En nuestra Parroquia de Fuente Palmera y sus aldeas, hemos dado por finalizado el curso de catequesis de comunión y postcomunión. Un año en el cual hemos intentado, sacerdotes y catequistas, transmitir a nuestros niños, con los dones que el Señor nos ha dado a cada uno de nosotros, el amor a Jesús, el amor a la Virgen, y el amor a nuestros hermanos.
Son un gran número los niños que reciben catequesis en nuestra Parroquia y sus aldeas, desde pequeñines de 6 años, hasta jóvenes que han seguido año tras año para llegar al momento de su Confirmación.
También somos un amplio número de catequistas que guiados por nuestros sacerdotes nos alimentamos para poder transmitir a cada uno de nuestros niños, no sólo conceptos e ideas, sino vida y testimonio que los lleve a la Fe.
Esperando que así sea, un año más, hemos querido celebrar la clausura del curso catequético como en años anteriores, con una fiesta para niños y catequistas.
Ésta se inició en la Iglesia, donde el sacerdote felicita a los que han recibido su 1ª Comunión, y les habla a todos de la importancia de este Sacramento, de la oración y de la asistencia a misa cada domingo, ya que el Señor en vacaciones también está allí, esperando que nos acerquemos a Él. Y como despedida los anima a todos a volver a catequesis el próximo año para seguir conociendo a Jesús. Al final una oración de despedida y salimos a la plaza a comenzar con los juegos.
Cada año la fiesta gira en torno a un personaje, este año le tocó a los piratas, cuyo disfraz para cada niño elaboramos, juntos con los juegos, todos los catequistas, reuniéndonos días anteriores en los cuales también disfrutamos de todos estos preparativos, con la ilusión puesta siempre en nuestros niños, con los que hemos compartido uno o varios años de catequesis. Al hablar de catequistas, me refiero también a nuestras hermanas salesianas, que son fundamentales en nuestra colonia, ya que imparten catequesis de niños y adultos y comparten con nosotros su Fe, y son en estos casos como es esta fiesta claves para que todo salga bien, ya que su carisma salesiano las hace implicarse perfectamente con los niños, y su alegría y entusiasmo nos contagian a todos los que las rodeamos. Por ello quiero decir desde aquí ¡gracias por ese regalo que el Señor nos ha dado al mandarnos a nuestra Parroquia!
Esta fiesta simboliza la alegría que rodea el sentir que Jesús está en nuestra vida, y nos une el afán de conocerle cada vez mejor.
Un año más nuestra labor está hecha, hemos puesto al servicio del Señor, y espero que así sea, nuestros talentos con nuestro tiempo, nuestra palabra…, somos instrumento para llevarle a Él hasta los niños, y sólo de Él depende y del amor que hayamos puesto en esta tarea, que la semilla dé fruto.
Sabemos que la labor de sacerdotes, monjas y catequistas, si no está secundada por la familia, se queda pobre, la referencia y el apoyo principal son los padres. Juntos, con la ayuda del Señor, podremos despertar la Fe en cada niño.
Una Fe que esté acompañada de unos valores y de una forma de ver la vida muy necesaria para una sociedad en la que nuestros niños y jóvenes están viendo cómo prima el egoísmo, la competitividad, el individualismo y todo aquello que nos hace alejarnos de los demás y mantener a Dios al margen de nuestra vida, sin pensar en las consecuencias que estas actitudes traen consigo. El enamorarse de Jesús, (que es lo que pretendemos que ocurra con cada niño en nuestra catequesis) les lleva a querer imitarle con su vida, con lo que ello conlleva para la persona y para el cómputo de la sociedad. La justicia, la paz, el perdón, la caridad, la humildad…, todos ellos conceptos que nuestros niños de catequesis escuchan porque son el lenguaje de Jesús, que pueden pasar a ser comportamiento de vida que transforme el corazón del hombre de esta sociedad.
Desde nuestro grupo de catequesis de ésta Parroquia pedimos a Dios para que nuestro trabajo y nuestro testimonio den frutos de Fe en nuestra colonia.
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