Dios no deja de sorprenderme cada día

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Como sabéis, en este tiempo de Cuaresma nos estamos reuniendo todos los días a las 7:30 para rezar la oración de laudes. Estamos asistiendo unas 20 personas. Para mí es una gran alegría poder compartir la oración de la mañana con todas las personas de la Colonia que se acercan a la parroquia, pero Dios me ha sorprendido muy gratamente en esta mañana de lunes. No os hacéis a la idea de como me ha conmovido el ver cuando he salido esta mañana para presidir los laudes, que aparte de las personas que normalmente vienen, he visto en los últimos bancos a uno más pequeñito de lo normal, que además el día de mi ordenación en el  regalo que me dio había escrito una tarjeta en la que ponía: “De un pequeño amigo”. Se trata de uno de nuestros monaguillos, Antonio Jesús Moyano López, un niño que vive su vida como la de cualquier otro niño del pueblo, excepto en una cosa, él cada vez se acerca más al Señor; asiste a Misa todos los fines de semana, nos ayuda a los sacerdotes en la liturgia sabiendo muy bien lo que tiene que hacer en cada momento, asiste a las reuniones del Preseminario en el Seminario Menor San Pelagio de Córdoba. Sinceramente, a mí me ha alegrado la mañana el verle rezando con los mayores en la Iglesia, y también ha sido un ejemplo para mí, ya que muchos días me cuesta levantarme para rezar, sin embargo, ahí estaba esta mañana “mi pequeño amigo” Antonio uniéndose a toda la Iglesia en la Liturgia de las Horas.

Acontecimientos como el de esta mañana son los que te animan a seguir con la actividad pastoral, cuidando de las ovejas que el Señor nos encomienda, tanto las grandes como las pequeñas, y haciéndolo con alegría. Por eso puedo decir como el salmo: “Me encanta mi heredad”.

De todo corazón le doy gracias al Señor porque sigue moviendo y llamando a los corazones de las personas, grandes y pequeñas.

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