Hasta pronto, Ciudad de la Alegria

por

Mis queridos todos, en esta ocasión os escribo ya desde esta querida España, desde Santa Eufemia, en un espacio donde no hay garrapatas ni pulgas que me acechen.

Me encuentro en un estado “raro”, no se ni cómo explicaroslo. Me he dejado en Calcuta algo, aquí me acuerdo de aquellos que he tratado durante casi un mes y alli me acordaba de todos vosotros a cada instante. Hablo de aquellos pobrecitos del Señor a cada instante y a la misma vez, siento que estoy en mi hogar aquí. Han sido unos días increíbles por lo visto, por lo vivido, por lo mostrado y lo aprendido. Ayer me preguntaba mi cura que si pensaba volver algún día y,sin pensármelo 2 veces, le dije que sí. No se cuándo será, pero creo que necesito estar de nuevo entre los mas pobres de los pobres. Aquí hay algo,en lo que he vivido inmerso siempre, y que ahora me crea nauseas: el afán consumista sin escrúpulos, el intentar tener más que los demás,ese aparentar que tengo, para que los demás me dancen alrededor.

Sin ir más lejos, le compré a mi sobrinillo una cometa de papel que hacen allí en Calcuta. Con el maltrato que le dan a las maletas en los aeropuertos, la cometa se rompió un poco y, al abrir la maleta y verla, pensé no regalársela,porque era algo inservible. En ese momento pensaba en los niños de la India, que ese día no comerían,ni tendrían, claro, una cometa para jugar.Le llevé la cometa y se la regalé. Le expliqué que las hacen manualmente y que muchos niños de allí desearían tener una como esa para jugar a todas horas. Mi hermano,evidentemente, quería hacerla volar hasta la papelera, porque aquí hay cientos de cometas mucho mas duraderas y más bonitas, pero se encontró con la tozudez de un niño de 5 años, al que le había encantado su regalo ( es el que más le ha gustado de todos los que le he hecho). Moraleja: no nos hace falta más dinero, nos hace falta fé y  humanidad para mirar un poco más allá de nuestro ombligo.

No os creáis por esto que vengo ya totalmente convertido, que mañana vuelve a Fuente Palmera el mismo cura que se fue, con los mismos defectos con los que se marchó, pero más concienciado de lo que el mundo necesita: un Dios, que es misericordia y redención completa del ser humano.

Han pasado cientos de voluntarios, sólo en este mes, por las casas de Madre Teresa.Unos venían con fe, sabiendo a lo que iban,otros venían a robar una experiencia fuerte en su vida, como otras tantas y otros, como ellos decían, venían con fines sociales. Esta comentario que os hago,no es ni mucho menos,un juicio, sino una constatación: para hacer cosas buenas, no hay que ser creyente en Jesucristo, pero para entregar  la vida TOTALMENTE, sí. He tratado con muchos jóvenes, que al primer día de estar allí, han puesto pies en polvorosa, para no volver más a aquellos centros, veía en sus rostros el desconcierto, al ver esas horribles heridas, esos enfermos babeantes, las heces en cualquier rincón,esperando ser limpiadas, ancianos agonizantes esperando ser afeitados o aseados. A mí, hubo momentos en que me costó horrores acercarme a ellos para atenderlos y si lo hice, fue unicamente, porque en ellos reconocí un rostro que adoro diariamente en la Eucaristía y el Sagrario: el de Jesucristo.

Recuerdo perfectamente una mañana en la que tuve este sentimiento clarísimamente; pasé delante de un hombre mayor que acababan de traer hacía 2 días. Tenía (perdonad las descripciones) la baba caída, los mocos fuera y todo el derredor de la boca lleno de restos de comida. Al verlo laprimera vez, el Patricio humano pasó de largo y dijo: “alguien lo hará en mi lugar”, al pasar la segunda vez, comprobé que nadie lo había hecho, bien porque no lo vieron, bien porque pensaron lo mismo que yo. Tampoco me acerqué. A la tercera vez, reconocí aquella cara.Era Cristo sufriendo porque nadie se acercaba, porque daba asco a todos. El Patricio cristiano se acercó, no con menos asco que antes, le sonó los mocos, le limpió la baba y la boca. En ese momento levantó sus 2 esqueléticas manos, las juntó y me hizo el gesto indio de agradecimiento. Imaginaros mi cara en ese instante,porque seguro que es como la tenéis en vuestra mente.

En fín, estos días me sale hablar de todo esto porque se ha tatuado dentro el rostro de Cristo pobre. Seguiremos usando nuestro caliz de plata, para gloria de Dios y, si estos pobres siguen necesitando de nosotros, que así es, nos rascaremos los bolsillos propios, para que el Señor pueda pagarnos a cada uno lo que hagamos por estos , sus humildes hermanos.

Que Dios os bendiga siempre a los que habéis estado rezando y a los que disteis los donativos. La sister nos dio muchas gracias y nos dijo que con aquella cantidad se iban a salvar muchas vidas y aliviar muchos sufrimientos. Permitidme un último comentario:¡ Viva la Iglesia Católica!, ¡ Viva Jesucristo!

Me despido hasta mañana que os veré personalmente y seguiré trabajando sin descanso con vosotros para acrecentar el Reino de Dios. Hasta mañana, colonos, hasta pronto, Ciudad de la Alegría

  1. #1 publicado por Fernando 31/ago/2010 21:14

    Patricio amigo!!

    Me alegro enormemente por tu experiencia, por vuestra experiencia. Sabes que me hubiera gustado estar allí, y espero alguna vez ir o a Calcuta o a otro sitio parecido.

    No estoy de acuerdo contigo. No vuelve el mismo Patricio, seguro que no. Ni de lejos, aunque sigas teniendo defectos. Seguro que, aunque sigas teniendo tus defectos ( y yo como pesado que soy estaré allí para recordartelos, jajaja) esta vivencia ha traido un nuevo Patricio (aunque el otro nos gustaba , ¿eh?) Quizás, aunque sigas queriendo lo mejor para el Señor, a lo mejor buscas ese bien en esos pobres que has dejado en Calcuta, como ese anciano del que hablas.

    De corazón, y bromas aparte, muchas gracias por compartir un poco de esta experiencia, muchas gracias por tu vocación. Que sea para gloria de Dios.

    Tu amigo Fernando

(No será publicado)