III Pregón del Costalero

por

Presentación a cargo de D. Francisco Javier Ródriguez Dublino

Buenas noches, se cumple hoy un año de que Fran me presentara a mi como portavoz de los costaleros, y este año en calidad de anterior pregonero me toca el honor de presentarte a ti, Jesús María, más conocido como Biter por todos los de la Hermandad.

Quiero al igual que el año pasado, saludar a todos los presentes, a la Hermandad del Stmo. Cristo de la Sangre, Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y a la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, Hermanos Mayores, Juntas de Gobierno, Hermanos y demás asistentes y daros la bienvenida y gracias por vuestra presencia.

Este acto, el cual presento, cumple ya su tercer año de andadura y no me cabe duda de que poco a poco será uno de los referentes en nuestra Semana Santa, gracias de nuevo a la labor encomiable de Machuli y del Pregonero, el cual me consta que es también uno de los impulsores de este acto. De hecho el año pasado, fue quien acompañó al Hermano Mayor a decirme que yo era el elegido para el pregón, me ayudó a adornar la peña flamenca, ambientó el lugar con incienso, y tuvo la genial idea de hacer una composición con el nuevo llamador, junto con mi costal… genial, como todo lo que hace. No es igual, naturalmente, que el lugar elegido este año, hecho éste que no hace sino darle mayor transcendencia al mismo.

Estoy casi tan nervioso como el año pasado, pero en ésta ocasión, es por lo deseoso que me encuentro de escuchar el pregón de nuestro hermano Jesús. Él ha estado muchas veces debajo de la trabajadera y sabe perfectamente el sufrimiento que cada uno se auto infringe. Pocos mejor que él para poder expresar la devoción que supone meterse bajo una trabajadera. Él sabrá explicaros la tan difícil tarea de ser costalero y los sentimientos que entraña este tan difícil e inentendido mundo de la trabajadera, costal, sudor, creencia y compañerismo.

Jesús lleva ya varios años en la Hermandad, pero la verdad es que no sé ni cuando comenzó. No sé si fue a través de su propia familia, ya que no nos podemos olvidar que su padre fue también costalero y que su madre desfila con nosotros vestida de mantilla, pero lo importante es que parece que lleva aquí toda la vida, no sé es ….es como para preguntarse ¿Como funcionaba esta Hermandad antes de que tú vinieras?¿Donde estabas?…lo he podido ver desde cobrador de recibos, camarero en el cuartelillo, y lo más importante para que pudiera hacer este pregón…costalero.

También ha estado impulsando la Semana Santa junto al Hermano Mayor, siendo uno de los principales culpables de que en Fuente Palmera se pueda ver a la borriquita el Domingo de Ramos como hemos visto hace tres días, incluso él mismo, ataviado con el correspondiente traje de época, fuera quien condujera a la borriquita por las calles de nuestra localidad.

Todos aquí sabemos que Jesús se ha estado entregando con todo el alma, al mismo tiempo que la decisión más importante y valiente de su vida rondaba por su mente. Gracias por tener pensamientos y actos hacia nuestra Hermandad en esos momentos, los cuales supongo fueron duros a ratos y agradables en muchos otros. Al fin y al cabo es como cuando vas enfundado en el costal y metido bajo la trabajadera. No deja de ser una representación de nuestra propia vida y de nuestra eterna solicitud de perdón hacia Nuestro Señor Jesús.

Actualmente te estas preparando para ser ministro de Dios, lo cual nos llena de orgullo a toda la Hermandad. Espero que en algo hayamos podido contribuir a tu decisión, así como a tu continua convicción y devoción, desde nuestro espíritu bajo las trabajaderas. No te canses de llevar a Nuestro Señor, tú mejor que nadie sabrás representarnos.

Además eres amigo de todos, no te he visto un mal gesto hacia nadie, risas, bromas, diversión, etc…. todos te buscan porque saben que eres un gran amigo que escuchas y además sabes escuchar, lo cual es bastante complicado en la sociedad en la que últimamente nos encontramos inmersos.

Es por lo que no quiero acabar esta presentación sin agradecer al Hermano Mayor por haber elegido a Jesús como pregonero, nadie como él va ha saber expresar el sentimiento de estar debajo de la madera, más, desde su punto de vista de gran devoción por Nuestro Señor Jesús. Estoy tan convencido de que va ha ser un gran pregón y es por lo que os dejo aquí con nuestro Biter, para que nos vaya deslumbrando con su punto de vista de nuestra Semana Santa y del sentimiento que se tiene al estar portando con sufrimiento y rendición a Nuestro Señor Jesús, y tal y como me presentó nuestro Fran el año pasado, no quiero quitarle más protagonismo, por lo que esta noche es suya.

Pasarán los años y los pregones que aquí seamos capaces de escuchar, pero estoy seguro desde lo más hondo de mi ser, que este formará parte de los anales de la historia de la Semana Santa no sólo nuestra, sino de la más universal, y sin más dilación, os dejo con Jesús María.

III Pregón del Costalero a cargo de Jesús María Díaz Gómez

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Son tantas las ideas que se me vienen a la mente, que la verdad es que no sé por donde iniciar mi intervención. Pero creo que la mejor forma para comenzar es encomendándome al Santísimo Cristo de

la Sangre, Él que me ayudó en tantos momentos difíciles de mi vida, Él que con sus brazos abiertos me abrazaba cada vez que me sentía triste, Él que me levantó tantas y tantas veces tras la caída, Él que cogiéndome con fuerza de la mano no permitió que me alejara de esta Parroquia, Él que me abrió los ojos y me hizo ver cual era el camino que me tenía preparado, incluso antes de venir al mundo, y es que como dice la Sagrada Escritura;

“Antes de que hubieras nacido te consagre”.

Rvdos. Párrocos, D. Patricio Ruiz y D. José Carlos Pino, queridos miembros de las distintas Hermandades, queridos hermanos todos;

Teniendo en mi corazón y en mi mente las veneradas imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísima Virgen de los Dolores, y el Santísimo Cristo de la Sangre…

Permítanme comenzar este pregón con una especial dedicatoria a mis padres, Manuel y Encarnación, por todo el esfuerzo que han hecho para sacar a mi familia adelante. Y es que no tuvo que ser fácil afrontar aquel duro Calvario que el Señor permitió que pasaran poco tiempo después de contraer matrimonio, pero al igual que Cristo, cogieron aquella Cruz y siguieron paso a paso, y tras ellos mis abuelas, Araceli y Conchita, incansables con su oración al Señor, como María a los pies del Calvario. Dicen que tenía un rostro parecido al de los Ángeles, por ello creo que el Señor lo quiso para Él, y se lo llevó consigo. Allí arriba estará, junto a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre, pidiéndole a Dios por todos nosotros.

Tras el pequeño Manuel, llegué yo, Jesús María, vaya nombre más cristiano, el de nuestro Señor y el de su Madre juntos. Y tras varios años, por

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fin se decidieron y vino el pequeño Víctor Manuel. El Señor los bendijo con dos niños preciosos, y aún no sabían lo que les tenía preparado. Aquella pequeña semilla que el Señor había plantado en uno de sus hijos, porque creo que sólo la ha sembrado en uno de ellos, tenía que madurar y poder luego salir a la luz. Pero eso ocurriría muchos años después.

Mientras tanto mis padres, junto a la demás familia, fueron los que nos guiaron por los senderos de la niñez, juventud y adolescencia. Pero fuiste tú, si tú, Patricio, quien me enseñó otros senderos muy distintos, senderos que van más allá de lo terreno, senderos cargados de fortaleza, de ilusión, de perdón, pero sobre todo senderos cargados de amor al prójimo, y es que tú me mostraste los senderos del Señor. Sí, has sido tú, quien con tu ejemplo de entrega a Dios, con tu amistad y con tu incansable oración ante el Sagrario has conseguido que hoy día ame tanto al Señor como lo amo. Tú tienes gran parte de culpa de que hoy me encuentre estudiando en el Seminario, gran parte de culpa de que no terminara mis estudios, pero sabes lo que te digo, que bendita culpa.

Y como olvidarme de ti Machuli. Qué decir que la gente ya no sepa. La verdad es que de mayor me hubiera gustado tener la gran suerte que has tenido tú, de ser Hermano Mayor de esta Nuestra Hermandad, pero el Señor no lo quiso así, y no por ello me encomendó una tarea menos complicada. Me hizo que dejara tantas y tantas cosas atrás. Entre ellas el chándal de costalero, para poder así entregarme un alba, simbolizando la inocencia inmaculada del sacerdote. Me hizo que dejara la faja, para entregarme un cíngulo, simbolizando así la virtud de la castidad del presbítero. Me hizo que dejara la morcilla, que suaviza el peso de la trabajadera, para entregarme, si Dios quiere, una casulla, que hace que el yugo de Cristo sea manso y ligero. Me hizo que dejara el costal, símbolo característico del costalero, para entregarme una estola, signo de la dignidad sacerdotal. Me hizo que dejara la vocalía de culto, donde intentaba mostrar la importancia de los Sacramentos; de la Eucaristía, de la confesión, para, si Dios quiere, algún día tener yo que administrar dichos Sacramentos.

Pero lo que más me costó dejar atrás era poder salir de costalero. No podía imaginarme un Viernes Santo sin mi costal y mi faja, o sin escucharte a ti, Machuli, dirigiendo el paso con tanto arte como lo haces, pero yo mismo llegué a la conclusión de que el Señor pagará todo aquello que dejes por Él. Y es que es verdad que ya no volvería a salir ningún Viernes Santo con el Señor en mis espaldas, pero si Dios quiere, dentro de unos añitos, podré tener al Señor todos los días en mis manos durante la Eucaristía. Esto era lo único que me consolaba a dejarlo todo por entregarme al Señor, poder consagrar al Señor con mis propias manos.

Y es que son muchas las cosas que me pidió el Señor que dejara, pero cuantas y cuantas cosas me ha regalado en estos 6 cortos meses; mis padres vienen a misa, confiesan, comulgan, etc. Ese es el mayor regalo que me ha hecho hasta ahora, algo que era impensable hace un año, y lo mejor de todo es que aún quedan muchas cosas por regalarme y es que el “Señor da el ciento por uno”.

Familia, Parroquia y Hermandad, tres pilares fundamentales en mi vida. Tres pilares que me han ido constituyendo externa, pero sobretodo internamente, dando lugar a lo que hoy día soy.

Pero en esta noche me toca exaltar a uno de esos tres pilares; mi Hermandad. Pero no por ello pienso olvidarme de mi Parroquia, o de mi Familia y es que ambas, Hermandad, Parroquia y Familia, deben ir unidas de la mano, ambas buscando un mismo fin: Jesucristo. Así que, como se diría en el argot taurino; ¡Va por Ustedes!

Queridos hermanos, mi intención no es hacer un pregón largo, cargado de palabras sin sentido que se utilizan solamente para adornar, sino que quiero aprovechar al máximo esta oportunidad que me brinda mi Hermandad para dirigirme a todos vosotros, familia, amigos y cofrades en general. Mi objetivo es haceros partícipes de mis experiencias con el mundo cofrade, con el costal y con la trabajadera.

De mi primer contacto fue hace ya algunos años atrás, cuando tras una larga tarde-noche de Viernes Santo, viendo el paso del Señor esquina tras esquina, callejuela tras callejuela, camino de casa de la mano de mis padres, les dije; ¡Papá, Mamá, quiero salir de nazareno! ¿Pero en qué Hermandad piensas salir?, me dijeron. Y les respondí; yo quiero ser morao (palabras textuales). ¿Cuál sería la razón por la que me decidí por esta Hermandad? Pues la verdad es que no lo sé. Solo decía que quería ser morao, pero nada más. Poco tardó mi madre con hablar con su madrina Cándida, que pertenecía a la Hermandad, pero menos tardó ella en hacerme hermano, e incluso en hacerme el traje de nazareno.

Rápido pasó aquel año, y cuando me di cuenta estaba ya caminito de la Parroquia con mi capirote, que era casi más grande que yo, bajo el brazo. Fueron varios los años que acompañé a Nuestro Padre Jesús Nazareno en aquellas madrugadas del Viernes Santo. Lo que más me gustaba era la procesión del silencio. Un silencio roto por las voces de los capataces dirigiendo a los costaleros. El mismo silencio con el que María Santísima sigue a su Hijo camino de la Cruz. ¡Ay van los dos! Madre e Hijo camino del Monte Calvario. Un camino largo y doloroso, en el cual Jesús se abrazó a la Cruz de nuestros pecados. Sufrió por cada uno de nosotros, por ti y por mí. Pero antes de pasar por el Calvario, antes de pasar por la Cruz, nos regaló lo más grande que nos podía regalar. Nos regaló su corazón y quedarse para siempre con nosotros en la Eucaristía.

Y es que al llegar la medianoche

a Jesús lo juzgarán,

a cargar con la cruz bendita

que de tus pecados te ha de librar.

No sin antes regalarnos

el Misterio de la fe,

su Cuerpo y Sangre juntamente,

tomad y comed todo de Él.

El calvario se traslada

a la mesa del altar

cuando el Sacerdote pronuncia

esas Sagradas Palabras

que en aquella oscura noche

Nuestro Padre nos dejara.

Eterna herencia nos regala

Jesús en la Eucaristía,

mi cuerpo yo os entrego

para daros eterna vida.

Vida llena de alegría,

vida llena de amor,

cuando verdaderamente recibimos

el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor.

Tras mi paso por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la cual sigo perteneciendo como hermano, y lo digo con mucho orgullo, pues fue ella la que me inició en mi caminar cofrade, varios años después pasé a formar parte de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre.

Solía acercarme a los ensayos de costaleros, cuadrilla a la cual pertenecía mi padre, y la verdad es que tenía muchas ganas de pertenecer a dicha cuadrilla. Me gustaba mucho asomarme la mañana del Jueves Santo por la Parroquia para preparar el paso de Nuestro Señor; cortar flores, pinchar claveles, o simplemente barrer la Iglesia tras haber preparado los pasos, sea lo que sea, se hacía por el Señor.

Llegué incluso a salir de “aguaor”, pero por fin llegó aquel primer ensayo. Fue durante la Cuaresma del año 2006. Recuerdo que no tenía ni idea de nada, ni de ponerme una faja, ni de cómo se hacía un costal, ni na de na, pero estaban ahí los costaleros más veteranos (Javi Carrolo, mi primo Rafalin, Jerusi, etc.) que siempre te echaban una manilla. La verdad que los primeros ensayos fueron un poco complicados para mí, y es que parecía que hablaban en clave; que si de costero a costero, que si el cojito, que si al cielo, etc. un vocabulario desconocido para mi por aquel entonces, y eso que yo creía que entendía de cofradías, no me quedaba todavía por aprender.

Pero lo mejor fue aquella tarde de Viernes Santo. Me tiré una semana mirando por Internet lo que decía el tiempo; unos decían que llovía, otros que no, un follón. Fue una tarde de nervios, de suspiros. Aquella Estación de Penitencia la recordaré toda mi vida. No sólo por que fue la primera, sino también por lo mal que lo pasé cuando la Hermandad decidió darse la vuelta; ¡Comenzaba a llover! Fue una decisión dura, pero acertada. ¿Te acuerdas Machuli el berrinche que pillé? Pero bueno, tras toda la ilusión puesta en aquella tarde de Viernes Santo el Señor no quiso salir a la calle.

Los años próximos los recuerdo con mucho cariño, todos aquellos ensayos en las noches del viernes, todas esas reuniones para averiguar miles y miles de detalles, esos viajes para buscar velas, flores, o tela para una esclavina que te han encargado a última hora, que de buenos ratos juntos Machuli.

Y ay que ver como paga el Señor todo lo que haces por Él. A pesar de mi pobre experiencia puedo ratificarlo. Y es que no podré olvidar la Salida Extraordinaria del Cincuenta Aniversario de la Fundación de la Hermandad. Aquel sábado día 12 de septiembre, el cual celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz, cuando tras la Eucaristía, la cual ofrecí por esta Hermandad y por todos sus hermanos para que sigamos trabajando por y para el Señor, nuestro Hermano Mayor, Machuli, me dirigió unas palabras que desde aquel momento quedaron grabadas a fuego en mi corazón. Fueron palabras llenas de sentimiento, de amor, pero sobre todo de verdad, pues se podía observar como cada una de aquellas palabras las decías desde el corazón. Desde aquí quiero aprovechar para darte las gracias por todo lo que esta Hermandad, y en especial tú, está haciendo por mí. Como el Señor tenía preparado que la última vez que me metiera bajo esas trabajadoras, la última vez que me pusiera el costal y la faja, fuera el día más importante para la Hermandad en todo lo que lleva de historia.

Otro de los momentos en los que se ve que el Señor paga todo aquello que haces por Él, fue cuando decidiste que entrara a formar parte de la Junta de Gobierno como Hermano Mayor de la Borriquita. La verdad es que era algo que no me podía imaginar, pertenecer a la Junta de Gobierno del Santísimo Cristo de la Sangre. Ello me llevó a unirme mucho más con la Hermandad, a preocuparme mucho más por todos los asuntos relacionados con la Estación de Penitencia. Pero sobre todo me dediqué especialmente con los más pequeños de la Hermandad; con todos aquellos niños, que sin levantar un palmo del suelo, ahí que iban cada Domingo de Ramos a acompañar a la Borriquita.

Cuántas y cuántas casas me visité cobrando recibos o inscribiendo hermanos, pero la verdad es que lo hacía con mucho gusto, y es que estaba acercando niños al Señor. Y pensar que el día de mañana, si Dios quiere, no voy a inscribir niños en ninguna Hermandad, sino que los voy ha inscribir en el Libro de la Vida, los voy hacer Hijos de Dios a través del Bautismo. ¡Que grande es el Señor!

La principal función de la Borriquita es intentar inculcar poco a poco el amor hacia nuestro Titular, el respeto ante nuestras Imágenes, y sobre todo ir introduciendo en esos pequeños niños el gusanillo del mundo cofrade. Que esos pequeños niños sueñen con acompañar cada Viernes Santo a Nuestro Cristo, que sueñen con llevarlo sobre sus hombros, o que sueñen, como soñaba yo, con ser Hermano Mayor de la Hermandad. Cómo recuerdo cuando uno de estos niños, al terminar la procesión me dijo; Bíter, ¡yo quiero ser un cofrade como tú¡ Esas son las pequeñas cosas que te regala el Señor y que nunca olvidas.

Otra de las cosas que nos ha regalado el Señor a la Hermandad es el Domingo de Ramos. Y es que hay que ver como han cambiado los Domingos de Ramos desde que se fundó la Hermandad de la Borriquita. Que alegría da ver al pueblo volcado con esta nueva Hermandad, y es que es así, la gente se volcó de una manera impresionante. Más de 50 niños se inscribieron en cuestión de días, y con la ayuda desinteresada de varias personas, todos los niños pudieron lucir sus pequeños trajes blanqui-rojos aquella mañana soleada de Domingo de Ramos de hace ya 4 años. Recuerdo que estaba un poco nervioso pues era la primera vez que procesionábamos y no sabíamos como iba a reaccionar la gente, e incluso aquel animal ante tanta gente y tanto ruido. La Plaza Real estaba a rebosar de gente, todos conmovidos por aquel hecho histórico; por primera vez procesionaba la Borriquita por las calles de Fuente Palmera. Como impresiona ver esa Calle Portales llena de familias, de niños, de jóvenes, todos acompañando al Señor camino de Jerusalén. Y ya me han comentado que este año ha estado mejor que nunca, con sus calles adornadas y todo para el paso de la borriquita.

Otro de los momentos que cabría destacar es el Miércoles Santo, cuando tras la Santa Eucaristía en sufragio por los hermanos difuntos de Nuestra Hermandad, Nuestro Titular procesiona por las calles de Fuente Palmera mientras se va rezando el Vía-Crucis. Cómo impresiona ver esas túnicas enlutadas al anochecer, al son de un ronco tambor e iluminadas por unas antorchas. Momento expectante para encontrarse con la cara más seria de esta Hermandad. Verdaderamente es una Procesión que mueve mucho al recogimiento, a la oración, y sobre todo ha contemplar fijamente a Nuestro Señor Jesucristo clavado en la Cruz.

Y llega el Viernes Santo, Jesús yace en el madero, y María Santísima a sus plantas. Qué imagen más emotiva cuando antes de enfilar el último tramo de la calle Portales, el Santísimo Cristo de la Sangre se vuelve hacia su Madre, la Virgen de los Dolores, y parece que estás en el mismo Calvario. La verdad es que recuerdo esa chicotá como una de las más emocionantes de toda la Estación de Penitencia, pero también hay que decirlo, una de las más sufridas. Estoy seguro que habrá gente que no lo entienda, o simplemente que lo vea como un espectáculo. Pues a toda esa gente invitaría yo a meterse bajo un paso, y a sentir lo que siente un costalero, a sufrir como sufre un costalero bajo el peso de la Cruz y a rezar como reza un costalero.

Tal vez ese Padrenuestro que rezamos antes de la salida, sea el único Padrenuestro que rece en todo el año, o que solamente se acuerde del Señor durante la Semana Santa, o que su actitud con la Parroquia no sea la más adecuada, pero nuestra labor no es la de echárselo en cara, o darle la espalda, sino la de rezar por ellos, pedir que a través de esa Hermandad, que a través de su Titular, el Señor le toque el corazón y pueda encontrar lo que el Señor le tiene preparado. Muchas han sido las conversiones a raíz del trato con la Hermandad. Y ya no digo sólo conversiones, sino cuántas y cuántas vocaciones al sacerdocio se han ido descubriendo gracias a las Hermandades. Por poner un ejemplo, yo no perdí el contacto con esta Parroquia gracias a mi Hermandad, y yo estoy seguro de que yo estoy en el Seminario, entre otros muchos factores, porque nunca me alejé del Santísimo Cristo de la Sangre. Así pues imaginaros cuánto le debo yo a las Hermandades, y en especial a esta Hermandad.

Y es que muchas veces a las Hermandades no se nos ha tratado como se nos debiera, tal vez por nuestra multitud de errores, pero nosotros debemos dar ejemplo y acogerlas como a la oveja descarriada, al igual que nos acoge Jesús cada vez que nosotros pecamos. O como le decía el Señor a los ancianos que pretendían lapidar a la joven adúltera; aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Parroquia y Hermandad deben ir cogidas de la mano. Una Parroquia se debe involucrar con las Hermandades, y las Hermandades han de estar al servicio de la Parroquia. Si ambas reman hacia la misma dirección, que es Cristo, les será más fácil llegar hasta Él.

Sigamos a Cristo a imitación de María, ella debe ser nuestro ejemplo de entrega al Señor. Ella debe ser nuestro ejemplo de testimonio de fe. Ahora debemos estar más unidos que nunca, y debemos dar testimonio de nuestras creencias, de nuestras experiencias con el Señor, en definitiva, dar testimonio de nuestra fe.

Trabajar con todas nuestras fuerzas por el bien de la Hermandad, y en definitiva por nuestra Parroquia. Pero desde el más pequeño de la Hermandad, hasta el más veterano, y es que todos tenemos un sitio donde poder trabajar, o un talento que se pueda poner al servicio del Señor, y nosotros, gracias a Dios tenemos mucha gente dispuesta a trabajar por el bien de esta Hermandad, pero no vale solamente hacer proyectos de palabra, sino ponernos manos a la obra que es mucho lo que hay que hacer.

Una de las cosas más importantes que debe realizar la Hermandad, junto con la promoción de todo lo que significa la vida cristiana, la vida sacramental, la formación y la oración, son las obras sociales y siempre es bueno recordar que la principal función de las hermandades no es hacer una Estación de Penitencia, ni engalanar pasos, ni nada de eso, sino estar con los que más nos necesitan y realizar diversas campañas de recogida de alimentos, donativos, etc. pero siempre ayudando al más necesitado.

Eso como principal función, y tras esta todas las demás; días de convivencia con los hermanos, charlas cuaresmales, confesiones, ensayos de costaleros y, como no, la Estación de Penitencia.

Estación de Penitencia que depende de muchos factores, comenzando por los nazarenos, y terminando por los costaleros. Y a estos quisiera dedicarle las últimas palabras de este pregón, pero para ello voy a tomar un fragmento de la Biblia, precisamente del Libro Primero de las Crónicas, que dice así;

“Entonces dijo David; “Solamente los levitas han de llevar el arca de Dios, pues a ellos los escogió Yahvé para llevar el arca de Yahvé y servirle siempre.”…Se santificaron pues, los sacerdotes y los levitas, para subir el arca de Yahvé, Dios de Israel.

Los levitas trasladaron a hombros el arca de Dios, que iba sustentada con varales, tal como lo había ordenado Moisés, según la palabra de Yahvé.”

Si nos lo llevamos al terreno cofrade, los levitas serían los costaleros, mientras que el arca de Dios sería el paso de Nuestro Señor o el de su Santísima Madre. “Solamente los levitas han de llevar el arca de Dios, pues a ellos los escogió Yahvé”. Exactamente igual ocurre ahora, solamente vosotros, los costaleros, podéis llevar el paso de Nuestro Señor. Y no porque vosotros queráis, sino por que Dios os ha elegido para ello. Habéis sido los escogidos del Señor para poder llevarlo sobre vuestros hombros, pero sobre todo para poder llevarlo a la gente de vuestro pueblo. Fijaos todo lo que conlleva esto, y es que es una gran responsabilidad ser costalero. Es algo más que una afición, o un entretenimiento, ya que sois los portadores del mismo Señor Jesucristo. Fijaos lo importante que es esto que ya lo dice la Biblia; “Se santificaron para subir el arca”. Tuvieron que pasar por ese proceso de santificación para poder llevar el arca de Dios. Pues exactamente igual debería ocurrir hoy día. Deberíamos santificarnos, y yo el primero, para poder llevar el paso de Nuestro Señor. Y que mejor manera de santificarnos que poniéndonos en paz con el Señor a través de la confesión. Reconociendo que durante este año no nos hemos portado bien con Él, y prepararnos así para poder portar, con el mayor respeto posible, a Nuestro Señor Jesucristo.

Pero la Semana Santa pasará, y no podemos dejar que todos esos momentos, todos esos buenos ratos con el Señor debajo de la trabajadera, todas esas lágrimas derramadas mientras susurras el Padrenuestro antes de comenzar la Estación de Penitencia, se queden solamente en esta semana. Nosotros los cofrades no sólo debemos dar testimonio de fe durante un único día, sino que debemos dar testimonio de nuestra fe durante todo el año, y un testimonio verdadero, un testimonio basado en obras.

No olvidemos que nosotros somos el pilar fundamental de la Hermandad, y por ello debemos de entregarnos más a fondo. Nuestro compromiso debe ser al 100%, pues si recordáis, hemos sido elegidos por el Señor, para que nosotros le llevemos el Señor a la gente. El Señor se ha querido valer de nosotros, pobres costaleros, para llegar al pueblo. Así pues es mucho el peso que llevamos sobre los hombros, no sólo me refiero al peso físico, sino a la responsabilidad que todo esto conlleva; ser enviados por Dios, para llevar al Señor a la gente.

Y ya me despido, y como dice el refrán; “Es de buen nacido, ser agradecido”. Dar las gracias a todos los que han estado rezando por mí durante todo este tiempo atrás, para que fuera capaz de transmitiros en esta noche de Martes Santo, aquello que el Señor me ha hecho vivir dentro de esta Hermandad. Agradecer en especial a todos por vuestra presencia; familia, amigos, hermanos seminaristas, Hermandades, Parroquia en general, pero especialmente a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre por la confianza que ha puesto en mi persona para llevar a cabo este III Pregón del Costalero, y a vosotros, Hermanos Costaleros no os puedo dejar atrás. Agradeceros todos esos momentos de Hermandad, y para vosotros van dedicadas mis últimas palabras;

Costalero de la Sangre

del Señor en su agonía,

con fervor y devoción

y un corazón de valentía

El costal y las zapatillas

serán el atuendo sagrado

para elevar al Señor

metido bajo su paso

La vida y la muerte se unen,

en la luz de su mirada,

y tú costalero lo llevas

cargando sobre tu espalda

El mismo Dios hecho carne

muere sobre un madero

y el fervor y el sentimiento

recorren el pueblo entero.

El costalero se ocultará

en la oscuridad de la trabajadera

y el Señor caminará

por las calles de una eterna Fuente Palmera

Los naranjos de la Plaza

son testigos del inmenso amor

con que los hermanos costaleros

van llevando a su Señor

Viva el Cristo de la Sangre

Viva su Hermano Mayor

Viva esa cuadrilla con arte

Viva María, viva Dios

He dicho.

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