Dicen que, a veces, Dios pone a prueba tu Fe y creo que eso fue lo que sucedió cuando me quedé embarazada de mi segundo hijo. O quizás nos estaba probando a los dos, a mi marido y a mí, y nos puso esta prueba para acercarnos aún más como matrimonio.
Lo cierto es que a las 21 semanas de gestación, recibí una carta con carácter urgente del hospital para discutir el resultado de unos análisis.
Nerviosa llamé a primera hora de la mañana siguiente. El médico, muy profesional en sus palabras, pero sin mostrar la más mínima calidad humana, me explicó: “Las pruebas que se le hicieron, muestran una probabilidad del 85% de que su hijo nacerá con el Síndrome de Down. Quisiéramos concertar una cita con usted para realizarle la Amniocentesis…”.

Cayetano Dare Ruiz, hijo de Rebeca Ruiz Villamor, que nacio sin ningun problema el dia 4 de Feb. de 2009
Yo creí morir. Empecé a llorar. Interrumpí su “palabrería” y le dije que no hacía falta que siguiera, que no iba a hacerme la prueba y que iba a tener a mi hijo de todas formas. A lo que él respondió:” Señora, piénselo bien, no dispone de mucho tiempo y el resultado de la prueba le ayudará a decidirse…”. “¿Decidirme?, ¿Me está hablando de abortar?, ¿Qué clase de médico es usted?” dije. “Señora es mi obligación informarle” dijo en tono molesto. “Entonces” repuse “¿por qué no me informa que existe el riesgo de que se produzca un aborto al hacerme la prueba? ¿De que muchas madres han perdido a sus hijos así y eran niños sanos?”.
Intentó continuar pero, para entonces, yo ya había colgado.
No encuentro palabras para describir el dolor que sentí. Ese “señor” estaba hablando de MI HIJO, de que existía la opción de deshacerme de él como si de un objeto se tratara, de algo inservible.
Debo admitir que, por un momento, el miedo se apoderó de mí. Miedo a que, con mi carácter fuerte, no fuera capaz de tener la paciencia necesaria para ocuparme de un niño así, paciencia que perdía muchas veces con mi hija, a no ser una buena madre y a lo cruel que la gente podría llegar a ser con él.
Pedí a Dios que me ayudara a ser fuerte, a mantener mi postura frente a la opinión de otras personas, incluida la de mi marido. No me malinterpreten. Él es una persona de gran corazón, generoso y solidario pero, aunque anglicano, no es practicante y, en cuestiones como el aborto o la eutanasia, siempre hemos diferido. Siempre decía que había casos y casos y que no era justo venir al mundo para sufrir o estar postrado en una cama y agonizar hasta la muerte.
Conociéndolo se que hablaba más desde la cobardía que desde el egoísmo. Pero cuando el caso se nos presentó sentí miedo de que no me apoyara y de que mi matrimonio acabara ahí. Ante mi sorpresa y, entre sollozos, dijo: “No te preocupes cariño, todo va a salir bien y si en verdad nuestro hijo nace con el Síndrome de Dawn, nos tiene a nosotros y a su hermana. Son niños con un aprendizaje más lento, nada más”. Esa fue la mejor prueba de amor que me podría haber hecho.
Recuerdo que ese fin de semana me lo pasé delante del ordenador, informándome sobre el Síndrome de Down, qué debíamos esperar, como afrontarlo y como ayudar a nuestro hijo.
Encontré un Blog donde muchas personas hablaban desde su experiencia. Eran palabras conmovedoras. Una señora decía que estaba convencida de que Dios les había mandado un ángel, otro señor hablaba de su hermana maravillas, de cuánto amor, valor y fortaleza les había aportado a toda su familia. Hubo quien dijo que con tanto aborto los estaban “exterminando” y que, por eso casi no se veían a niños así por la calle. Que cierto y que desolador.
Me encomendé al Señor y ya no pensé más en esto hasta que llegó el día, camino del hospital de madrugada, con mi padre al volante y sin mi marido, que estaba en Londres trabajando. Sólo puedo decir que cuando la matrona lo puso sobre mi pecho ya ni siquiera me importó ver su carita tan preciosa y perfecta sino que estaba vivo, que lo pude acariciar y besar y que el amor tan grande que sentí era, sin duda, el mismo que hubiese sentido si hubiera nacido con todas las minusvalías del mundo.
A todas aquellas madres que se encuentren en una situación similar les haría una sola pregunta:
¿En qué momento empiezan a querer a sus hijos?
Yo lo tuve claro, a mi hijo lo quise desde el mismo momento en que lo concebí.
REBECA RUIZ VILLAMOR
Cargando...
#1 publicado por Lola 4/sep/2009 18:57
Testimonios como el tuyo son una lección de Fe para cualquier cristiano,me parece admirable el modo en que has llevado esta situación que solo tú puedes saber lo dura que ha sido.Mi enhorabuena por tu entrega,por tu Fe y por tu precioso hijo.Que Dios os bendiga.
#2 publicado por Patricio 6/sep/2009 12:16
En este siglo XXI en el que creemos haber llegado al cúlmen de la evolución resulta que cada vez hay más gente que está de acuerdo con la eliminación de seres HUMANOS, vamos, con el aborto.Rebeca, me ha conmocionado enormemente tu testimonio de madre con sentido común, con espíritu de entrega a tu hijo y ,sobre todo,con valentía, mucha valentía.Seguro que ayudará a muchos a darse cuenta de la tragedia que supone un aborto y tu hijo sabrá agradecer el día de mañana que no lo matarás argumentando que lo hacías por su bien.Falta cordura en esta época, menos mal que hay madres como tú que la siguen practicando.Que Dios os siga bendiciendo siempre