Pregón de la Purísima Concepción Fuente Palmera 5 de diciembre de 2009.

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Pregón de la Purísima Concepción
Fuente Palmera 5 de diciembre de 2009.

Permitidme que comience, con palabras de Gabriel, dirigiéndome a la Madre de Dios y Madre nuestra diciendo con fe: Ave María, que el pueblo cristiano, en virtud de su Inmaculada Concepción añade: Purísima. Para que podamos responder: Sin pecado concebida.

Queridos hermanos en el sacerdocio, estimado hno. mayor y junta de gobierno de esta Hermandad de Ntra. Patrona, familia, presentador y amigos todos.

Un pregonero es el que pregona, un pregón de unas fiestas debe ser como el aperitivo que despierta las ganas de comer. Hay pregones de muchos tipos, me vais a perdonar pero Dios no me ha dado el don de la poesía, pregonero soy… pero de la Palabra de Dios, que en mi ordenación sacerdotal se me fue entregada. Lo único que pretendo es que pueda serviros para celebrar la solemnidad de la Purísima: tomad las consideraciones que os apetezca, desechad libremente aquello que no os sirva.

Desde pequeño, he visto siempre esta imagen querida de la Purísima Concepción, obra del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci. En sus manos, siendo niño, puse mi vocación hacia el sacerdocio. Ella ha sido la que me ha visto crecer en la fe, a su protección he acudido constantemente en mis dificultades como nos enseña la Iglesia. Yo, con un corazón de hijo he visto y he experimentado mostrarse a María como Madre. Los recuerdos de mi infancia están íntimamente ligados a esta parroquia en la que he echado los dientes. A este altar he servido muchos años, primero como monaguillo en tiempos de D. Andrés, luego de D. Pedro, D. Francisco Javier, D. Pedro Soldado, D. Jesús, y siempre como cristiano y ahora como sacerdote. Volver a los orígenes de uno te pone en la verdad de lo que eres, desde dónde se ha construido una vida; y os puedo asegurar que tengo la impronta de la Purísima Concepción que me acompañará allá donde vaya. La solemnidad de la Purísima la recuerdo de la mano de mis padres, con mis cuatro hermanas de costaleras, con fe de niño, con un amor hacia María sincero, el amor de toda la parroquia, el amor de Fuente Palmera.

El misterio de la Vida de María que representa esta imagen es su Inmaculada Concepción, esto es, su Pureza. Ella no tiene pecado. Nació sin pecado. Fue una digna casa para que habitara Dios. En ella tomó nuestra carne el mismo Dios pero no una carne pecadora.

Vamos a intentar de la mano de la Palabra de Dios acercarnos a este misterio: El Génesis es una expresión del triunfo de nuestra Madre Inmaculada bajo un tono negativo (inmaculada=sin mancha): después del primer pecado, el mundo estaba en enemistad con Dios; todos los que venían a la tierra, venían enemigos de Dios, todos sin remedio de su parte. Pero aparece en la tierra una niña singular; tan singular que es única, la única que no viene a la tierra enemiga de Dios. No sólo eso, sino que viene en enemistad con el demonio, en enemistad con el pecado: “Pondré enemistades entre ti y la mujer” (Gn 3,15). Enemistades totales, porque esta niña que hoy aparece en la tierra, aurora de la redención, esta niña no sólo no tiene pecado personal, sino que simplemente no tiene pecado. Esta negación de pecado, esta ausencia de pecado, es la expresión del triunfo de María que ha quebrantado así la cabeza de la serpiente.

El ángel Gabriel, en el evangelio de Lucas, proclama esa misma victoria bajo otro tono, bajo el tono positivo. María llena de gracia. El ángel la saluda así en el momento que va a comunicarle el gran mensaje de Dios para ella: su maternidad divina. Pero la llena de gracia no es de ahora sino de siempre, esto es, llena de gracia desde su Concepción. Por eso positivamente, a la que hemos llamado Inmaculada vamos a llamarla ahora Purísima, llena de gracia desde el primer momento. El ángel, que lo sabe, se lo ha dicho, porque al saludarla no le da su nombre, no le dice “Dios te salve, alégrate María”, sino dice: “Alégrate, llena de gracia” (Lc 1,28). Es su nombre propio, el nombre que caracteriza a María. Ella es por excelencia “la llena de gracia” desde el primer momento de su ser, aurora de la redención, aurora de la gracia que nos trae el Señor. Es normal, por tanto, que desde el primer paso suyo en la tierra haya aparecido como la llena de gracia, como la Purísima. Tenemos así la victoria expresada de dos maneras: negativamente, la Inmaculada; positivamente, la Purísima.

Tengo que decir, además, como nos lo enseña la Iglesia, que María no fue pasiva al designio de Dios, esto es, que no ocurrió lo que tuvo que ocurrir porque Dios fuera Dios, sino que ella planteó al ángel sus dificultades: “¿cómo será esto si no conozco a varón?”, y el ángel le muestra luz a su duda, le responde a su objeción: será sin concurso de varón, o sea, sin que intervenga un hombre porque “el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. A fin de cuentas ella tenía en su corazón el permanecer virgen y Dios le quita sus dudas: serás Madre, sin dejar de ser Virgen. Y así quitadas sus dudas María colaboró activamente con Dios: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y Dios le dio a María la honra de la virginidad junto con los gozos de la maternidad. Por eso María representa mejor que nadie a la mujer, mejor incluso que la primera mujer que fue Eva. María es la nueva Eva a la que quieren imitar todas aquellas mujeres que han querido permanecer vírgenes y han consagrado su virginidad en una orden o una congregación y a las que en un sentir de hijos hemos llamado y llamamos a esas mujeres “Madres” siendo vírgenes. Porque entregan su vida a Dios como nuestra Madre la Virgen María. Y María es la nueva Eva a la que quieren imitar todas aquellas mujeres que son madres, que saben darlo todo por sus hijos sacrificando algo más que toda su vida por el bienestar, la educación y la salud de sus hijos.

María ha sido elegida por Dios desde toda la eternidad para ser santa, pero de manera única y excepcional. Ella ha sido redimida, como nosotros, pero de un modo distinto. Si admirable es curar de una enfermedad, más admirable aún es ser preservado, ser protegido de esa enfermedad. Eso hizo Dios con María: en virtud de los méritos redentores de Jesucristo, para prepararse un sagrario digno de sí aquí en la tierra, preservó a María del pecado original y así, nació Inmaculada y Santa, y conservó su santidad durante toda la vida no llegando a cometer ningún pecado personal. No sólo no tuvo pecado alguno sino que fue adornada con todas las virtudes.

La historia de la devoción a la Purísima Concepción en nuestro pueblo se remonta a sus orígenes. El Rey Carlos III, quiso que se venerara esta advocación mariana en las nuevas poblaciones de la vieja Andalucía. Las instituciones civiles y religiosas hacían voto de defender hasta la muerte la Pura y limpia Concepción de la Virgen María. Ciertamente el nacimiento de María fue motivo de alegría para toda la humanidad, pero no lo es menos su Concepción, misterio que celebramos. ¿Cómo no cantar y evocar el comienzo de la salvación en el inicio de la vida de María? Eso es lo que haremos en estos días, por ella comenzó los tiempos mesiánicos, por ella empezó la salvación. La excepcionalidad de María y la Encarnación del Hijo de Dios en su seno nos evoca la gran dignidad de la persona humana desde su concepción, hecho primero y fundante de todo ser. Hoy somos testigos de la infravaloración del ser humano cuando se le impide nacer. Sería una buena ocasión, esta celebración de la Concepción de la Virgen, para que, como en otros tiempos, las instituciones y las personas hicieran voto de defender la dignidad de la persona humana desde su concepción hasta su ocaso natural.

Quisiera terminar agradeciendo vuestra paciencia y caridad al escuchar a este pregonero, permitidme que acabe dirigiéndome a nuestra Patrona:

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea,
en tan graciosa belleza.
A Ti celestial princesa,
Virgen Sagrada María,
te ofrezco en este día,
alma vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía. Amén

Nicolás Jesús Rivero Moreno

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