Muy querida parroquia de Fuente Palmera y aldeas de la Colonia:
Somos los seminaristas Manuel González y Manuel Jiménez. Hoy es 23 de mayo, día de Pentecostés, último día que estamos aquí de pastoral; ya que, como ustedes saben, cada inicio de curso nos mandan a una parroquia, para allí ayudar a los sacerdotes y, así, ir tomando contacto con el ministerio al que el Señor nos ha llamado.
Ayer, sábado, nos pidieron Don Patricio y Don José Carlos que compartiésemos nuestro testimonio en este año de pastoral en Fuente Palmera.
En primer lugar queremos agradeceros a todos la acogida que nos habéis dado. En ningún momento nos hemos sentido extraños entre vosotros; al contrario, desde el principio nos hemos sentido acogidos y queridos por todos: sacerdotes, hermanas salesianas, catequistas, colaboradores de la parroquia, representantes de las cofradías, monaguillos y otros muchos que realizan una labor silenciosa, pero muy eficaz.
Más que dar nuestro testimonio, queremos constatar, con estas letras, el testimonio que de vosotros hemos recibido: el amor creciente que esta parroquia tiene a la Eucaristía, la devoción que profesa a nuestra Madre la Purísima Virgen María, la convicción de muchos de los fieles de que el sacramento de la Penitencia es sacramento de misericordia y de salvación.
Otra de las tareas con la que hemos disfrutado mucho ha sido con la administración de la Comunión a los enfermos; estos enfermos son un tesoro para la Colonia, ya que su oración y su sacrificio son recibidos por el Señor como incienso agradable que se eleva a su presencia, y que es gran prueba de la fe de este pueblo.
También queremos agradecer el cuidado que habéis tenido para con nosotros en todo momento, en especial en la Semana Santa; el cansancio que conlleva la actividad pastoral es recompensado por Dios, y aliviado por vuestras atenciones.
Animaros a que sigáis rezando por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que son un regalo de Dios a los hombres. Pidámosle que toque el corazón de muchos jóvenes para que les sirvan en el altar, en la atención a los más necesitados y en la oración constante por su pueblo. En particular os invitamos a continuar rezando por Jesús María; él, como todos los seminaristas de Córdoba, necesita de vuestra oración.
Por último, le damos gracias a Dios por el don de la Adoración Nocturna. Es más fácil un sábado por la noche quedarnos en casa descansando o salir de paseo con los amigos; es más fácil. Pero ¡Cuánto le tiene que agradar a Jesús esas almas que renuncian a esos placeres para postrarse a sus pies y estar un rato con Él! ¡Cuánto tiene que aliviar su corazón! ¡Cuántas almas se estarán salvando, que no conocemos, por ese esfuerzo que se realiza por amor! Le damos gracias al Señor.
Ya nos despedimos, les llevamos en nuestro corazón, y rogamos que esta “Parroquiaviva” no deje de encomendarnos a nuestra Madre Purísima.
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