Cuando crezca, que elija…

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Desde hace bastante tiempo, se ha puesto de moda un estilo de pensamiento que alardea de “imparcialidad” y de “objetividad” en el tema de la educación religiosa (y, por desgracia, siempre hablamos de educación cristiana católica en estos casos).

Son muchos lo que piensan que a sus hijos no les tienen que “imponer” un determinado pensamiento, “obligar” a creer, sino que, cuando éstos sean mayores, sean ellos mismos quienes “libremente” decidan sobre su credo religioso.

Está de más recordar (pero aún así lo traigo a colación) que la verdadera educación de cualquier persona, para que sea auténtica, es decir, útil, ha de versar sobre todos los aspectos humanos. Y parte constitutiva en el hombre es la dimensión espiritual. Por lo tanto, eliminar sistemática y deliberadamente el crecimiento religioso es favorecer un crecimiento parcial, no íntegro de la persona.

¿Acaso unos padres no alimentan a sus hijos para que cuando éstos sean mayores elijan el tipo de dieta que más les guste o convengan? ¿No los llevarán al colegio, hasta que ellos decidan qué tipo de educación les interesa más? ¿Dejarán de llevarlos al médico ante cualquier enfermedad hasta que sus mismos hijos decidan qué tipo de tratamiento prefieren? Pues bien, en el mismo plano hemos de situar el aspecto espiritual, porque forma parte indiscutible de la persona (y esto es así incluso para aquellos que no creen en la existencia del alma, que por lo demás sí afirman las expresiones espirituales del hombre).

Os dejo un enlace a unas reflexiones sobre este tema que me parecieron interesantes:

¿Conviene educar al niño en alguna religión?

Carta de un padre a su hijo

Paz y Bien, José Carlos.

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  1. #1 publicado por Rafa 5/Nov/2009 00:13

    Hoy día lo espiritual suele parecer algo tan lejano e intangible que queda reservado a los momentos de necesidad en que se le pone una vela a una imagen de yeso durante 15 días, cual amuleto de la teletienda que da energía positiva, o cual esperanza del que compra un boleto de lotería, o sea, por si toca y asumiendo que no va tocar.

    De todas formas, también creo que en general se prescinde de una libertad básica, la de discernir mediante el conocimineto, pues están dejando que la corriente general, o la moda, decida por ellos. Se considera un ahorro de tiempo, y, en el caso que expone la Carta de un padre a su hijo, de capacidad intelectual, el no conocer aquello que otros ya han determinado como no necesario.

    En resumidas cuentas, muchos Vicentes sólo van a donde van las gentes.

(No será publicado)