos.

Sé de madres cristianas de la Colonia que rezan para que Dios llame a uno de entre sus retoños. ¡Es admirable y enternecedor! Hay cinco niños de la Colonia que dicen que quieren ser curas. No voy a decir los nombres pero con la sola manifestación de ese deseo ya podemos estar conformes porque ya se plantean una vida apasionante, entregada y ofrecida para el bien de otros. Bendito sea Dios. Bendita su Iglesia. Bendita y mas bendecida ,deseamos sea, esta Colonia de Fuente Palmera con muchísimas vocaciones a la vida consagrada, el sacerdocio y el matrimonio cristiano.

Sin la Eucaristía no podemos hacer nada. Que no no falten nunca niños y jóvenes que se entreguen a esta aventura para que no no quedemos sin ella. Y os revelo, por último, un secreto a voces: la Misa es mi pasión, mi vida y el sentido de todo lo que hago, disfruto, sufro y trabajo.

Dios os bendiga.

Patricio

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