Desde 1995

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En los primeros meses del año 1995, empecé a notar una ronquera que el medico de cabecera, (D. Benito Ariza) intentó corregirme con medicamentos y, viendo que no se mejoraba dicha afección, optó por mandarme al “otorrino”, que me estuvo tratando hasta Julio que me descubrió una lesión en una cuerda vocal y me remitió con urgencia al Hospital Reina Sofía donde diagnosticaron cáncer de laringe.

Inmediatamente me pusieron en lista de espera para operarme. (Extirpación de la laringe y traqueotomía permanente). Estuve indagando en otros médicos para ver si había posibilidad de no quitar la laringe pero no encontraba otra solución.

En aquellos días, un primo hermano mío, estaba en Pamplona operado de lo mismo, y sólo le habían quitado la parte afectada, por lo tanto hablaba y no tenía que tener la traqueotomía permanente, sólo seguiría con la ronquera para toda la vida.

Entonces un hermano de éste, se puso en contacto telefónico con la Clínica Universitaria de Navarra y me preparó el medico para que me viera. Esto era el 28 Julio de 1995, el día uno de Agosto estaba yo en el medico de Otorrino de la Clíninica citada antes, Dr. Juan Carlos Alcalde el cual me dijo que lo que yo tenía era muy fácil de operar y con mucha seguridad. El día tres de Agosto me operó y, el día 12 me dio el alta.

Este tramo de unos 5 o 6 meses lo pasé muy mal al principio, aunque yo tenía mucha confianza en que Dios me lo iba a solucionar, los malos pensamientos no los puede uno evitar. A partir de ver al médico, mi animo y alegría eran inmensos, pero alrededor de tres meses después, empecé a notar un bultito en la parte derecha delantera del cuello, un bulto que notaba cada vez mas grande. A primeros de Marzo de 1996 tenía una revisión en Pamplona, la operación estaba perfecta, pero el bulto que ya era notable tenía mala cara, el doctor Alcalde me dijo que tenía que operarme otra vez, ahora de la parte exterior y ponerme quimioterapia. Yo no podía ya costear la operación y la estancia en aquella clínica, pues para la primera operación, tuve que pedir un préstamo en la Caja de ahorros. Así que me vine a Córdoba y me entregué en manos de la Seguridad Social. Dicho sea de paso, a pesar de alguna cosilla, los médicos que me atendieron, lo hicieron inmejorablemente.

Entonces tuve que claudicar ante el jefe de equipo de Otorrinolaringología del Hospital Reina Sofía de Córdoba el cual me dijo “¿ahora porque no te vas a Pamplona?”  a lo que yo respondí “¡porque no tengo dinero para pagarlo!”. En esta entrevista dio permiso para que me trataran los médicos de su equipo.

Me hicieron TAC, biopsias y varias pruebas para enviarme a Oncología para tratar el bulto que ya en estas fechas era bastante prominente.
La operación que me harían era quitar todos los ganglios de la parte delantera del cuello y la laringe, porque, para los médicos de Reina Sofía, lo mío era consecuencia del cáncer de laringe que se había reproducido en el cuello, por lo tanto, había que quitarlo todo.

Aunque yo no estaba muy conforme, me tuve que conformar a quitarme la laringe y todo lo que fuese necesario para cortar el progreso de aquella enfermedad traidora. Pero como yo tenía en mi mente las palabras del Dr. Alcalde que me dijo que el bulto del cuello no tenía nada que ver con lo de antes, me resistía a la operación tan desagradable que era la traqueotomía.

Entonces fue cuando me encomendé a Nuestra Sra. de Fátima. Yo he sido siempre devoto de la Inmaculada Concepción, no de Nuestra Sra. Del Carmen, de Fátima o de Guadalupe, aunque a todas les tengo el mismo respeto porqué al fin todas son La madre de Nuestro Señor. Cuando me ingresaron para darme los tratamientos de quimioterapia, en el cristal de la ventana de la habitación, había una estampa un poco deteriorada por los filos de la cartulina, seguramente por el tiempo que llevara allí, pero la imagen estaba bien, ¡era tan bella! Me causó una impresión tan bonita que me encomendé a ella con tanta fe y devoción. Le decía, “¡Madre de Dios y Madre nuestra!. Intercede ante tu Hijo Nuestro Sr. (como intercedistes en las Bodas de Canaa para solucionar el problema del vino), para que aunque sea en el último momento los médicos vean que mí enfermedad no era lo que ellos pensaban, y no tengan que quitarme la laringe.”

Con tanta fe y esperanza lo pedí, que dos días antes de operarme, me dijo el Dr. Casado “Eloy, estamos contemplando la posibilidad de no quitarte la laringe”. Yo le contesté “me quitáis lo que halla que quitar, lo que no quiero es estar dentro de seis meses otra vez en el quirófano”. El me dijo “el Dr. Cantillo te dirá mañana lo que vamos a hacer”.

Al día siguiente el Dr. Cantillo me comentó lo que iban a hacer. Un análisis intraoperatorio para ver si la laringe estaba afectada o no, si era positivo la quitaban y si era negativo no. Entré al quirófano, me anestesiaron, me operaron y cuando desperté de la anestesia, todavía en la mesa de operaciones, el Dr. Casado me dice “¡Eloy, te hemos dejado la laringe!”.

No se si fue casualidad o fue obra de Nuestro Sr. Jesucristo y de Su Madre.

Eloy López

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